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Que el distanciamiento y la virtualidad no se hagan costumbre

Diálogo Estado / Gaudencio Rodríguez Juárez / Top News / 04/06/2020

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©Gaudencio Rodríguez Juárez*

Jueves 4 de junio de 2020

 

Vivimos una época donde las pantallas y el Internet con sus múltiples posibilidades, provoca la adhesión de niños, adolescentes y adultos, generando efectos hasta adictivos gracias a los múltiples estímulos visuales, auditivos y táctiles que estimulan la química cerebral del placer.

El uso de esta tecnología por parte de niñas, niños y adolescentes y su administración y regulación, era un tema en el que padres y madres venían trabajando en los últimos tiempos. Pero vino la pandemia con su respectiva cuarentena y su uso se volvió indispensable ante el cambio de modalidad educativa, de lo presencial a lo remoto.

Ahora la población infantil (la que tiene acceso a la tecnología, por supuesto) pasa largas horas frente a las pantallas para recibir clase y después realizar largas tareas. Menuda contradicción en el mensaje que hoy se anida en la mente de niñas, niños y adolescentes: “Antes me prohibían estar largas horas frente a las pantallas porque no era sano y ahora me obligan a hacerlo. ¿Ya dejó de ser insano?”

Al inicio de la cuarentena no les costó trabajo asumir el encierro a las nuevas generaciones, pues en las ciudades grandes, donde hace tiempo los automóviles y la inseguridad se adueñaron de las calles y de los espacios públicos, niñas, niños y adolescentes ya pasaban muchas horas recluidos: por la mañana en la escuela, y por la tarde y noche en su propia casa conectados a las pantallas. De ahí que “cuando les dijimos que no podían salir de casa”, menciona el periodista Jorge Ramos, “lo único que hicieron fue entrar en modo virtual”.

En el caso de las y los adolescentes, la construcción de una identidad, es una de las grandes tareas del desarrollo, tarea compleja en un mundo que va demasiado rápido, ofreciendo criterios y modelos a seguir infinitos con la llegada del Internet. Una pantalla abre la puerta a infinidad de modelos a seguir, y los criterios, valores y consideraciones para la conformación de una identidad son infinitos y temporales, cambian rápidamente. 

De ahí que la imagen que se están construyendo sea válida para el corto tiempo, pues en el mundo de hoy ninguna representación de sí mismo es garantía de seguridad plena a largo plazo, pues todo cambia y pierde vigencia muy rápido. “Lo que hoy es de rigueur, mañana o pasado mañana estará condenado a volverse rancio y bochornosamente anticuado, o bien completamente ilegible”, afirma el sociólogo Bauman”. De ahí que “mantener actualizada la representación es una tarea de veinticuatro horas por día y siete días por semana”.

Y justamente, “Internet facilita enormemente la tarea de la reinvención, hasta un punto inalcanzable en la vida desconectada; he ahí, sin duda, una de las razones más importantes por las que la nueva ‘generación electrónica’ pasa tanto tiempo en el universo virtual, un tiempo que crece a ritmo constante a expensas del tiempo vivido en el “mundo real’”, de acuerdo con Bauman.

La socialización con los pares, otra tarea importante del desarrollo adolescente, los empuja a no renunciar a la vinculación. La vida obligó a la reclusión y el distanciamiento, evitando –por muchas semanas– el encuentro presencial con los otros, el contacto cuerpo a cuerpo.

Les dijimos que se quedaran en casa y en general no tuvieron problema. Se adaptaron porque ya tenían capacidad para la vida virtual. No obstante, otros se resisten, salen de casa para encontrarse con sus pares aun violando las normas de sanidad, su cerebro de animal gregario exige ir al encuentro humano. Lo cual me genera ambivalencia: por un lado, preocupación ante las consecuencias que pudieran traer la violación de las reglas sanitarias, y, por otro lado, alegría al ver su resistencia a la interacción virtual como modalidad única, su oposición a la reclusión, su no renuncia al contacto humano.

Y es que mi temor es el mismo que el del periodista Ramos: que este distanciamiento obligatorio se convierta para ellos en una costumbre. Porque sin abrazos, sin tocarse, sin besarse, se están perdiendo lo más rico de ser humanos, se están perdiendo oportunidades para la vinculación, vinculación que tiene como base la puesta en marcha de la empatía, la compasión, la colaboración, el altruismo, atributos que nos dan el sello humano y que nos sostienen en este planeta a través del tiempo, generación tras generación.

Que no se acostumbren a la distancia, ni a la virtualidad, ni ellos, ni los adultos, pues las pérdidas serían grandes.


* Psicólogo / [email protected]

Foto de portada: Ales Nesetril (@alesnesetril) / Unsplash.






Luis López




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