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Alfonso Díaz Rey*
Viernes 15 de noviembre de 2024
Estados Unidos padece desde hace largo tiempo una crisis estructural provocada por contradicciones que el mismo sistema capitalista genera, de ahí que el comportamiento de sus gobernantes, con independencia de la pertenencia a cualquiera de los partidos que tradicionalmente se alternan la presidencia, obedezca a los intereses y necesidades de la clase dominante para enfrentar dicha crisis.
El resultado de la reciente elección presidencial y legislativa en ese país es reflejo de la agudización de tal crisis y de la decadencia en que ha entrado el capitalismo a nivel global, situación que intentan enfrentar mediante mayor despojo y explotación de pueblos y territorios de los que históricamente se han aprovechado.
Por ello la potencia hegemónica imperialista, Estados Unidos, posee más de 800 bases militares fuera de su territorio ─de ellas, 76 en Latinoamérica y el Caribe─, con el objetivo de defender los intereses de los monopolios yanquis y amenazar a quienes considera sus adversarios y enemigos.
Esos adversarios y enemigos son, precisamente, quienes no se pliegan a los designios imperiales; los pueblos que en defensa de su soberanía luchan de variadas maneras contra el saqueo, el despojo y la explotación que llevan a cabo las transnacionales industriales y financieras; también lo son aquellos pueblos que han decidido construir una vía propia para su desarrollo. De ahí el gran peso que el complejo financiero-militar-industrial tiene en la economía de Estados Unidos, país que hace o promueve la mayor parte de las guerras en el planeta.
No es de extrañar, pues, que continúe la injerencia norteamericana en asuntos internos de nuestro país. La actitud de su embajador, así como los secuestros de capos del crimen organizado ─los que han generado un incremento de la violencia en Sinaloa─ lo demuestran.
Tampoco debieran extrañarnos las bravatas de Trump y halcones que lo acompañarán en su gobierno, quienes a diestra y siniestra lanzan amenazas de corte neofascista, no solamente contra nuestro país, que se encuentra en un proceso de cambios que se sustenta en la defensa de nuestra soberanía, sino contra los pueblos y países que no se sometan a los designios del imperio.
Recordemos que el fascismo surgió del capitalismo en crisis, como una forma de enfrentarla y de defender y hacer prevalecer los intereses de las clases dominantes, así que no es raro que esas clases reclamen recuperar y reforzar su hegemonía y surjan «líderes» o «conductores» que mediante despliegues propagandísticos difundan su ideología y amplias capas de la población queden atrapadas en sus redes.
La manera en que, en general, el sistema capitalista intenta enfrentar sus crisis y frenar su decadencia es, en sí, un peligro de alcance mundial; no solo para los pueblos, por la posibilidad de una guerra de proporciones nunca vistas, sino para el planeta entero, por el inmenso daño que causa a todos los componentes del medioambiente, daño que ya hace largo tiempo se manifiesta en forma de desequilibrios climáticos, eventos meteorológicos extremos, nuevas enfermedades en humanos y animales, elevación del nivel de los océanos, pérdida de superficie en países con litorales, inmensos incendios forestales, extinción de especies de flora y fauna, etcétera.
La solución a tal escenario de catástrofe pasa, necesariamente, por un cambio en la manera en que la humanidad produce sus medios de vida y reproduce las condiciones para hacerse de ellos. Esa forma, actualmente, es el modo capitalista de producción, que también es el causante de los mayores daños y peligros para la humanidad.
Sin embargo, como hasta ahora se ha manifestado, no serán las clases dominantes las que promuevan ese cambio ─lo que para ellas sería un suicidio─; si quienes más padecemos las consecuencias de esta situación conformamos la inmensa mayoría de esa humanidad, queda claro que la participación, consciente y organizada de los pueblos de los diferentes países ─y la solidaridad, unidad y cooperación entre ellos─ tendrá el mayor peso en la solución de los problemas que, como humanidad, nos aquejan.
* Miembro del Frente Regional Ciudadano en Defensa de la Soberanía, en Salamanca, Guanajuato.
Imagen de portada: Ken Salazar, embajador de Estados Unidos en México. | Foto: @USAmbMex Twitter.
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