SOMOSMASS99
Raquel Vázquez Rivera*
Miércoles 19 de agosto de 2020
Iconoclasia por una nueva conciencia histórica.
Después del asesinato de George Floyd por exceso de brutalidad policíaca en EU se iniciaron manifestaciones que rápidamente prendieron mechas en otras partes del mundo. La rápida expansión y aceptación del movimiento BLM (Las Vidas Negras Importan) es porque el racismo, colonialismo y supremacismo es vigente y muy doloroso.
De estas manifestaciones revivieron los grupos de iconoclastas.
La iconoclasia o iconoclastia es, como dice la wiki, la deliberada destrucción dentro de una cultura de los iconos religiosos de la propia cultura y otros símbolos o monumentos, normalmente por motivos religiosos o políticos.
La iconoclasia pues, es una expresión válida de la digna rabia.
Las estatuas, recintos y monumentos son objetos que hablan de acontecimientos históricos, y como cuentan lo que antes era aceptado ahora gritan lo que ya no se tolera.
De esta manera, estos objetos seguirán contado en vivo y a todo color la historia actual.
Empezaron entonces en EU a caer o solicitar ser removidas estatuas y representaciones de Cristóbal Colón, frailes, mercaderes de esclavos, comandantes confederados e incluso personajes de la historia moderna, pero que tuvieron una postura racista muy marcada como el actor John Wayne cuya estatua está en el aeropuerto que lleva su nombre.
En Escandinavia, la ola antirracista iconoclasta reclama un símbolo. Aquí quiero hacer un paréntesis para aclarar que la raza no existe como categoría científica, es más bien un invento del colonialismo utilizado para dejar bien marcado qué grupos eran dignos y cuáles no; quiénes tenían derechos y quiénes no; quiénes deberían de ser salvados y quiénes no; quiénes tenían humanidad y quiénes no; quiénes tenían alma y quiénes no (sí, el racismo tiene origen religioso).
Regresando a Escandinavia, en Suecia se encuentra la estatua de Carlos Lineo, botánico considerado el padre de la taxonomía y que en su obsesión por clasificar organismos describió ciertas cualidades y características para diferenciar grupos humanos, de ahí que también se le considere precursor de la idea de la raza. Estas descripciones fueron retomadas para validar acciones de grupos supremacistas, y siguen siendo citados por estos después de cometerse genocidios.
De Escandinavia vámonos a México
No tengo que profundizar mucho sobre lo enquistado del racismo y colonialismo que existe en este país, era de esperarse que la ola llegara y que algunos grupos activistas abrieran el debate sobre determinados símbolos.
Varias solicitudes de firmas en plataformas digitales empezaron a circular, entre sus argumentos están que las estatuas en lugares públicos tendrían que estar dedicadas a quienes representan lo que aspiramos a ser, y no a quienes encarnan aquello de lo que nos queremos deshacer, también que dichas estatuas representan varios temas que son vigentes hasta el día de hoy, genocidio, violación de los derechos humanos, racismo, explotación y los privilegios de una clase con trato infrahumano sobre la otra.
Encontramos pues las propuestas de retirar la estatua de los Montejo en Yucatán, del Fray Cajiga del acueducto de Morelia y de Colón en Reforma.

Estatua de Fray Francisco Antonio de San Miguel Iglesia Cajiga en Morelia.
“La simbología importa, para erigirlas y para tumbarlas”, así menciona Yásnaya E. Aguilar Gil, activista mexicana por los derechos de los indígenas.
El análisis que enriquece y que ayudará a formar las nuevas conciencias consiste en entender, sin fiscalizar, quién o por qué colocaron en su momento y quién o por qué derrumban ahora.
La ola iconoclasta antirracista deberá salpicar a Irapuato: ¡Que caiga el Tata Vasco!
Irapuato fue fundada, como muchas otras ciudades, sobre un pasado de imposición terrorífica de creencias y leyes.
Don Vasco de Quiroga, sin ser sacerdote, fue nombrado por el papa Paulo III, por petición de un rey español, claro, como primer obispo de Michoacán, y su diócesis abarcaba Guanajuato.
Cuando se decretó Irapuato en 1547, Quiroga ya era obispo y construyó el primer hospital para indios Tarascos por lo que se le considera uno de los fundadores.
Este personaje, como todos los de la época encargados de la evangelización, fue exageradamente vanagloriado y santificado, son llamados sin más ni más como “los salvadores de indios”.
El historiador Pável Uliánov Guzmán, integrante del Consejo Supremo Indígena de Michoacán escribe: “Vasco de Quiroga no enseñó las artes y oficios a los indígenas, no fue el gran protector de los pueblos originarios y no fue un santo, como todo personaje histórico, mantiene contradicciones y claroscuros.
…desmitificar su figura, acción necesaria para analizar adecuadamente los grandes procesos sociales y comprender mejor al personaje histórico…”. Su texto Los mitos de Vasco de Quiroga, se los dejo en las recomendaciones.
La forma en la que está representado en varias ciudades como Irapuato también tiene que ser discutida y desmitificada.

