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Pasa el que sobreviva

Diálogo Estado / Gaudencio Rodríguez Juárez / Top News / 21/05/2020

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©Gaudencio Rodríguez Juárez*

Jueves 21 de mayo de 2020

 

“Con la pandemia todo se detuvo”. Una frase recurrente en estos días que tiene sus salvedades, pues al parecer la escuela se opone a detenerse, o a bajar su ritmo a la velocidad que la emergencia sanitaria permita.

La pandemia llegó al mundo sin avisar. Y a México con previo aviso. Aun así, fue poco el tiempo para decidir qué hacer con la educación escolar ante una situación inédita en el siglo XXI, por lo que se tuvo que ir resolviendo a través de los días, en vivo y a todo color, resolviendo que sería de manera remota.

Ahora la preocupación del sistema educativo es cómo evaluar el aprendizaje escolar al cierre del ciclo escolar que se avecina. 

Para resolver la nueva modalidad de educación en el contexto de pandemia, con su respectiva cuarentena, así como para pensar la evaluación al cierre del ciclo escolar, las autoridades han invitado a expertos en el tema para escuchar sus propuestas y visiones (curiosamente, no han convocado a las y los protagonistas, me refiero a las niñas, niños y adolescentes, para escucharles seriamente al respecto).

Algunas consideraciones importantes y sensibles sobre la evaluación del ciclo escolar, se las escuché al consultor en temas de liderazgo y gestión del cambio e innovación educativa, Xavier Aragay, en el Foro Educativo Virtual “Presente y futuro de la educación a partir del Covid-19”, organizado por la Dirección General de Educación de León, Guanajuato: 

Lo primero a considerar, dijo Aragay, es que el curso fue normal hasta la primera semana de marzo, “empecemos por ahí”, dijo, “porque a veces parece que esto es el fin del mundo. Oiga no; yo creo que estuvimos trabajando bien desde el inicio del curso hasta ahora. Entonces, empecemos a relativizarlo todo. Segundo, ¿es la primera vez en la vida que no vamos a dar todo el currículum? Yo creo que no, eh. Creo que esto nos pasa, más o menos y con más o menos intensidad, cada año… Se deben tranquilizar los directivos, las autoridades, los docentes, los propios alumnos y las familias, las familias también, porque a veces son ellas las que aprietan”.

Relativizar las cosas. No es el fin del mundo si este ciclo no se logra cubrir todo el currículum. No será la primera vez. Nos pasa en mayor o menor grado, cada año. Hago resonar sus palabras porque están cargadas de objetividad, sensatez, pertinencia y realismo.

Cada año por una u otra razón queda algún contenido por abordar, pero no se hace un escándalo. ¿Por qué? Porque no se hace público el dato. Pero, sobre todo, ¡porque no pasa nada en la vida de un niño, niña o adolescente si algún contenido curricular no es abordado!

“Hay otra idea que quizá nos ayudará”, dice el autor de Reimaginando la educación (Paidós, 2017), “¿qué aprendizajes de vida están haciendo nuestros alumnos en estas semanas? ¿Qué aprendizajes vitales pueden haber hecho nuestros alumnos en este trimestre? Porque a lo mejor es mucho más importante esto para su vida. Seguro todos nosotros hemos pensado que nuestros alumnos, evidentemente nosotros, pero nuestros alumnos, también se acordarán de esto toda la vida, ¡seguro! Vamos a hacer que no se acuerden sólo de la anécdota, ¿por qué no hacemos que se acuerden de los aprendizajes vitales que hicieron? Y esto, si me permiten, es mucho más importante que aprender el logaritmo neperiano, por poner un ejemplo”.

Y nos deja una invitación: “Les invito a relativizar en estos momentos claramente la adopción de contenidos específicos, a levantar la mirada y a tener una mirada mucho más omnicomprensiva, con una mirada más de curso, y no obsesionarse por la calificación, sino trabajar una evaluación más integral, más holística, más general, que además puede recoger perfectamente todo el trabajo hecho (desde el inicio del ciclo) hasta el mes de marzo”.

Hagámosle caso a los especialistas. Hoy la tarea de niñas, niños y adolescentes, al igual que de toda la población, es salir librados de la pandemia. Sobrevivir, es la materia a aprobar. Descubrir cómo, es la tarea. Y las responsabilidades son diferentes: a las y los menores de edad les corresponde colaborar con las medidas sanitarias y adaptarse activamente a sus múltiples implicaciones y retos; mientras que a los adultos –mamás, papás, docentes y toda persona a cargo de aquellos– les corresponde cuidar, proteger y acompañarles en medio de la incertidumbre, el estrés y las limitaciones que impone la pandemia.

En este último tramo escolar, el personal docente puede fungir como una figura de apoyo ante el malestar y desasosiego que vive su alumnado, en lugar de convertirse en una fuente de estrés con su metralla de tareas desprendidas del currículum. Y si sobrevivir es la materia de hoy, y la tarea es aprender a atravesar la adversidad, el rol del docente será facilitar los aprendizajes para lograrlo. El resultado de este esfuerzo que pone a prueba los recursos de afrontamiento del alumnado, será la evaluación. Pasa el que sobreviva.


* Psicólogo / [email protected]

Foto de portada: Engin Akyurt (@enginakyurt) / Unsplash.






Luis López




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