Reformas de tres y un presidente
Agustín Galo Samario
Entre los muchos temas abordados por Enrique Peña Nieto en su segundo informe de gobierno, el de las llamadas reformas estructurales ocupó un espacio importante. Para lograr su aprobación se necesitaron consensos. De ahí el Pacto por México, con el fin de encontrar las coincidencias y garantizar los acuerdos entre las más importantes fuerzas políticas del país, conforme a acuerdos y responsabilidades compartidos.
Para la ocasión, la Presidencia de la República creó la página web www.reformas.gob.mx, que lleva por título Reformas en Acción. Ahí se puede leer, de acuerdo a la visión de Peña Nieto, que “por primera vez en la historia las principales fuerzas políticas suscribieron un gran acuerdo nacional que no surgió de la necesidad de enfrentar una coyuntura, sino de la voluntad explícita de transformar a México. Así, anteponiendo el interés de la nación sobre los intereses de grupo, el Partido Acción Nacional, el Partido de la Revolución Democrática y el Partido Revolucionario Institucional se comprometieron a trabajar juntos, privilegiando el bien superior de la República. Con ello, estos actores políticos contribuyeron de forma fundamental a dar estabilidad y certeza al rumbo de México”.
En la página se enlistan, una a una, las reformas energética, de telecomunicaciones, laboral, educativa, político-electoral, hacendaria, financiera, de competencia económica y transparencia, así como la Ley de Amparo y el Código Nacional de Procedimientos Penales. Sin duda se trata de modificaciones constitucionales de enorme alcance que se medirán en el tiempo por los mexicanos. Aunque algunas como la hacendaria ya han empezado a demostrar, principalmente en el norte del país, sus limitaciones y aun despropósitos al encarecer de forma alarmante la vida de las personas.
Tampoco habrá que dudar que las reformas tendrán suertes distintas. No así los partidos políticos que las avalaron, salvo quizá algunos de sus miembros -menos avezados o con menor apoyo de sus institutos políticos- si bien empeñaron sus habilidades y un notorio ejercicio de oportunidad que les han evitado hasta el momento pagar el costo conjunto de medidas que lastiman y seguramente lastimarán a la población. PRI, PRD, PAN y Enrique Peña Nieto se hicieron uno en el Pacto por México y sacaron adelante las iniciativas diseñadas en Los Pinos, y que como lo buscaron empiezan a transformar a México.
Nadie ha hablado de corrupción, un mal que se extiende lacerante por el país. El único fue Peña Nieto en la famosa entrevista a modo que le hicieron algunos reporteros por televisión. Porque quizá sea esa enfermedad la que empiece a acelerar las inconformidades de una población que ha esperado con incansable paciencia para ser consultada sobre los asuntos que les cambiarán la vida. Ocurrió con la reforma de telecomunicaciones, tema en el que ciudadanos organizados plantearon propuestas antes incluso de que se hiciera pública la iniciativa de Los Pinos y finalmente nadie los tomó en cuenta. Sucedió con la reforma energética que, pese a las protestas simuladas del PRD –hoy instalado en las presidencias de las dos cámaras del Congreso de la Unión con la venia de Peña Nieto–, aún hoy algunos políticos, organizaciones sociales y personajes públicos buscan reunir firmas para someterla a consideración de los electores en 2015.
Los mexicanos no hemos sido consultados y eso, quizá, alguien lo pueda tener en cuenta. Únicamente porque a todos nos conviene que no haya conflictos sociales desbordados, sino que se consolide nuestra democracia participativa.
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