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©Gaudencio Rodríguez Juárez
Alice Miller nació en Polonia en 1923. Realizó estudios en filosofía, sociología, psicología y psicoanálisis. Durante décadas se dedicó a estudiar las raíces de la violencia en la infancia.
Sus aportes nos muestran que maltratar a los niños produce no solamente niños desgraciados y perturbados, adolescentes destructores y padres que maltratan sino también una sociedad perturbada que funciona a menudo de una forma extremadamente irracional.
Sus investigaciones concluyen que la violencia global que reina en el mundo entero, tiene su origen en la violencia ejercida sobre los niños y las niñas, sobre todo si se les empieza a pegar en los primeros años de vida, justamente en el momento en el que se construye su cerebro.
Parece algo tan obvio, sin embargo, poco se hace para actuar en consecuencia, es decir, para dejar de pegarles; en el mundo son pocos los países que lo han prohibido mediante sus leyes.
Miller describe las dinámicas que perpetúan la violencia, así como la manera en que se instala la ceguera social ante el problema. Afirma que los padres violentan a sus hijos indefensos y además los obligan a reprimir y negar las reacciones y emociones naturales, entonces no les queda otra opción que creer que las humillaciones y las bofetadas se propinan por su propio bien. Con esta información instalada en su cerebro, educan a sus respectivos hijos utilizando los mismos medios y obstruyendo la posibilidad de pensar en formas distintas de educación y convivencia.
A la fecha algunas iglesias cristianas promueven el castigo mediante la vara de corrección; las católicas no lo promueven pero no lo prohíben y dejan que citas del Antiguo Testamento del tipo, “El que ama a su hijo, le hace sentir a menudo el azote o castigo” (Eclesiástico 30:1), sigan causando estragos a la niñez.
Existe la tendencia actual de acompañar la psicoterapia con medicamentos, cuya consecuencia es que la mayoría de sedantes atenúan el interés del paciente por revisar su infancia traumática, lugar donde se encuentra el origen de cuadros depresivos, psicosomáticos, anoréxicos, adicciones, etcétera, impidiéndole el acceso a un saber que traería un cura real.
Muchos profesores no se pueden imaginar la educación sin un sistema punitivo. Como ellos también han sido educados con este tipo de autoridad, prefieren los castigos porque han aprendido muy temprano a creer en su “eficacia”.
Miller puso nombre a las cosas eliminando los eufemismos. Llamó pan al pan y a los golpes maltrato (en lugar de disciplina). Siempre se preocupó por denunciar los estragos de la educación tradicional, enfrentándose en numerosas ocasiones a los psicoanalistas de las escuelas freudianas más teóricas, acusándolos de desdeñar las experiencias vitales y de moverse exclusivamente en el terreno de las lucubraciones. Envió cartas al Vaticano para informar las profundas consecuencias del castigo corporal y para proponerles una campaña de eliminación del mismo (nunca obtuvo respuesta).
Por sus aportes recibió reconocimientos y gratitud, lo mismo que críticas.
Miller murió hace cinco años. Seguramente descansa satisfecha. Por tu propio bien, El drama del niño dotado, El saber proscrito, Salvar la vida, El cuerpo nunca miente y La madurez de Eva son algunos de sus libros accesibles para las personas interesadas en la educación y protección de la niñez, así como en la curación del niño interno herido de los adultos.
Los padres/madres contemporáneos somos la generación a la que le corresponde construir el paradigma que conduzca al buen trato a la infancia. Asiste al taller intensivo Educando con Buenos Tratos que se realizará el próximo 14 de noviembre en León, Guanajuato, donde adquirirás principios, información y habilidades para facilitar el florecimiento de tus hijos a través del amor, guía y respeto. Información e inscripciones en [email protected] y en f/Gaudencio Rodriguez J
Psicoterapeuta / [email protected]
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