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Roberto Gómez Palacios
Sábado 9 de julio de 2016
La Orquesta Sinfónica de la Universidad de Guanajuato (OSUG) cerró su primera temporada del año el pasado viernes primero de julio. Se pudo escuchar a una orquesta que pasa por un buen momento, con una buena programación que, para el agrado del público, contó con músicos, directores y solistas que por lo menos comprometieron su esfuerzo y talento en la interpretación de las obras. La dirección de la orquesta, podríamos decir, ha cumplido desde que se anunció el inicio de la temporada y hasta el último concierto.
Durante las dos primeras semanas del año se presentó por primera vez en Guanajuato el maestro Hans Lenders, que generalmente trabaja con la Orquesta del Concertgebouw de Amsterdam, la Filarmónica de Rotterdam y la Orquesta del Capitolio de Toulouse, entre otras más. Los dos primeros conciertos los dedicó a la interpretación de las sinfonías de Beethoven (la tres “Heroica”) y de Dvorak (la nueve, “Desde el Nuevo Mundo”).
En la parte inicial del primer programa hubo un estreno en Guanajuato y una obra que se tocó por primera vez en México. Para el segundo programa, en la primera parte, se estrenó en el continente americano Out of Control de Joey Roukens. No faltaron novedades ni estrenos, como Reves de F. Schmitt, la sinfonía Manfredo de Tchaikovsky, la Séptima de A. Bruckner; también hubo lugar para las siempre necesarias y bellas sinfonías de Haydn. El sinfonismo ruso estuvo además representado por Prokofiev y Shostakovich.
La música alemana se pudo apreciar con la presencia de Mozart y su Requiem, un programa entero con Bach, y con sinfonías de Schubert y el inspirado Mendelssohn. De los nacionalistas pudimos escuchar a Stravinsky, y a los folkloristas húngaros Bartok y Kodaly. De los mexicanos hubo varios ejemplos: del joven guanajuatense Gonzáles Compeán, en el concierto para piano, de Mario Lavista Tres cantos a Edurne, un arreglo a una pieza de Bach de Salmon del Real y la estupenda Esquinas del admirable Silvestre Revueltas.
Merecen una mención aparte tres programas: el programa 8, compuesto por la Sinfonía número 96 de Haydn y el Requiem de Mozart, sobre todo porque estuvo al frente de la dirección el maestro Jorge Mester, uno de los mejores directores que ha dado el país, a la altura del extrañado Eduardo Mata y que vino por segunda vez a dirigir a la OSUG. Otro programa que hay que señalar es el 13, que se armó con Los Preludios de Liszt, “Adiós a San Petersburgo”; la pieza para contrabajo y orquesta de G. Bryars, y el concierto para orquesta del apreciado compositor polaco Witold Lutoslawski, obra muy destacable y ambiciosa que lleva hasta el límite las posibilidades técnicas de la orquesta, como instrumento, por lo que cada músico debe estar todo el tiempo alerta y al tanto de las exigencias del director.
El programa de aniversario fue el adecuado para la ocasión. La primera pieza, Dances, de J. Kuhr, basada en ritmos africanos, no es fácil. La solista Marina Meerson estuvo bastante aceptable con el Concierto para violín número 1 de M. Bruch, dejando para la segunda parte la Sinfonía Fantástica de Héctor Berlioz. En esa ocasión asistieron las autoridades universitarias encabezadas por el doctor Luis Felipe Guerrero Agripino. El concierto en que se celebró el 64 aniversario tuvo como sede el Teatro Juárez, que a mediados de los años noventas fue sede permanente de la orquesta.
Dentro de los intérpretes que actuaron como solistas pudimos escuchar a percusionistas, violinistas, cantantes, pianistas e instrumentistas de aliento, tanto de metal como de madera. Durante la temporada algunos músicos de la OSUG intervinieron como tales, como en el primer programa que el timbalista fue Oscar Esqueda; luego, el 4 de marzo, tres de los cornistas de la institución participaron junto con el también cornista Julius Pranevicious con una pieza que se toca poco: el concierto para cuatro cornos de Robert Schumann. Más adelante, el flautista Cuauhtémoc Trejo Barajas y el violinista Pedro Zayas Alemán participaron en el programa dedicado a Bach.
De los artistas que visitaron la orquesta mencionaremos a los violinistas Shari Mason, Marina Meerson y al joven y sobresaliente músico español Francisco Fullana, a los pianistas Carlos Salmon, Marteen van Veen especialista en música contemporánea y a Alberto Cruz Prieto, que desafortunadamente después de los ensayos con la orquesta tuvo que cancelar el Concierto en sol de M. Ravel por una enfermedad gastrointestinal.
En cuanto a otros instrumentos, también se contó con la presencia del clarinetista Romie de Guise-Langlois, el trompetista oaxaqueño Héctor Tomás Jiménez -por más de uno considerado el mejor de México-, el contrabajista con nombre de futbolista Arjeen Leendertz, el chelista Asaf Kolerstein y las y los cantantes Violeta Dávalos, Marcela Chacón, Melissa Reuter, Orlando Pineda y Armando Gama. Aunque también hubo cancelaciones que se salvaron a tiempo, como las del pianista Rodolfo Ritter y la flautista Sharon Bezaly.
Respecto de los directores, en esta primera temporada el mayor número de conciertos corrió a cargo del maestro Roberto Beltrán Zavala, director titular. Pero también se contó con el ya mencionado Hans Leenders y Michael Fine, Konradin Herzog, Jesús Medina, Jorge Mester, Miguel Salmon del Real, Fernando Valcárcel -director peruano que dirigió la interesante y sobresaliente Requies de Luciano Berio, que nunca se había interpretado en Latinoamérica-, Lanfranco Marcelletti, James Sedares y Armando Pesqueira, director de la Sinfónica de Chihuahua y conocido de OSUG.
Se puede, si se quiere, medir con objetividad los logros de la OSUG. Hay algo que nos debe guiar constantemente y eso es la asistencia del público, tanto del que va los viernes al teatro como también del que la escucha a través de la radio y por internet; del público que pide, busca, exige y acoge la música de concierto. Si se va cumpliendo, cualquier orquesta que lo logre se convierte en un bien precioso. No es raro asistir a llenos completos, con personas quedándose afuera del teatro. La OSUG cuenta con apoyo de la Universidad y se nota que existe compromiso de parte de gobierno del Estado, de tal modo que poco a poco ha ido consolidando temporadas semestrales estables. Así que debe proponerse ya otros objetivos claros: como aumentar su plantilla de integrantes, y lograr para la capital del estado una sala de conciertos, sólo por mencionar algunas metas modestas.


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