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¿Podemos salir de un mundo de deudas?

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SOMOSMASS99

 

Vijay Prashad* / SomosMass99

Miércoles 26 de marzo de 2025

 

En las últimas dos décadas, la deuda externa de los países en desarrollo se ha cuadruplicado hasta los 11,4 billones de dólares (2023). Es importante entender que este dinero adeudado a los acreedores extranjeros equivale al 99% de los ingresos de exportación de los países en desarrollo. Esto significa que casi cada dólar ganado por la exportación de bienes y servicios es un dólar adeudado a un banco extranjero o a un tenedor de bonos. Los países del Sur Global, por lo tanto, simplemente están vendiendo sus bienes y servicios para pagar las deudas contraídas por proyectos de desarrollo, el colapso de los precios de las materias primas, los déficits públicos, la pandemia de Covid-19 y la inflación debido a la guerra de Ucrania. La mitad de la población mundial (3.300 millones) vive en países que destinan más de su presupuesto a pagar los intereses de la deuda que a pagar la educación o los servicios de salud. En el continente africano, de los cincuenta y cuatro países, treinta y cuatro gastan más en el servicio de la deuda que en la sanidad pública. La deuda se cierne sobre el Sur Global como un buitre, listo para hurgar en el cadáver de nuestras sociedades.

¿Por qué los países están endeudados? La mayoría de los países están endeudados por varias razones:

  • Cuando obtuvieron la independencia hace aproximadamente un siglo, fueron empobrecidos por sus antiguos gobernantes coloniales.
  • Pidieron prestado dinero para proyectos de desarrollo a sus antiguos gobernantes coloniales a tasas altas, lo que hizo imposible el pago ya que los fondos se utilizaron para proyectos públicos como puentes, escuelas y hospitales.
  • La desigualdad de los términos de intercambio (exportación de materias primas de bajo precio para la importación de productos acabados de alto precio) exacerbó aún más su débil situación financiera.
  • Las políticas despiadadas de los organismos multilaterales (como el Fondo Monetario Internacional – FMI) obligaron a estos países a recortar el gasto público interno tanto para consumo como para inversión y, en cambio, a pagar la deuda externa. Esto puso en marcha un ciclo de bajas tasas de crecimiento, empobrecimiento y endeudamiento.

Atrapados en la telaraña de la deuda, la austeridad, el bajo crecimiento, el endeudamiento externo y la deuda, los países del Sur Global abandonaron casi por completo el desarrollo a largo plazo para sobrevivir a corto plazo. El programa de que disponían para hacer frente a esta trampa de la deuda estaba totalmente motivado por la conveniencia del pago y no del desarrollo. Típicamente, se promovieron los siguientes métodos en lugar de una teoría del desarrollo:

  1. Alivio de la deuda y reestructuración de la deuda. Buscando una reducción de la carga de la deuda y una gestión más sostenible de los pagos de la deuda a largo plazo.
  2. Un llamado a la inversión extranjera directa (IED) y un intento de impulsar las exportaciones. Aumentar la capacidad de los países de obtener ingresos para pagar esta deuda, pero sin ningún cambio real en la capacidad productiva del país.
  3. Recortes en el gasto público, en gran medida un desgaste del gasto social. Cambiar el panorama fiscal para que un país pueda utilizar una mayor parte de su riqueza social para pagar a sus audaces tenedores extranjeros y ganar «confianza» en el mercado internacional, pero a expensas de las vidas y el bienestar de sus ciudadanos.
  4. Reformas fiscales que beneficiaron a los ricos y reformas del mercado laboral que perjudicaron a los trabajadores. Recortes de impuestos para animar a los ricos a invertir en su sociedad -lo que muy rara vez ocurre- y un cambio en las leyes sindicales para permitir una mayor explotación de la mano de obra y aumentar el capital para la inversión.
  5. Reforma institucional para garantizar una menor corrupción mediante un mayor control internacional de los sistemas financieros. Abrir el proceso presupuestario de un país a la gestión internacional (a través del FMI) y permitir que economistas extranjeros controlen la toma de decisiones fiscales.

Cada uno de estos enfoques por separado y todos ellos juntos no proporcionaban ninguna evaluación de los problemas subyacentes que producían la deuda, ni ofrecían una vía para salir de la dependencia de la deuda.

