El Mundo Infernal de Enrique Peña Nieto
Raúl Muñiz Torres
A principios de septiembre, en este mismo espacio, escribí y titulé mi columna como “El Mundo Maravilloso de Enrique Peña Nieto”. Ahí, puntualizaba al menos 13 maravillas que el mandatario mexicano prometía como posibles gracias a las reformas estructurales aprobadas por el Congreso de la Unión.
Las delicias del paraíso parecían posibles según Peña Nieto, y como borracho especialista en dislates verbales, se decía que con las reformas habría más empleos formales y remunerados, que los mexicanos vivirían con un medio ambiente menos contaminado, que poner una empresa sería mucho más fácil, que la educación sería mejor, las personas con discapacidad encontrarían empleo fácilmente y así, una retahíla de sabores y colores más propios de una nación moderna que de un país corrupto y degradado.
Pero la realidad se encargó de alcanzar los delirios de Peña Nieto. La realidad le recordó que su tierra está sembrada de cadáveres, la realidad le recordó que la clase política sufre de una podredumbre que no se puede pasar por alto.
El 26 de septiembre de 2014 se le recordó al presidente mexicano que la tierra que prometió no es posible si en este país se pueden desaparecer 43 estudiantes y dos meses después, no se sabe nada de ellos.
Ayotzinapa e Iguala, le recordarán a Peña el resto de su vida que no se puede ser un irresponsable y prometer utopías si tan pronto olvidó la miseria, la corrupción y la mediocridad de la clase política a la que pertenece.
La realidad mexicana le recuerda y le recordará siempre, que no es posible imaginar un mundo maravilloso si su esposa, Angélica Rivera, puede aparecer en pantalla para decir que gana millones y millones de pesos y que nadie debiera dudar de su honestidad cuando la corrupción simbolizada en una residencia millonaria también la alcanza, la ensucia y le quita toda calidad moral.
La semana pasada, al proponer diez medidas para combatir la inseguridad, el presidente de la República ha dicho que “este país no puede seguir así” y si lo ha dicho de esa manera, acepta tácitamente que sus reformas no eran, al final de cuentas, suficientes para cambiar a México.
El problema es que no convenció a nadie y si bien sus propuestas pueden tener efectos favorables a largo plazo, también es cierto que necesita acciones inmediatas que le devuelvan un poco de credibilidad.
Sin embargo, hoy creo que la única manera de voltear a verlo con un dejo de confianza, es si mañana, en cadena nacional; se compromete a dar resultados inmediatos o de lo contrario, presentará su renuncia con carácter de irrevocable y no sin antes, prometer que se pone a disposición de las autoridades para que sea investigado su patrimonio personal y el de su esposa.
Seguro no lo hará, pero como todos sus antecesores desde quién sabe cuándo, dejará la presidencia por la puerta de atrás, como el presidente que como tantos, prometió el paraíso y sólo entregó un infierno que arde y arde y arde…
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