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Diálogo País / Top News / 13/11/2018

SOMOSMASS99

 

Alfonso Díaz Rey*

Martes 13 de noviembre de 2018

 

El arrollador triunfo electoral de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) y la mayoría lograda en ambas cámaras del poder legislativo por los partidos que impulsaron su candidatura, Morena principalmente, fue, desde que se conocieron los resultados de la elección, catalogado por algunos «analistas» como una «situación antidemocrática»; supuestamente por la falta de una oposición que hiciera contrapeso tanto en la Cámara de Diputados como en la de Senadores.

En los tiempos del carro completo, cuando el PRI arrasaba en las elecciones echando mano de todo tipo de artimañas, los analistas políticos que lanzaron esa advertencia seguramente aplaudieron los resultados o elaboraron argumentos para justificarlos.

Desde el momento en que se conoció el triunfo de quien será el próximo presidente de la república, comenzó la ofensiva de las fuerzas de derecha para acotar las posibilidades del futuro gobierno federal.

Los más de treinta millones de votos que obtuvo AMLO, el 53.19% del total de sufragios, fueron producto del deseo de un cambio por parte de la mayoría de quienes poblamos este país; de una transformación que revierta las adversas condiciones en que han sumido al pueblo tras 36 años de gobiernos neoliberales.

El hartazgo de la gente a la que vendieron ilusiones con el señuelo de una modernización y una prosperidad que nunca llegaron y, por el contrario, sus condiciones de vida y trabajo se deterioraban con el paso del tiempo, fue decisivo para que se manifestara en las urnas por un candidato con propuestas que, al menos, le brindaron nuevas esperanzas.

Como las propuestas del candidato triunfador, si ir contra el sistema imperante, pueden afectar en alguna medida los privilegios de quienes mediante su poder económico decidían quienes habrían de gobernar y cuidar sus intereses como grupo dominante, la próxima administración federal es vista como un peligro para ese poderoso grupo.

Hasta el momento, el tema de la cancelación del proyecto del nuevo aeropuerto de la CdMx ha sido el centro de la mayor ofensiva contra AMLO.

Del lado de quienes defienden ese proyecto están: la oligarquía y grupos financieros tanto a nivel local como internacional, las organizaciones patronales, los «periodistas» que perderán la mesada proveniente del gobierno, los que de alguna manera  pensaban obtener alguna ganancia con el proyecto y quienes cegados por la propaganda son arrastrados a defender posiciones de quienes los explotan y desprecian.

Llaman a defender un proyecto ambientalmente depredador, con impactos económicos favorables únicamente a la minoría que detenta el poder económico y que, además, por las características del terreno y una serie de impactos adversos inducidos, que no se evaluaron, es un serio peligro para la zona en que intentan llevarlo a cabo y para la capital de la República.

Los defensores del proyecto argumentan que su cancelación significaría una seria violación el estado de derecho; y cabría preguntar: ¿a qué derecho se refieren? ¿Al suyo, el que propició la entrega de los bienes y riquezas de la nación al capital extranjero y a la minoría que con ello ha acrecentado su poder económico? ¿Al que ha generado la inseguridad y violencia en que vivimos? ¿Al que en el presente sexenio ha devaluado nuestra moneda en un 50%? ¿Al que elevó el precio de los combustibles? ¿Al que propicia y tolera la corrupción y la impunidad?

En el otro extremo está el pueblo, ese que votó mayoritariamente por un cambio que acabara con los vicios y prácticas que hoy lo tienen en condiciones peores de las que estaba hace 40 años y exige un estado de derecho en el que la justicia, la igualdad, la equidad, la legitimidad y la solidaridad permitan que quienes habitan este país tengan una vida digna.

Pero ello no será posible si pensamos que la transformación que queremos será tarea de quienes gobiernen.

Conviene tener presente que esos más de treinta millones de votos sirvieron solamente para ganar posiciones en el gobierno, las que aun con la importancia que representan, de ninguna manera significa que se ganó el poder; este sigue en manos de los mismos de siempre y utilizarán todos los medios ─y vaya que los tienen─ para recuperarlas y retornar a su estado de derecho. La historia reciente en Nuestra América lo demuestra.

La única manera de poder alcanzar las expectativas surgidas del resultado de la decisión del pueblo en las urnas, es mediante la organización consciente de la ciudadanía para impulsar y defender decididamente las medidas y acciones necesarias que promuevan el desarrollo y el bienestar del país y de nuestro pueblo.


* Alfonso Díaz Rey es miembro de la Constituyente Ciudadana Popular y del Frente Ciudadano Regional en Defensa de la Soberanía en Salamanca, Guanajuato.






Luis López




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2 Comentarios

el 13/11/2018

Hola
No estoy de acuerdo en ciertas cositas.

Lo del NAIM: para mí, yo, yo, yo, me disgusta profundamente la manera de «tomar» la decisión, no el resultado.
El resultado la verdad, desconozco si es bueno o malo.

Habemos muchos como yo. No es que quisiéramos que ganarán el PRI o Anaya. De hecho,en mi boleta taché López Obrador.

Pero como presidente debe tomar decisiones. usar a la cámara de diputados, senadores, consejeros, secretarios, expertos, bla bla.

Y me disgusta aún más la situación de hoy, y de ayeres, llevamos qué, 15, 20 años con esto?: si no eres seguidor de AMLO, entonces eres un riquillo burgués que no quiere soltar sus ventajas económicas y sociales.

Así no.

Me molesta.
Mucho.

Y sí, estoy de acuerdo en que, de momento, el poder cambió de manos en etiquetas, no en hechos.

Pero definitivamente, consultas, ofensas y sonrisas entendidas no se lo darán a los mexicanos, a todos ellos.

Un saludo

    el 15/11/2018

    Compañera GWENN-AËLLE

    Permítame llamarle compañera. Creo que en algunas cosas tenemos coincidencias y, pienso, es importante mantenerlas y cuidarlas.
    También, quisiera aclararle que no soy riquillo ni burgués; en cuanto a AMLO, no soy su seguidor, sin embargo coincido con algunas de sus propuestas, razón por la cual, igual que en su caso, mi voto fue para él.
    Sobre la consulta: con todas las fallas, reales o supuestas, que le adjudicaron los que desde el poder apoyaban ese proyecto, fue un ejercicio al que los mexicanos no estamos acostumbrados, debido a la imposición de todo tipo de medidas y políticas que desde “arriba” se implementan para favorecer a los mismos de siempre.
    Sobre el resultado: creo conocer algo en materia ambiental, hace 20 años, después de jubilarme en Pémex, colaboro con otros compañeros en un bufete de asesoría y estudios en esa materia: por ello analizamos el Manifiesto de Impacto Ambiental de ese proyecto y nos pareció una “vacilada” para meramente cubrir un trámite. Creo, modestamente, que nosotros, en proyectos mucho más modestos, somos más rigurosos (quizá por esa razón nuestro pequeño bufete apenas sobrevive).
    Igual que a usted, me disgusta la situación por la que atraviesa México, no solamente la de los gobiernos neoliberales sino la que padece desde mucho antes de ellos, tiempo en el que nos han desunido los que se ostentan como los únicos capaces de conducir este país. Por ello llamamos a la organización de los de abajo.
    Por último, le agradezco el tiempo que dedicó a la lectura del artículo y, sobre todo, al de sus comentarios.
    Atte.:
    Alfonso Díaz Rey



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