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«Nuestro» petróleo, «nuestro» país

Diálogo País / Top News / 30/03/2018

SOMOSMASS99

 

Alfonso Díaz Rey*

Viernes 30 de marzo de 2018

 

«La conformación del México actual sólo puede entenderse al tomar en consideración las acciones trascendentales y cotidianas del pueblo trabajador, es él quien con su esfuerzo diario y con sus luchas en los momentos más apremiantes ha creado y defendido los mejores intereses de la nación, constituyéndose en el factor determinante del desarrollo histórico general»

Testimonios de la Expropiación

Asociación Cultural del Bajío

 

El pasado 18 de marzo se cumplieron 80 años de la expropiación de la industria petrolera en México, gesta en la que el pueblo y los trabajadores fueron los principales protagonistas, sin restar el mérito que tuvieron personajes como el presidente Lázaro Cárdenas del Río.

Una medida que se adoptó casi tres meses después, el 7 de junio de 1938, de tanta trascendencia como la expropiación, fue la nacionalización de la industria, con la creación de la empresa Petróleos Mexicanos, medida con la que los bienes expropiados pasaron a ser propiedad de la nación.

La nueva empresa, con el lema «Al servicio de la patria», contribuyó durante buena parte del pasado siglo al crecimiento económico del país y a la consolidación de un pequeño segmento social propietario de empresas industriales, comerciales y de servicios, que fue beneficiado por un modelo de desarrollo en el que ha estado siempre presente, y con un gran peso, el capital privado local y extranjero.

Ese crecimiento económico demandó apoyos y en muchos casos subsidios que el Estado proporcionó, como energéticos y materias primas baratas para procesos posteriores, entre otras formas.

En esa época, finales de los años treinta hasta la década de los setenta del pasado siglo, el Estado mexicano se convirtió, en el articulador central de la economía, sobre todo en las ramas poco rentables o interesantes para los empresarios privados, o en aquellas con enormes requerimientos de capital, pero indispensables para la industrialización del país.

La acción del Estado vía cargas fiscales excesivas, que han representado una excesiva extracción de recursos, impidió a Pemex un desarrollo normal como empresa industrial; el empleo de esos recursos que en vez de utilizarse productivamente han sido empleados en buena medida para cubrir el gasto corriente del gobierno y, lo que es más grave, el grupo en el poder los ha aprovechado para beneficiarse y fortalecerse económica y políticamente; todo ello sin ausencia de actos de corrupción.

Esa forma de manejo de la industria petrolera, como de otras ramas económicas en ese tiempo nacionalizadas, requirió del ejercicio de un férreo control sobre los trabajadores, control en el que la corrupción de las dirigencias sindicales ha tenido un importante papel hasta nuestros días para la subordinación de los trabajadores al grupo en el poder.

Desde la expropiación y nacionalización del petróleo mexicano, los grandes monopolios que controlan esta industria a nivel mundial nunca abandonaron la intención de recuperar lo que alguna vez consideraron suyo.

La oportunidad llegó cuando el sistema capitalista a nivel global entró en una etapa de recomposición para la recuperación de la tasa de ganancia, etapa en la que, aunado a la imposición de políticas y medidas económicas contrarias y lesivas a los intereses de los pueblos, la internacionalización del capital, en gran medida especulativo, y la acción de los grandes conglomerados industriales y financieros se presentan con una intensidad y peso como nunca antes. Esa etapa es el neoliberalismo.

Desde el inicio del gobierno de Miguel De la Madrid (1982), comenzaron a vendernos el sueño de la globalización y la modernización que nos llevarían al primer mundo e inició aplicación de políticas neoliberales, las que han privilegiado aún más al capital privado local y extranjero, por lo que a partir del supuesto de que el mercado, como entidad por encima de todo y de todos, es el mecanismo que regula la actividad económica entera y asigna los recursos necesarios para el desarrollo, sin interferencias de las fronteras nacionales y con libertad irrestricta de acción para el capital, se implementó el desmantelamiento del patrimonio nacional, de buena parte de la industria privada nacional  y la entrega acelerada y descarada del país,

Como en 1982 aún estaba fresca la memoria de la expropiación y vivían todavía trabajadores que participaron de diferentes maneras en esa gesta, fue imposible para el grupo en el poder desnacionalizar la industria petrolera. Sin embargo, mediante cambios a la clasificación de productos petroquímicos, de básicos a secundarios, inicio la entrega de esa parte de la industria.

Después vino la desintegración. Dividiendo a la empresa estatal en cuatro subsidiarias y se inició el abandono, desmantelamiento y destrucción premeditada de Pemex para reforzar el argumento neoliberal de que el Estado es un mal administrador y esperar el momento propicio para entregarla al capital privado. En este proceso siempre estuvo presente, y con un peso considerable, la corrupción.

El momento esperado y adecuado llegó con el arribo de Enrique Peña Nieto a la presidencia de la república. Habían creado en Pemex una situación de desastre y la única manera de salvarlo, según ellos, era con el concurso de la inversión privada. Modificaron los artículos 25, 27 y 28 de la Constitución y con la aprobación del Senado, el 11 de diciembre de 2013, y de la Cámara de Diputados un día después, impusieron su (contra) reforma energética para continuar con el despojo a la nación, tal como se los exigía el capital financiero transnacional.

Como el anterior lema entraba en franca contradicción con el objetivo de la citada reforma, lo cambiaron a uno más acorde con la nueva condición de Pemex: «Tenemos la energía».

Los resultados de la aplicación de la política neoliberal y de la imposición de la reforma energética los padece la inmensa mayoría de nuestro pueblo; el grupo en el poder insiste que todo va bien y que pronto veremos los cambios que nos han prometido desde hace más de tres décadas, siempre y cuando el país siga por el mismo rumbo que inició en 1982.

Como al grupo en el poder y a sus fieles sirvientes les va bien, no serán ellos quienes impulsen un cambio que pueda revertir el actual estado de cosas en nuestro país. El cambio únicamente podrá surgir desde abajo, desde el pueblo, quien es el que sufre los efectos y paga las consecuencias de una política que privilegia a los económicamente poderosos.

Ese cambio implica la construcción de una sociedad nueva, justa, equitativa, solidaria y en armonía con la naturaleza. El esfuerzo para alcanzarla requiere de elevar nuestra conciencia y organizarnos con ese objetivo.

La expropiación de 1938 es un ejemplo de lo que puede hacer un pueblo unido. Tomemos esa experiencia y decidámonos a recuperar nuestro país.


* Alfonso Díaz Rey es miembro de la Constituyente Ciudadana Popular y del Frente Regional en Defensa de la Soberanía en Salamanca, Guanajuato.

Imagen de portada: El presidente Lázaro Cárdenas del Río anuncia la expropiación petrolera.






Luis López




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1 Comentario

el 30/03/2018

Valdría la pena, a mi juicio profundizar algunas de las vertientes que dejas apenas asomadas, acaso en colaboraciones ad hoc. con motivo de las próximas elecciones. Vgr. para la defensa energética, el papel de la sociedad, del Estado, y otras por el estilo. No obstante aquilato el esfuerzo que realizas. con tus aportes. Saludos fraternales. Enrique Olivares



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