De nivel mundial
Agustín Galo Samario
La respuesta que dé este viernes la Secretaría de Gobernación a los estudiantes del Instituto Politécnico Nacional, sin duda, deberá estar a la altura de la importancia que tiene ese centro de estudios para el desarrollo del país y para el progreso de los mexicanos.
Porque se trata de una de instituciones públicas de educación media superior y superior más importantes del país. Porque ahí, en el IPN, se han formado por ejemplo los ingenieros petroleros que por décadas permitieron que México se ubicara entre los mayores productores de petróleo del mundo. Incluso hoy, aún con sus deficiencias, PEMEX es considerada una de las diez empresas más valiosas del orbe.
Pero sobre todo, el IPN es la institución educativa que da sentido a las vidas de miles y miles de estudiantes, a sus familias y al entorno donde viven. Por eso resulta más que extraño que los nuevos planes de estudios y el reglamento interno reduzcan horas de clase, eliminen materias curriculares de las carreras de Ingeniería Biotecnológica e Ingeniería Farmacéutica, con lo que obviamente no sólo ponen en duda la calidad académica con que egresarán los alumnos actuales y futuros, sino que impactan a la planta docente que verá reducir sus salarios conforme disminuye su trabajo.
La falta de argumentos para explicar ese tipo de decisiones se advierten en los discursos de la directora general Yoloxóchitl Bustamante Díez, quien de manera sorprendente decidió atribuir a “porros” las manifestaciones de inconformidad y privarse de entablar un diálogo directo con los alumnos, a quienes lo más gentil que les dijo, a través de los noticiarios, que estaban mal informados.
Durante días esa postura se transformó en consigna para los directivos de muchas unidades académicas y escuelas de nivel medio superior, como ocurrió aquí en Guanajuato en el Centro de Estudios Científicos y Tecnológicos 17 de León y la Unidad Profesional Interdisciplinaria de Ingeniería (UPIIG), donde sus directores se dedicaron a repetir ante los alumnos que los nuevos planes de estudios y el reglamento interno no les afectaría a ellos, sino a los de nuevo ingreso.
En tan delicada situación ha quedado el IPN que la respuesta que ofrezca hoy debe dar certeza de que la calidad académica está y estará por encima de cualquier otro propósito. Los estudiantes han dicho que no quieren ser otra cosa que ingenieros, que no reduzcan su nivel académico. Si México aspira a ser un país de primer mundo, debe asegurarse de tener instituciones de educación media superior y superior de nivel mundial.
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