¿A cuánto los jitomates?
Raúl Muñiz Torres
Cuando Mark Twain decía que la historia no se repite, pero en ocasiones rima, lanzaba también una advertencia total a los regímenes del mundo que se empeñan en replicar los mismos vicios históricos.
La frase de Twain recuerda que no existen situaciones históricas propiamente idénticas pero sus ecos, sus rimas, sí pueden desencadenar escenarios de violencia similares que le han costado al mundo millones de muertos, sangre y desolación, un partir de cero, un volver a comenzar para muchos países que, cansados y hartos ven como la historia de su construcción social requiere una profunda y dolorosa reingeniería de confianza.
Las noticias más reveladoras de la prensa en la actualidad mexicana no debieran centrarse en la declaración de ningún gobernante, sus palabras son obscenas por vacuas, sus acciones se vuelven ofensivas por inútiles, su incapacidad se vuelve peligrosa por la desolación que dejan.
En medio de tanta incertidumbre, las reformas anunciadas con bombo y platillo por el presidente Peña Nieto y la réplica lambiscona de sus seguidores, periodistas, políticos y cómplices, no hacen más que acentuar una especie de burla cotidiana cuando la realidad asoma a los bolsillos de la clase trabajadora mexicana.
La realidad, en ocasiones, no es tan difícil de explicar: Por elemental respeto, la clase política no debiera hablarle a los ciudadanos con la grandilocuencia del lenguaje de una reforma, debiera garantizarle la posibilidad de que hoy, mañana y siempre, su sueldo le va a alcanzar para poder comer, comprar jitomates, comprar las tortillas, comprar las cebollas, pagar el transporte público, poder llenar sin problemas el tanque de gasolina de su coche que con tanto esfuerzo se compró.
Hoy y aunque no es nueva, la noticia más importante por desoladora, y por lo mismo, porque debiera invitar a actuar; es que hoy, el ingreso de los mexicanos no alcanza para comprar la canasta básica de alimentos y servicios.
No, no es ninguna novedad dicha noticia, la sabemos, la conocemos hasta la saciedad, pero por ello nos hemos acostumbrado a obviarla, a relegarla, a ignorar la rima permanente de una historia que le ha costado a México una sangrante revolución hace poco más de cien años.
Se vuelve necesario que nazca una generación de políticos, de gobernantes con ideas propias, independientes, lúcidos y capaces de generar el bienestar común. Parece que optar por una generación así, es un sueño guajiro pero a él debemos voltear.
Este lunes Enrique Peña Nieto presentó su informe de gobierno al Congreso: ¿Qué puede decirnos que nos revitalice la esperanza? ¿Qué nos puede contar que nos devuelva la confianza? ¿Qué nos puede asegurar si hoy, nuestros ingresos han caído un 32 por ciento con respecto a los precios de los alimentos?
Si esta generación de minorías en la toma de decisiones no puede responderle al ciudadano común y corriente y decirle que su bolsillo es capaz de agenciarse el jitomate para llevarlo a su mesa, que sufra entonces esa generación de gobiernos, la rima de la historia.
* Esta columna se publica los miércoles
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