Efectivamente, si este es el mejor enfoque disponible, entonces los países en desarrollo necesitan una nueva teoría del desarrollo.

Una nueva teoría del desarrollo

A estas alturas se entiende que la entrada de IED y la exportación de productos básicos de bajo precio no aumentan por sí solos el producto interno bruto (PIB) de un país en desarrollo. De hecho, la IED –en una era de liberalización financiera y sin control de capital– puede crear enormes problemas para un país pobre, ya que el dinero puede operar para desestabilizar la economía. Esta última requiere inversiones a largo plazo en lugar de transacciones de dinero caliente.

La investigación realizada por Global South Insights (GSI) y el Tricontinental: Institute for Social Research muestra que no es la IED la que aumenta el PIB durante largos períodos, sino que existe una alta correlación entre un aumento en la inversión neta de capital fijo y el crecimiento del PIB (la inversión neta de capital fijo es el aumento del gasto en stock de capital por encima de la depreciación). En otras palabras, si un país invierte dinero para aumentar su stock de capital, verá un aumento secular en su tasa de crecimiento. Esa es la razón por la que países como China, Vietnam, India e Indonesia han sostenido altas tasas de crecimiento en un período en el que la mayoría de los países (ilustrativamente en el Norte Global) han tenido tasas de crecimiento bajas o negativas (particularmente cuando se considera el aumento de la inflación). Incluso el Banco Mundial está de acuerdo en que la salida de la «trampa de los ingresos medios» es aumentar la inversión, infundir tecnologías del extranjero e innovar tecnologías internamente (lo llaman el «método de las 3i»). En el corazón del proyecto debe estar un aumento de la inversión neta de capital fijo.

Nuestra investigación muestra que a medida que crece el PIB, la esperanza de vida también aumenta. Aquí hay muchos elementos que requieren investigación: por ejemplo, si la calidad del crecimiento del PIB mejora (más industria, mejor gasto social), ¿qué hace esto por los resultados sociales? Hablar de la calidad del PIB es plantear cuestiones de asignación de la riqueza social a sectores específicos, lo que pone de manifiesto la importancia de una planificación económica sólida y de una política fiscal adecuada que no esté motivada por el pago a los tenedores de bonos extranjeros, sino por la construcción del capital fijo neto de un país a largo plazo.

Pero, ¿cómo se obtiene el financiamiento tanto para pagar las deudas como para acumular capital social? No es una imposibilidad, ya que la mayoría de los países en desarrollo son ricos en recursos y lo único que necesitan es aumentar el poder para movilizar esos recursos. Las respuestas podrían encontrarse menos en las leyes de la economía que en las relaciones desiguales de poder en el mundo. Con la agitación del orden mundial, podría haber ahora una oportunidad para crear nuevas estrategias financieras para el desarrollo.

La base de una conversación sobre la teoría del desarrollo no debería ser cómo sostener una economía en una espiral de deuda permanente que conduce a la desindustrialización y la desesperación. En cambio, debería tratarse de cómo romper ese ciclo y entrar en un período de industrialización, reforma agraria, crecimiento y progreso social. Es esta idea la que nos motiva a iniciar una nueva conversación, no sobre la necesidad de tal o cual política económica para salvar una mala situación, sino sobre una nueva teoría del desarrollo en su conjunto.


* Vijay Prashad es un historiador, editor y periodista indio. Es miembro de la redacción y corresponsal en jefe de Globetrotter. Es editor en jefe de LeftWord Books y director del Instituto Tricontinental de Investigación Social. Ha escrito más de 20 libros, entre ellos Las Naciones Oscuras y Las Naciones Pobres. Sus libros más recientes son Luchar nos hace humanos: aprendiendo de los movimientos por el socialismoLa retirada: Irak, Libia, Afganistán y la fragilidad del poder estadounidense y Sobre Cuba: 70 años de Revolución y Lucha (los dos últimos en coautoría con Noam Chomsky).

Este artículo fue producido por Globetrotter y No Cold War.

Foto de portada (ilustrativa): Alexander Mils (@alexandermils) / Unsplash.






Luis López




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