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«No hay más ruta que la nuestra»

Diálogo País / Top News / 05/09/2018

SOMOSMASS99

 

Jesús Oñate Moreno*

Miércoles 5 de septiembre de 2018

 

David Alfaro Siqueiros nace en Santa Rosalía, hoy Camargo, Chihuahua, el 25 de diciembre de 1886. En el año de 1905 viaja con sus padres a la Ciudad de México, donde realiza sus estudios primarios e ingresa a la preparatoria con la intención de estudiar arquitectura. Su interés por la pintura lo lleva a inscribirse en la escuela nocturna de San Carlos.

México pasa en esa época por un momento crítico de su existencia, el porfirismo había despojado al país de sus más legítimos derechos y cedido al extranjero gran parte de sus riquezas nacionales. En este ambiente de desigualdades, del antiguo régimen surge en México una revolución popular que barre de la historia a los que usurpaban el poder.

En el año de 1911, la revolución que acababa de estallar resuena en las aulas académicas, expresando un anhelo general por nuevas direcciones en lo estético, en lo pedagógico y en lo social. Los estudiantes de la escuela de pintura de San Carlos se lanzan a la huelga, donde Siqueiros participa y dura dos años. En sustitución de la Academia de San Carlos, Siqueiros y otros estudiantes fundan la Escuela al Aire Libre de Santa Anita en el Distrito Federal.

Esta escuela, por su propia naturaleza, da origen a una agrupación política contra la dictadura y en todas partes del país se levantan contingentes armados contra el gobierno anticonstitucional de Huerta. Siqueiros ingresa al ejército constitucionalista como soldado raso, en el año de 1914. Se convierte en agente de propaganda del jefe revolucionario Venustiano Carranza, y en el líder indiscutido de los pintores revolucionarios.

En sólo dos años asciende de soldado raso a teniente y miembro del estado mayor de la División de Occidente, que comandaba el general Manuel M. Diéguez. En el mes de abril de 1914 viaja a Veracruz, donde es testigo de la ocupación norteamericana.

Su intervención en las luchas de su pueblo, contra la dictadura porfirista y el sangriento gobierno usurpador de Victoriano Huerta, sirven a Siqueiros para un mayor conocimiento de su patria.

Después del triunfo del ejército constitucionalista, Siqueiros viaja al estado de Jalisco donde reanuda su actividad artística. Participa en el año de 1818 en el Congreso de Artistas Soldados celebrado en Guadalajara, en donde lanza la consigna de retomar el estudio de la pintura a partir del conocimiento del oficio, factor esencial para todos aquellos pintores que quisieran ser consecuentes con sus ideas revolucionarias.

En el año de 1919 viaja comisionado como agregado militar de la Embajada de México en España. Estando en Europa estudia las grandes obras de pintores del renacimiento y el arte moderno, desde Cezane hasta Picasso. Más tarde, en el año de 1921, junto con Diego Rivera, elaboran un manifiesto titulado La llamada a los artistas de América. En este manifiesto, Siqueiros y Diego plantean la necesidad de hacer un arte monumental, retomando las grandes obras de pintura mural realizadas por los antiguos pueblos Mayas, Aztecas e Incas.

A su retorno a México, en septiembre de 1922, el Ministro de Educación Pública, licenciado José Vasconcelos invita a Siqueiros a realizar murales. Atendiendo a esta invitación se entrega a la producción plástica, junto con Diego Rivera, José Clemente Orozco, Chávez Morado y otros pintores.

La obra pictórica de estos grandes muralistas es producto de la revolución popular, decenas de pueblos oprimidos marchan por la senda de la revolución. Y en la misma senda nuestros pintores plasman en los muros la lucha heroica de sus pueblos, sus humillaciones y sus sufrimientos, pero también su cultura y el triunfo de millones de miserables.

