Breaking

«No vale la pena vivir para ganar, vale la pena vivir para seguir tu conciencia»: Galeano

Para Ver, Oír y Comer / Top News / 14/04/2015

Redacción SomosMass99

Lunes 13 de abril de 2015

 

El periodista y escritor uruguayo Eduardo Galeano falleció este lunes a los 74 años, según han informado fuentes de su editorial. Galeano, autor entre otros de Las venas abiertas de América Latina y uno de los referentes intelectuales de la izquierda latinoamericana, ha muerto en Montevideo, su ciudad natal.

El escritor se encontraba ingresado por un cáncer de pulmón del que fue intervenido por primera vez en el año 2007.

En 1985 regresó a Uruguay, donde gustaba de frecuentar el café El Brasileiro y donde dirigía su editorial El Chanchito.

 

 

Escritor, periodista, poeta, revolucionario

 

Eduardo nació en Montevideo, Uruguay. En su juventud trabajó como obrero de fábrica, dibujante, pintor, mensajero, mecanógrafo y cajero de banco, entre otros oficios.

Se inició en el periodismo a los catorce años, en el semanario socialista El Sol, en el que publicaba dibujos y caricaturas políticas que firmaba como Gius. A inicios 1960 se desempeñó como editor del Marcha, un semanario influyente que tuvo como colaboradores a Mario Vargas Llosa, Mario Benedetti, Manuel Maldonado y los hermanos Denis y Roberto Fernández Retamar. Posteriormente fue director del diario Época.

Es además conocida su pasión por el fútbol y en especial por el club decano del fútbol uruguayo, el Club Nacional de Football, pasión que compartía junto a Mario Benedetti.

En el golpe de Estado del 27 de junio de 1973, Galeano fue encarcelado y obligado a dejar Uruguay. Se fue a vivir a Argentina, donde fundó la revista cultural cultural Crisis. En 1976, la dictadura de Videla, en Argentina lo obligó a viajar a España, donde escribió su famosa trilogía de repaso por la historia de América Latina: Memoria del fuego en 1984.

A inicios de 1985, Galeano retornó a Uruguay. Funda el semanario Brecha, Entre 1987 y 1989, integró la Comisión Nacional Pro Referendum”, constituida para revocar la ley que impedía el juzgamiento de los crímenes cometidos durante la dictadura militar en su país (1973-1985).

Regresó a Uruguay en 1985, cuando Julio María Sanguinetti asumió la presidencia del país por medio de elecciones democráticas. Posteriormente fundó y dirigió su propia editorial (El Chanchito), publicando a la vez una columna semanal en el diario mexicano La Jornada. En 1999 fue galardonado en Estados Unidos con el Premio para la Libertad Cultural, de la Fundación Lanna.

Su obra, traducida a más de veinte lenguas, es una perpetua y polémica interpretación de la realidad de América Latina, estimada por muchos como una radiografía del continente. Galeano es, sin duda, uno de los cronistas de trayectoria más incisiva, inteligente y creadora de su país. Una de sus obras más conocidas es Las venas abiertas de América Latina, un análisis de la secular explotación del continente sudamericano desde los tiempos de Colón hasta la época presente que desde su publicación en 1971 ha tenido más de 30 ediciones.

En dos ocasiones obtuvo el premio Casa de las Américas: en 1975 con su novela La canción de nosotros y en 1978 con el testimonio Días y noches de amor y de guerra. En la primera obra, La canción de nosotros, abordaba el complejo tema de la lucha armada y la relación entre las fuentes culturales populares y la militancia de izquierdas de la pequeña burguesía.

 

“Ahora yo no sé si vas a poder leer esta carta, pero igual siento como una necesidad de decirte que yo contigo he sido más feliz de lo que los libros dicen que se puede. Perdóname si tantas veces me anduve quejando por bobadas. Un día me dijiste que yo tenía cara de mujer a la que siempre se vuelve y yo te espero ahora o cuando sea y donde sea y como sea. Quiero que sepas”. 
La canción de nosotros  (1972-73).

 

La segunda, Días y noches de amor y de guerra, es una crónica novelada de las dictaduras de Argentina y Uruguay, aunque hay continuas referencias al entorno latinoamericano. En ella se relatan las vivencias de un periodista en un país aplastado por el poder militar y paramilitar en un período atroz, marcado por la violencia ejercida sobre los discrepantes. Sin embargo, junto al horror de amigos que desaparecían en ocasiones “por error” y otras simplemente por pensar por sí mismos, están el amor, los amigos, los hijos, el paisaje, todo aquello que aun en la oscuridad de una guerra sucia y despiadada contra los más débiles sigue siendo motivo para vivir, defender las ideas y alzar la voz contra los que actuaban impunemente para implantar el miedo y la consiguiente paralización. En primera página ya se anuncia: “Todo lo que aquí se cuenta, ocurrió. El autor lo escribe tal como lo guardó en su memoria. Algunos nombres, pocos, han sido cambiados”. Aunque los hechos son, pues, dolorosamente reales, están contados con sobriedad, sin llegar al regodeo y la autocompasión.

 

“La memoria guardará lo que valga la pena. La memoria sabe de mí más que yo; y ella no pierde lo que merece ser salvado”.
Días y noches de amor y de guerra (1978).

Su trilogía Memoria del fuego, que combina elementos de la poesía, la historia y el cuento, está conformada por Los nacimientos (1982), Las caras y las máscaras (1984) y El siglo del viento (1986), y fue premiada por el Ministerio de Cultura del Uruguay y también con el American Book Award, distinción que otorga la Washington University. La obra es una cronología de acontecimientos culturales e históricos que proporcionan una visión de conjunto sobre la identidad latinoamericana. Por su audaz mezcla de géneros y su talante crítico es quizá una de las obras más ilustrativas de la labor de Galeano.

