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Redacción / SomosMass99
Ciudad de México / Martes 13 de febrero de 2018
- El poeta chiapaneco presentó su más reciente poemario, titulado Lascas, acompañado por Alfredo López Austin y Mario Nandayapa
Desde la última década del siglo XX el aire, el fuego, la tierra y el agua se hicieron presentes en el andar de Óscar Oliva, poeta chiapaneco que a partir de esos elementos formó Lascas, poemario cuyo título rinde homenaje a Salvador Díaz Mirón y que presentó en compañía de Alfredo López Austin y Mario Nandayapa en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes.
Como apunta el historiador Alfredo López Austin en el texto Chispas ajenas, con el cual se cierra este libro, el título del poemario evoca la práctica prehistórica de crear herramientas con cantos: “vieron los retatas, de reojo, que yacían diseminados por el suelo los restos de su obra. Allí estaban las lascas, sobrepasando su plan, superando su meta, silenciosas, perfectas, verdaderas navajas que, además de cortantes, eran bellas”.

El poeta Óscar Oliva. | Foto: Festival de Poesía de Nicaragua.
“Lascas es un libro completamente distinto. Es un intento poético de volver a mi pasado familiar. Es un diálogo que tengo con mis familiares muertos: con mis abuelos, con mis padres, con mis bisabuelos. Incluso con miembros de mi familia a quienes no conocí. Al mismo tiempo es un viaje de iniciación y un viaje por distintos desfiladeros, montañas y selvas de Chiapas, donde voy descubriendo el universo. Cuando el universo se confunde con los seres humanos va creando seres imaginarios, pájaros imaginarios, bestias e insectos imaginarios. Mi libro es un viaje por distintos senderos de Chiapas. Este poemario no lo escribí en dos o tres años, sino que es un libro que se gestó desde mi adolescencia”, afirma Óscar Oliva.
A lo largo de 24 apartados, el escritor construye un poemario fragmentario que incluye capítulos como Cuidado del telar, Historia de interrupciones, La máquina oscura, Variaciones desde el amanecer, Ondas de fractura, Lo que comienza y Lejos de casa, entre otros.
Han pasado más de cincuenta años desde que Óscar Oliva publicó su poemario La voz desbocada, el cual se incluyó en el libro La espiga amotinada (1960), volumen colectivo que reunía otros libros como Puertas del mundo, de Juan Bañuelos; La rueda y el eco de Jaime Augusto Shelley; Los soles de la noche de Eraclio Zepeda y El descenso de Jaime Labastida.
En retrospectiva, piensa que su relación con la poesía ha sufrido cambios desde que publicó su primer libro. “Sí ha cambiado bastante. Se ha ido despojando de la metáfora, de ciertos adornos innecesarios, voy construyendo una poesía con un aliento más épico donde se conjugan muchas voces. De alguna manera, desde mi primer libro La voz desbocada ya existía esto, pero creo que ahora evidentemente ha entrado en una etapa más reflexiva”, asegura el literato que obtuvo el Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes en 1971.

Un poema de José Revueltas dedicado a Oliva, publicado en Trabajo Ilegal. | Imagen: Poesía Abierta.
Lascas está dedicado a Jaime Bañuelos y Eraclio Zepeda, dos de los cinco escritores del grupo La Espiga Amotinada (gracias al cual se publicó el libro del mismo nombre) a quienes llama hermanos, y con quienes compartió no sólo una vocación literaria sino un modo de vida. “Un encuentro de cinco muchachos que tenían vocación poética y que intentaban cambiar una realidad totalmente distorsionada, y fue la amistad la que nos unió más que la poesía. Fueron la hermandad y la camaradería las que nos unieron, nos veíamos casi a diario. Éramos grandes lectores y lo hacíamos todos los días. Para mí fue una etapa importante porque más que poetas canónicos, estos cuatro compañeros fueron no solamente mis hermanos, sino mis maestros”, finalizó.
Con información del Instituto Nacional de Bellas Artes.
Foto de portada: Poblanerías.
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