La Revolución entregó la tierra a casi todos los campesinos, expropió el petróleo, nacionalizó los ferrocarriles y la industria eléctrica, levantó presas, perforó montañas para llevar a través de ellas carreteras y ferrovías, construyó universidades, hospitales, escuelas rurales, etc., toda esta historia está registrada en sus murales.

En 1923 Siqueiros es nombrado Secretario General del Sindicato de Pintores, Escultores y Grabadores Revolucionarios de México. Entre 1926 y 1930 se entrega casi completamente a la acción política. Es encarcelado en varias ocasiones y en 1932 se ve obligado a exiliarse. Viaja a Estados Unidos, a Uruguay Argentina, donde realiza importantes murales. Regresa a México en 1935. Ese mismo año viaja a Nueva York, donde funda el Centro Experimental Siqueiros de Arte Moderno.

A Siqueiros corresponde cambiar los procedimientos tradicionales del fresco, temple y óleo, por el empleo de resinas sintéticas, piroxilina, y los pinceles por el aerógrafo (o pistola de aire), descubrimiento cuya paternidad nadie puede negarle.

Nuevamente su condición de militante internacionalista lo lleva a Europa. En el año de 1936 México envía a la República Española, que fuera traicionada por sus generales, unos pocos cañones y a sus mejores hijos. Siqueiros, junto con miles de combatientes de todos los rumbos del planeta, acude en ayuda del pueblo español.

Tras la derrota del gobierno republicano y expulsado de España, regresa a México en 1940. En ese mismo año Siqueiros se ve envuelto en un asalto a la casa del líder ruso León Trotski, es detenido y puesto en libertad más tarde. En el año de 1943 viaja a diferentes países de Centro y Sudamérica. A su regreso a México, en el año de 1944, funda el Centro Realista de Arte Moderno.

El estado de Guanajuato cuenta con una obra de Siqueiros. Es un mural que queda inconcluso en una de las bóvedas del Centro Cultural El Nigromante de San Miguel de Allende. El mural estaba dedicado al Insurgente Ignacio Allende y su realización se inicia hacia 1940. La obra queda interrumpida cuando el pintor se ve obligado súbitamente a abandonar la ciudad.

De 1945 a 1958 ejecuta gran cantidad de obras de caballete y murales. Molesto por la política sindical del entonces presidente Adolfo López Mateos, lleva a cabo una campaña contra el régimen, reclama libertad para los líderes sindicales presos y la derogación de los artículos 145 y 145 bis del Código Penal (delitos denominados de disolución social). Por este motivo es encarcelado el 9 de agosto de 1960, condenado a ocho años de prisión. Ante la ola de protestas de estudiantes e intelectuales del mundo es liberado después de cuatro años de prisión, aceptando la amnistía ofrecida por su carcelero, el presidente López Mateos.

La cárcel no doblega a Siqueiros, a los setenta años de edad emprende una de sus hazañas, la ejecución de uno de los murales más grandes del mundo, 4 mil 500 metros cuadrados pintados en el famoso Polifórum Cultural Siqueiros, donde integra la escultura y la pintura.

Genio y gloria nacional de este país, David Alfaro Siqueiros muere en Cuernavaca, Morelos, el 6 de enero de 1974. La herencia cultural de Siqueiros quedó manifiesta en su vasta obra.

En esta nueva etapa actual del gobierno de México, de transformación y austeridad, conviene tener presente aquello que decía Siqueiros: “No hay más ruta que la nuestra”.


Referencias:

  • Rafael Carrillo A., La pintura mural en México, Editorial Panorama, Págs. 88-94, México D. F. 1985
  • Heriberto García Rivas, Pintores Mexicanos, Editorial Diana, págs. 167-170, México. D. F., 1965
  • David Alfaro Siqueiros, Me llamaban el coronelazo, Editorial Grijalbo, México, D. F., 1977

Esta es una colaboración del Colectivo Miguel Hidalgo de Celaya, Guanajuato, al que pertenece el autor.

Imagen de portada: David Alfaro Siqueiros. | Foto: Mex City.






Luis López




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