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No todo está perdido

Agustín Galo Samario / Diálogo Estado / No Todo Está Perdido / Top News / 19/11/2014

Fantasma indeseado

Agustín Galo Samario

 

Desde que hace ya casi dos meses 43 normalistas de Ayotzinapa, Guerrero, fueron desaparecidos por policías municipales de Iguala, el ambiente de crispación en el país se hace cada vez más intenso.

Este jueves 20 de noviembre miles de ciudadanos en el país han sido convocados para volver a tomar las calles pacíficamente para exigir la aparición con vida de los estudiantes. No hace falta esperar a ver cuántos ciudadanos salen a protestar para saber que la inconformidad sigue, que son muchísimos los mexicanos que, junto a los padres de los desaparecidos, no creen en las autoridades. Al contrario, tienen la certeza de que las instituciones están sumidas en la corrupción y que infinidad de funcionarios se han coludido con la delincuencia. Porque tragedias como las de Iguala se han repetido en por lo menos los últimos ocho años en todo el territorio nacional. Es un problema muy complejo que ha provocado víctimas como los niños de la guardería ABC de Sonora, las  muertas de Ciudad Juárez, Guanajuato y el Estado de México y los miles de desaparecidos en Michoacán, Tamaulipas, Durango, también en Guanajuato y muchos estados más.

El sábado, al regresar de su gira de trabajo a China y Australia, el presidente Enrique Peña Nieto dejó advertir la posibilidad de utilizar la fuerza pública para imponer el orden luego de las manifestaciones en varias ciudades del país. Ayer martes, en el evento de inauguración de la Ciudad de Salud para la Mujer en el Estado de México, acusó en un encendido discurso que detrás de las manifestaciones hay grupos se amparan en el dolor y la consternación por lo sucedido en Guerrero para desestabilizar al país. Porque, aseguró, “a veces no está claro su objetivo, pareciera que respondieran a un interés de generar desestabilización, desorden social y sobre todo de atentar contra el proyecto de nación que venimos impulsando”.

Así que el fantasma de la represión vuelve a aparecer en nuestro país. Es la peor salida posible a la crisis en que nos encontramos. La historia nos debe haber enseñado algo. Ahí está la Plaza de Tlatelolco en 1968 para recordárnoslo. Porque de recurrir al uso de la fuerza, las inconformidades de hoy pueden multiplicarse hasta un desbordamiento social que nadie quiere porque implica muertos, inestabilidad económica y política. Porque, quizá, entremos en un camino sin retorno. Los costos para el país serían muchísimos. No obstante, cabe confiar en que los ciudadanos encontrarán la forma para organizarse pacíficamente e impulsar los cambios que México necesita. Hoy es más necesario que nunca pensar en los caminos que nos permitan recuperar la paz, encontrar la justicia y generar las condiciones para que el país viva en democracia.

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Luis López




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