Estas representaciones colocan al pueblo indígena como perdido antes de la llegada de sus salvadores, y no es verdad, los pueblos indígenas eran unidos, resistentes, luchadores. Ya tenían y afrontaban tareas, la misión de los colonialistas fue en gran parte su división.
El indio hincado, sumiso, esperando o agradeciendo la misericordia y compasión para poder ser levantado por su salvador, es la imagen del racismo y colonialismo que no debería verse más.
Esta imagen está fuertemente ligada a Irapuato, aparece como principal en postales, en las fiestas de fundación, en la figurilla de la presea que se otorga a irapuatenses que destacan, evento por demás patético y superficial donde por supuesto jamás veremos un indígena. ¿Qué podrían esos pueblos aportar o destacar? Nada, solamente construyeron la ciudad en sus inicios con sus propias manos.
Irapuato entonces agradece la mitificada y sobrevalorada conquista, pero nunca hace la tan necesaria crítica histórica.

Imágenes de la página del Municipio de Irapuato.
Caminando por el centro histórico de Irapuato pueden verse personas, en su mayoría mujeres con sus hijas e hijos, pertenecientes a la comunidad indígena, tratando de vender alguna artesanía o pidiendo trabajo. El fuerte mensaje racista de estas familias sentadas en el jardín a un lado de la estatua es inaceptable en estos tiempos.
Estas personas son, por lo que he leído, en su mayoría Otomíes y Purépechas, nunca les he visto haciendo otra cosa. ¿Será que algún día recuperen la representatividad que merecen? ¿O estas estatuas de Quiroga sirven como recordatorio del lugar que les impusieron?
Si eres una persona indígena y vives en una ciudad donde el gobierno tiene como imagen principal de su fundación a un indio hincado siendo evangelizado por considerarse subhumano, el mensaje es claro. Y así se perpetúan los abusos y las injusticias, porque cuando se trata de culpables primero están las minorías. Recordemos el reciente caso del niño Dylan secuestrado en Chiapas y que el gobierno federal presentó a dos mujeres como las responsables, aclarando después que era un error, pero el padre de las mujeres, abuelo de una familia indígena originaria de Chictón que vendía artesanías fue asesinado por la policía durante el interrogatorio, caso por el cual no se ha pedido disculpas como mínimo.
Mi propuesta sería cambiar la estatua a un lugar más apropiado como el museo, en un apartado especial sobre el pasado colonialista y donde pueda tener un fin pedagógico. Así se mostraría congruencia con los valores que queremos que marquen la sociedad actual. La historia se escribe todos los días.
Es por lo tanto imperativo desligar a Irapuato de esa representación identitaria. ¿Cuál sería el problema de hacer el cambio y dar otro mensaje?
Confrontar y reconocer el pasado colonialista, evangelizador y racista requiere de valentía y autocrítica. Yo soy partidaria de tomar posturas políticas, considero que la neutralidad merece tener un círculo especial en el infierno de Dante.
La memoria histórica no se está borrando ni desconociendo. Al contrario, los actos de indignación colectiva como los que hacen los grupos iconoclastas, nos obligan a repasar historias olvidadas o incluso ignoradas, que no conoceríamos de no ejercer presión para señalar su simbología contraria al actual consenso.
Para quienes podrían argumentar que sólo es un pasado histórico, lamentablemente, la lucha de muchos pueblos contra los abusos del colonialismo y del racismo es dolorosamente vigente y urge un cambio de conciencia.
La ONU declaró el 9 de agosto como el Día de los Pueblos Indígenas y en Irapuato tenemos una deuda.

Bandera P’urhépecha, Juchári Uinápekua (Nuestra Fuerza). | Imagen: @Purepecha_mx
Recomendaciones:
Cuando las estatuas caen del pedestal:
La racialización de la clase en México:
Los mitos del Vasco de Quiroga:
Juchári Uinápekua: Nuestra fuerza, es la unión:
Referencias:
https://es.wikipedia.org/wiki/Iconoclasia
https://bajioweb.com/celebrara-irapuato-473-aniversario-de-fundacion/
Peticiones para retirar estatuas en México:
* Estudié Química Farmacéutica Bióloga y la digna rabia me empujó al activismo. Defiendo el derecho a un medio ambiente sano desde una perspectiva feminista y escéptica; también soy atea militante, lo que me llevó a convertirme en la primer apóstata de Irapuato, trato de explicar el fenómeno religioso como uno de los brazos opresores más fuertes en el Bajío, defiendo la laicidad como fundamental para la democracia.
@RaquelVaRi @Ambiental_Ira @ApostasiaM
Foto de portada: Facebook del Instituto Municipal de Cultura, Arte y Recreación de Irapuato.
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