SOMOSMASS99
PERSIGUIENDO SOMBRAS
Raúl Muñiz Torres
Se dice que una de las mejores armas del periodista es la memoria, y dicha arma, debiera ser también el mejor aditamento de una sociedad que no quiere que la historia le rime con tanta facilidad.
Ayer, mi compañero Agustín Galo Samario, escribía sobre la candidatura de Luz María Ramírez Villalpando a presidenta municipal de León representando al partido Encuentro Social y recordaba los antecedentes misóginos de esta mujer que apuesta a la desmemoria de todos para buscar una alcaldía que por fortuna no alcanzará (¿o alguien pensará que tiene alguna posibilidad?).
Yo acudo a mi propia memoria para recordar lo que en otro medio escribí hace casi cinco años sobre Ramírez Villalpando y que hoy recobra vigencia para que no olvidemos quién es Luz María y calibremos que alguien así, no puede ser presidenta municipal y no debiera siquiera, ser candidata a puesto público alguno.
Aquí la idea principal de lo que apuntaba hace casi cinco años:
“¿Qué le debe la sociedad a funcionarias como Luz María Ramírez Villalpando? ¿Qué le debe el gobierno del Estado a esta mujer? ¿Qué le deben las mujeres a esta “servidora pública” para merecerla? ¿Qué le deben los ciudadanos guanajuatenses para soportarla?
¿Qué le hace pensar a la directora del Instituto de la Mujer Guanajuatense que las mujeres que se tatúan y se perforan el cuerpo son «un ejemplo claro de la pérdida de valores en la sociedad»?
Aquí, en este espacio, se ha citado en más de una ocasión la definición de idiota que en algún momento el analista Jesús Silva Herzog-Márquez utilizó para referirse al ex presidente Vicente Fox Quesada y hoy, dicho concepto habría que tatuárselo también a Ramírez Villalpando:
Uso la palabra con corrección etimológica. Los diccionarios de raíces explican que el idiota no era el débil de juicio sino el supremo egoísta, aquel que no estaba interesado más que en su asunto.
“Idiota: un hombre que lleva el interés por su vida al extremo de olvidar cualquier consideración por lo público. Un hombre privado que carece de cualquier talento y vocación para desempeñarse en el foro; aquel que cree innecesaria la sociedad para su existencia; el hombre al que la comunidad le tiene sin cuidado.
«Al idiota… le tiene sin cuidado el efecto de sus decisiones. Actúa como le da la gana; nadie tiene derecho a reconvenirlo… Tampoco encuentro justificaciones para reivindicar de manera tan fehaciente el derecho constitucional a decir idioteces».
El problema de la mujer o el hombre que se tatúa o se pone un piercing no es el acto en sí mismo, es la perforación en las acciones, actitudes y dichos que ciertos funcionarios practican en contra de la dignidad humana.
El problema es abaratar el discurso de lo que representa la pérdida de sentido y la pérdida de valores en actos tan cotidianos que obedecen a contextos culturales que no tendrían nada que ver con las convicciones personales de quienes nos gobiernan.
El problema es la ignorancia insoportable, el analfabetismo funcional brutal de quien se sienta detrás de un escritorio y encima de todo, cobra un sueldo sin entender que eso, también es corrupción.
¿Qué hacemos con Luz María Ramírez Villalpando?”
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