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Obsesión imperial

Diálogo País / Top News / 26/04/2019

SOMOSMASS99

 

Alfonso Díaz Rey*

Viernes 26 de abril de 2019

 

«[…] hay leyes de gravitación política, como leyes de gravitación física, y Cuba, separada de España, tiene que gravitar hacia la Unión, y la Unión, en virtud de la propia ley, no iba a dejar de admitirla en su propio seno. No hay territorio extranjero que pueda compararse para los Estados Unidos como la Isla de Cuba […]».

– John Quincy Adams, secretario de Estado norteamericano, 28 de abril de 1823

 

Antes de lograr su independencia de Inglaterra, las Trece Colonias, que después se convertirían en Estados Unidos de América, manifestaron su interés por la anexión de Cuba a su territorio. [1]

Desde entonces, por su importancia estratégica y económica, no han cesado las aspiraciones de los gobernantes y los grupos dominantes norteamericanos por la posesión o el control de la mayor de Las Antillas.

Para lograr su objetivo ejercieron todo tipo de presiones y argucias para impedir que Cuba se independizara de España; y cuando después de treinta años de una larga lucha los cubanos estaban a punto de lograrlo, Estados Unidos intervino, venció a unas fuerzas españolas que estaban en vías de ser derrotadas por los patriotas independentistas y, como consecuencia de esa intervención, mediante el Tratado de París, se quedó con Puerto Rico, el grupo de islas conocido como Indias Occidentales, la isla de Guam, compró Filipinas y, prácticamente, desde 1899 hasta 1958 mantuvo control sobre Cuba.

En aquella época no pudo apoderarse de Cuba debido al fuerte y aún vivo sentimiento independentista de los patriotas cubanos; por ello Estados Unidos optó por un control neocolonial, con el que aumentó la dependencia estructural, el subdesarrollo y todas las calamidades que ello implica, hasta que llegó el Comandante y mandó a parar.

El triunfo y consolidación de la Revolución Cubana es una de las derrotas políticas más grandes y humillantes que como potencia imperialista ha sufrido Estados Unidos. Es por ello que desde el 1 de enero de 1959 las agresiones contra la isla no han cesado.

El imperio ha recurrido y ensayado contra Cuba agresiones comerciales, financieras, militares, terroristas, políticas, psicológicas, biológicas, mediáticas, diplomáticas y otras que rayan en actos de piratería, siempre con la arrogancia y prepotencia que le da su condición de potencia militar, industrial y financiera, y siempre con el mismo resultado: el fracaso.

Quizá la ilusión imperial, y la de sus súbditos, se reanimó y sus esperanzas experimentaron cierto aliento, cuando en los inicios de la última década del siglo pasado, debido al derrumbe de la Unión Soviética y el sistema socialista de Europa oriental, Cuba experimentó una larga y grave crisis que se conoció como el Periodo Especial, crisis que para agudizarla aún más el imperio creó instrumentos jurídicos con claras aplicaciones e implicaciones extraterritoriales y violatorias del derecho internacional, lo que impulsó a los contrarrevolucionarios radicados en Miami y otras partes del mundo a hacer sus maletas para el soñado retorno a un pasado que se fue para siempre de la isla.

Ahora, en la época que califican como post Castro, cuando el imperio esperaba encontrar o crear condiciones adecuadas para alcanzar su objetivo, resulta que la gran mayoría de los cubanos asume el Yo soy Fidel, que surgió tras el fallecimiento del Comandante en Jefe de la Revolución, y apoya a sus nuevos dirigentes que representan, aunque parezca contradictorio, la continuidad y actualización del proceso revolucionario en Cuba.

Muestra de ese apoyo es la reciente promulgación de la nueva Constitución, elaborada mediante un proceso democrático inédito en el mundo, en la que se reafirma el carácter de « […] Estado socialista de derecho y justicia social, democrático, independiente y soberano […]» [2], Constitución que representa otra dolorosa derrota política más para el imperio.

Las amenazas y agresiones que los sectores más recalcitrantes de la derecha norteamericana lanzan contra Cuba, con la añeja intención de crear y agravar dificultades al pueblo mediante la agudización del bloqueo y con ello crear una oposición amplia a la Revolución, enfrentarán a un pueblo unido, consciente y decidido a la construcción de una sociedad, que si no perfecta, sí cada vez menos injusta, cosa que en el capitalismo no es posible ni prioritaria y, además, atenta contra sus intereses.

Cuba, a pesar de las dificultades por las que atraviesa y los intentos del imperio por aumentarlas, es vista por muchos pueblos como un ejemplo a seguir por su dignidad, soberanía y solidaridad. Eso es lo que más molesta a quienes se han autoproclamado los guías y salvadores de la humanidad.

Y su larga lucha, desde Céspedes hasta Fidel, ha forjado un pueblo libre, unido, soberano y decidido a no ser esclavo de nadie.


[1] John Adams (padre del autor del texto del epígrafe), uno de los considerados padres fundadores, personaje de la guerra de independencia y, posteriormente, segundo presidente de Estados Unidos, en una carta fechada el 23 de junio de 1773, a Robert R. Livingston, uno de los redactores de la Declaración de Independencia de ese país, se refería a las islas que forman el archipiélago cubano como «[…] apéndices naturales del continente americano […], es casi imposible resistir la convicción de que la anexión de Cuba a. nuestra República Federal será indispensable para la continuación de la Unión.»

[2] Artículo1 de la Constitución de la República de Cuba.

* Alfonso Díaz Rey es miembro del Frente Regional Ciudadano en Defensa de la Soberanía, en Salamanca, Guanajuato.

Foto de portada: La Izquierda Diario.






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