SOMOSMASS99
Víctor Corona*
Lunes 25 de noviembre de 2024
Oiapoque
Teníamos que ir a Oiapoque
-al norte de Brasil-
Lucía me decía que no podía irme de Guyane
sin haber estado allí
yo revolvía mi café negro
como si tuviera azúcar
-o ron-
como si estuviera pensando
o decidiendo algo
llovía sin piedad
ambos mirábamos los árboles
a ver si esta vez aparecía
un oso perezoso
-vamos entonces a Oiapoque-
ella hizo las reservaciones para un carbet
un carbet es una estructura sin paredes
con un techo
que permite protegerse de la lluvia
y poco más
puedes colgar hamacas
dormir en medio del bosque tropical
yo prefería un hotel con aire acondicionado
que me guardara de todos esos dengues y chincuyas
pero no sabía decirle no a mi compa
– que con esos ojos tan grandes-
acomodaba las hamacas
y las mosquiteras
-tu va adorer-
me decía con ese tono que tienen los franceses que a veces no sé interpretar
¿es un presagio?
¿es una orden?
la lluvia seguía sin ganas de desaparecer
están lloviendo cuerdas
-dicen los franceses-
me gusta conducir al lado de Lucía porque no juzga
cuando ella lleva el volante pongo yo música
cuando yo lo hago
es ella la que la pone
y nos entendemos bien
no le gusta muy fuerte el volumen porque hace años
una otitis le hizo mucho daño
a mi
me gusta que la música lo reviente todo
y allí íbamos
adentrándonos en la Amazonía
la carretera se hacía cada vez más estrecha
a veces peligrosa
entre curvas agazapadas por los árboles
vimos un carro adelantarnos y desaparecer
avisamos a la policía
¿o era la legión extranjera?
nos paramos en Regina para tomar un café y había tartas de piña
una boulangerie que estaba al lado de una escuela
y el vato que atendía me hablaba como si estuviéramos en Paris
bajo la lluvia
dentro de la humedad
hablando en francés tranquilamente
ignorando toda esta violencia
de los árboles que aplaudían
entre amables sonrisas
y comentarios como
“es increíble cómo se puede encontrar buen pan en Regina”
“en Kouru”
“o en Apatou”
“es mejor no comer ensalada en Guyane porque ponen muchos insecticidas”
la naturaleza se lo come todo
más al este íbamos más grande parecía todo
y más pequeña la carretera
otros amigos habían venido y no los encontrábamos
teníamos cita en Saint Georges de Oiapoque
la última ciudad francesa
antes de cruzar a Brasil
vimos unos changuitos super pequeños antes de llegar al check point de la policía
Lucía se reía de mi reacción
¿qué te van a hacer?
¿a dónde van?
nos dijo un agente
me hizo pensar en mis alumnos de secundaria
tan rojo por el sol
me dio cierta pena verlo allí
en medio de lo inmenso-verde
hablándome con ese acento de Marsella
vamos a Saint Georges
nos esperan unos amigos
te encantara Oiapoque
veras que es América
estando en Guyane parece que no estamos en América
¿dónde estamos entonces?
del otro lado del puente
del otro lado del rio Oiapoque
está América
Llegamos a Saint Georges y metimos el coche en un parking de la Poste
Lucía disfrutaba hablar portugués
hablamos con un chico brasileño que nos llevaría del otro lado al carbet
hablamos de México
hablamos de Messi
me ofreció cerveza y pensé que me daría una
me dio un trago de la suya
me gustó beber de su botella
Ismael, Vanessa y Valeria ya esperaban
Ismael reía
Vanessa tenía mucha hambre
y Valeria observaba todo con la certeza de tener razón en todo
-y la tenía-
Yo hacía lo que me decían
Callado
yo en francés soy más tímido y callado
no es discreción
es vergüenza
después de 4 años de vivir en Francia
mi acento
mi dicción
mi estructura de ideas
cargué las mochilas
me puse al sol
actué como si toda esta inmensidad
esa majestuosidad
fuera natural para mi
subimos a la pirogue
Vanessa volvió a decir que tenía un hambre feroz
le ofrecí unas galletas y las devoró
ferozmente
el río pareció mar
dentro mío creció una dicha
una alegría tímida
y se convirtió en casi llanto
de ese que pertenece a los sentimientos que no sirven
-según Nari-
Llegamos al camping a media tarde
como borrachos
Ismael empezó a pedir caipiriñas a diestra y siniestra
comimos carne y ensalada
me sentía como gringo rico sin serlo
pagando en reales como supongo que los gringos pagan en pesos
la lluvia no había parado en todo ese tiempo
me había acostumbrado en estar en una especie de pecera constante
Vanessa me ayudó a hacer a poner la hamaca para hacer una siesta
dormí con el susurro de la lluvia
Al despertar
Lucía propuso ir al centro del pueblo
me sentí como en Silao
o en Badiraguato
o en Sonoita
pero en Brasil
con brasileños que nos miraban con cansancio y cierto interés comercial
pero con medida
así como vemos a los gringos pobres en Ensenada
me gustó el ruido
me gustó ver a los pandilleros
las tiendas de ropa
los billares
las bicicletas
los montones de perros callejeros
Vanessa tuvo más hambre y eso me gustó
siempre tiene hambre
siempre hablaba de su hambre feroz
nos metimos a un restaurante antes de que la lluvia arremetiera con fuerza
estuvimos tranquilos poco tiempo
pedimos picaña y algo más
y un vato se sentó en el centro y se puso a cantar a toda garganta
los brasileños disfrutaban
los franceses sufrían
yo bebía
como me gusta la cachaza
mi silencio se volvió más duro a medida que el alcohol fue aumentando
un montón de perros callejeros se pusieron a mi alrededor
empecé a darles comida
Lucía dijo
-un poco con burla-
ya estás con tus amigos
cuando me di cuenta ya estaba demasiado borracho
-otra vez-
como para importarme lo que dijeran
ellos quisieron volver pero yo me negué a meterme en un taxi
recorrí de regreso las calles llenas de lodo
de charcos
de perros
de oscuridad
que ciertamente me hacían sentir en América
algunos pandilleros me seguían sin mucho afán
así como los perros que había conocido que insistían
en tener algo de comida
o quizá algo de cariño
yo regresaba
-tambaleante –
hacía mi hamaca repitiendo en letanía
que bien que no me fui sin haber estado aquí
sin haber estado en Oiapoque
* Víctor Corona estudió Literatura Hispanoamericana en la Universidad de Guanajuato, México, y el doctorado en la Universitat Autònoma de Barcelona, España. Actualmente es investigador por l’École Normale Supérieure de Lyon, Francia.
Imagen: Oiapoque, Brasil. | Foto: Wikimedia Commons.
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