Ella sola
Agustín Galo Samario
Ayer, cuando estaba por concluir la manifestación de los ex recolectores de basura de León, la regidora del PAN en ese municipio, Martha Hernández, dijo que la administración de Bárbara Botello se ha caracterizado por negarse al diálogo con la clase trabajadora. Pero sobre todo, porque la falta de transparencia en los procesos de licitación de las concesiones abre la puerta para sospechar que hubo moches.
¿Cómo interpretar la declaración después de la extendida versión de que detrás de las manifestaciones se encuentran los panistas, proveniente indudablemente de las propias oficinas de la presidencia municipal priista? Lo que parece ser es que el interés de ambos bandos no está en la defensa de la legalidad, la transparencia, la modernización del servicio ni en el respeto por el derecho al trabajo de los recolectores. Se trata de una decisión del gobierno de Bárbara Botello que ha creado un conflicto donde no lo había y que, como el de la seguridad, se ha prolongado para la algarabía del blanquiazul: con denuncias de algunos de diputados azules como Diego Sinhué Rodríguez, Juan Carlos Muñoz, Javier Saavedra y Daniel Campos.
El poder obnubila, y a veces mucho. Cerrar ayer las puertas de la alcaldía y mandar filmar a los manifestantes, y con ellos a quien se pararan por ahí, refleja claramente hasta dónde se está dispuesto a llegar y no dar opciones a quienes protestan por determinaciones por lo menos controvertibles. Así, Bárbara Botello, que cada vez piensa más en el 2015 y en su futuro político, se muestra poco tolerante o, más aun, ya en el carrusel de las descalificaciones hacia aquellos que la critican. Buscando culpables cuando las cosas se complican, como aquella versión surgida de sus oficinas en las que se señalaba al Ministerio Público, es decir, a la Procuraduría General de Justicia y con esta al gobierno de Miguel Márquez, de no intervenir en la manifestación del martes cuando se le requirió. Y que para más Inri, deja en entredicho a su gobierno porque los problemas viales causados fueron consecuencia directa de decisiones tomadas por la policía dependiente del municipio. No es que los leoneses estén molestos con las protestas de los recolectores, pues ya las innecesarias obras que se realizan en el centro histórico los tienen acostumbrados a la agudización del tráfico, sino que se les usa para desacreditar a los inconformes, sean o no manipulados.
Por eso en el PAN municipal de Alfredo Ling Altamirano y en el gobierno del estado han de estar frotándose las manos. Con un entusiasmo tal que ya han contratado encuestadoras para comprobar que el nivel de aprobación del gobierno de Bárbara Botello cada vez cae más. De tal cuenta que, responden algunos cuando se les pregunta, el problema es meramente municipal y nosotros somos respetuosos. Si así lo desea, que la alcaldesa se hunda sola. Está bien. Acaso, porque también tienen la vista puesta en las elecciones del próximo año y León, por supuesto, vale mucho.
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