La base perredista
Agustín Galo Samario
Despechado, Jesús Ortega reaccionó así al comentar la renuncia de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano al PRD: “Nadie es indispensable”. Herido en su orgullo, quizá porque su reunión no sirvió de nada, el presidente nacional perredista Carlos Navarrete, intentó culpar al ingeniero de su propia dimisión: “Se equivocó al pensar que podría ganar una elección y esto lo molestó”.
Podría exagerarse un poco, pero en realidad hay muchísimos militantes que saben que no son indispensables y que, acaso por ello, ahora buscarán salir también de una organización política en la que sólo se avanza si se es chuchista y que ha terminado por convertirse prácticamente en un acólito del PRI, en busca de ventajas presupuestales.
En Guanajuato la crisis también se resiente. Algunos perredistas están conscientes de que (aunque generalizan al señalar a “la izquierda”, organizaciones, sindicatos…) los dirigentes de su partido empezaron a perderse cuando comenzaron a “tener dinero a su alcance”, como lo dijo ayer en las redes sociales Federico Velio Ortega, asesor parlamentario. Porque “la inmensa mayoría (…) y una parte importante de sus bases cayeron en los vicios y corruptelas que tanto hemos criticado”.
Porque de verdad, no hay dinero que alcance para saciar la voracidad de quienes vieron en las siglas perredistas la vía para vivir a sus anchas y aun aspirar más si dejan en el camino al partido de oposición y acaban de convertirlo en comparsa, que ya casi nada les falta. Los militantes de verdad no deberían simplemente indignarse y menos aún alzar los hombros ante la catástrofe. Porque quienes dirigen al PRD no sólo no cambiarán, porque les ha ido muy bien, sino que harán todo lo posible por continuar como hasta ahora. Al fin que nadie es indispensable. Si el perredismo acaso pudiera recuperarse, esa posibilidad está en su militancia de base. Y no sólo es cuestión de autocrítica, sino de que tengan la determinación necesaria para hacer que su partido regrese al sendero de la izquierda. Puede ser su última oportunidad, antes de que, quizá, veamos desbandadas mayores.
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