En Memoria del fuego, Eduardo Galeano lleva a cabo una revisión de la historia de Latinoamérica desde el descubrimiento hasta nuestros días, con el propósito de enfrentarse a la “usurpación de la memoria” que él denuncia en la historia oficial. Se trata de un texto de carácter híbrido, entre el relato y el informe, entre la recopilación de poemas y la transcripción de documentos, entre la descripción de los hechos y la interpretación de los movimientos sociales y culturales que los sustentan.

Excepto la primera parte de Los nacimientos, titulada “Primeras voces”, la obra se estructura como un mosaico de breves textos independientes que, sin embargo, encajan y se articulan entre sí para formar un cuadro completo de los últimos quinientos años de la historia de América, siempre desde la perspectiva de los desheredados y buscando la diversidad en los temas, las voces y los estilos. Cada uno de estos textos va encabezado por el año y el lugar en el que tiene lugar el episodio que se narra. Al pie del mismo se citan las obras que documentan los datos allí recogidos.

El criterio que se sigue para la ordenación de estos fragmentos es estrictamente cronológico, mientras que el criterio geográfico es intencionadamente ignorado, para mejor conseguir la impresión de unidad de la historia americana, más allá de unas fronteras a menudo fijadas en función de intereses ajenos a las verdaderas realidades nacionales y a golpe de guerra fratricida o de abuso imperialista.

Por otra parte, Galeano huye explícitamente de la imparcialidad, no busca la construcción de un discurso aséptico, en el que los hechos y las gentes queden igualados por una mirada presuntamente objetiva. Su pretensión, y sin duda su logro, es reflejar el drama de América en su multidimensionalidad: el juego del poder; la lucha de los oprimidos en pos de su emancipación; la creación de un arte y una literatura genuinos, más allá del mimetismo colonial; las transformaciones sociales y económicas; la evolución de las relaciones interamericanas y con el exterior, etc. El punto de vista es abiertamente partidista, rechazando todo aquello que ha instalado a América Latina en una subordinación que se pretende inevitable y la brutal explotación y el aniquilamiento a que han sido sometidos los pobres de todo el continente, incluyendo a los marginados del Norte poderoso y opulento, sean indios, negros, chinos o chicanos.

GALEANO-Y-EVO-FOTO-TOMADA-DE-INTERNET-10
La vida de Galeano ha estado marcada por su compromiso político. Una de las últimas actividades públicas del escritor fue participar en un acto para reclamar una salida al mar para Bolivia. Compartió mesa con el presidente de ese país, Evo Morales.

En 2010, el Semanario Brecha instituyó el Premio Memoria del Fuego, que está previsto que Galeano entregara anualmente a un creador que a sus valores artísticos sume el compromiso social y con los derechos humanos. En septiembre de 2010, Eduardo recibió el premio Stig Dagerman, uno de los más prestigiosos galardones literarios de Suecia. Galeano fue distinguido con el galardón por estar “siempre y de forma inquebrantable del lado de los condenados”, por escuchar y transmitir su testimonio mediante la poesía, el periodismo, la prosa y el activismo”.

De todos los premios recibidos, pocos provocaron en él tanta alegría como el Premio ALBA 2012, según confesó en enero del 2013 a Prensa Latina cuando se le comunicó la noticia procedente de La Habana.

El galardón de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América fue anunciado en el III Encuentro Internacional por el Equilibro del Mundo, en el que participaron unos 800 intelectuales de 40 países.

Galeano dijo que no le gusta «palabrear sus emociones», pero confesó que poco faltó para que la noticia lo convirtiera en «campeón olímpico de salto alto». «Este premio me estimula mucho», insistió.

De alguna manera me confirma que lo que uno escribe puede ser algo más que un desahogo solitario: palabras que se unen a otras palabras escritas o dichas por otras manos y otras bocas, en lugares muy diversos, subrayó.

A todos nosotros, los que nos reconocemos parte del ALBA, nos mueve la certeza de que estamos contribuyendo a una tarea de recuperación de la dignidad colectiva, manifestó.

Eso, dijo, va más allá de las fronteras del mapa y del tiempo. Uno puede sentirse compañero de gente nacida en lugares lejanos y hermano de gente vivida en tiempos muy pasados. Esos son los vínculos más dignos de fe: los que nacen de la solidaridad.

Es lo que antes llamábamos internacionalismo, y que nada tiene que ver con la globalización impuesta por los amos del mundo, que sólo nos une en el deber de obediencia, puntualizó.

 

“Nos negamos a aceptar la orden de elegir entre las dos maneras de morir que el sistema nos ofrece: no queremos morir de hambre y tampoco de aburrimiento. Este mundo es muy injusto, muy desigual en las oportunidades que brinda y también muy igualador en las costumbres que impone. ¿Tenemos solamente el derecho de copiar? ¿Está prohibido crear?».

 

(Con información de http://www.eldiario.es/; http://www.prensa-latina.cu/ y  www.contrainjerencia.com)

 






Luis López




Entrada Anterior

Muere el Nobel de Literatura, Günter Grass

Siguiente Entrada

Eduardo: La historia del mundo al revés





0 Comentario


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


Más Historia

Muere el Nobel de Literatura, Günter Grass

SOMOSMASS99   eldiarioes cultura Lunes 13 de abril de 2015   Günter Grass, escritor alemán premiado...

14/04/2015