SOMOSMASS99
PERSIGUIENDO SOMBRAS
Raúl Muñiz Torres
El escritor Roberto Saviano ha descrito la nueva novela del semiólogo y filósofo italiano Umberto Eco, Número cero, de una manera breve y atinada: “es el manual de comunicación de nuestro tiempo”.
Tiene razón Saviano, y a esa fotografía de la realidad comunicativa habría que agregarle que Número cero puede ser también un manual del seudoperiodista, de la simulación que los medios en todo el mundo pueden hacer en aras de agenciarse ganancias económicas o influencia dentro de ciertos círculos de poder político o empresarial.
El Número cero de Eco narra la historia del Domani, un diario que nunca verá la luz y que se cocina sólo como un instrumento de presión y chantaje para personajes y grupos de poder que el patrocinador de esta farsa, el Commendatore Vimercate (personaje con reminiscencias a Silvio Berlusconi) planea mediante la conformación de una redacción con personajes en su mayoría patéticos y dispuestos también a autocensurarse.
Ambientada en el Milán de 1992, la obra en cuestión se encuentra llena de máximas y reflexiones sobre el mal periodismo, los intereses y el tratamiento de la información que revela a cierto tipo de lectores como menores de edad, incapaces de entender o intuir que le están mintiendo, que la realidad se la han torcido los medios impresos o electrónicos que consumen a diario
Así y por ejemplo, Simei, el editor en jefe del Domani, le dice a una de las reporteras que “los periódicos enseñan a la gente cómo deben pensar… la gente al principio no sabe qué tendencia tiene, luego nosotros se lo decimos y entonces la gente se da cuenta de que la tiene”.
O el periodista Braggadoccio, uno de los personajes centrales de la novela de Eco, cuando sostiene que “el caso es que los periódicos no están hechos para difundir sino para encubrir noticias”.
Quienes se dedican al periodismo ya sea como reporteros, editores, directores o dueños de medios, entenderán perfectamente de qué escribe Umberto Eco. Algunos, incluso, pueden verse retratados y hacer como que la virgen les habla. Pero el Número Cero del escritor italiano es una ventana oracular para asomarse a las miserias de un oficio que al igual que la política puede también estar absolutamente corrompido.
No se encuentra a discusión que la libertad de expresión es una garantía que todo periodista debe contar entre sus derechos fundamentales, pero no estaría mal preguntarse, cuestionarse, si todos aquellos que se dedican o pretenden dedicarse al periodismo son merecedores sin cortapisas de tal concesión.
El Domani, el diario imaginado por Eco, es el espejo de muchas publicaciones, por ejemplo en México, de gente que se hace llamar periodista sólo porque escribe en cualquier pasquín al que ya se le llama periódico y que a la larga no es ni una cosa ni la otra.
Número cero es también una visión pesimista de cómo la realidad se nos puede torcer. Pero peor aún, y al mismo tiempo, a nadie parece importarle lo que un día pasó porque al transcurso de los años todos lo habremos olvidado.
La periodista fracasada, Maia Fresia, uno de los personajes entrañables de la novela de Eco, describe esa indiferencia de la gente de cualquier país cuando le dice a Colonna, uno de los protagonistas: “a partir de mañana podrías ir por el mundo diciendo que el Papa degüella niños y luego se los come o que fue la Madre Teresa de Calcuta la que puso la bomba en el Italicus, y la gente dirá – ¿ah sí? Qué curioso-, se dará la vuelta y seguirá a su bola”.
Sin desperdicio entonces el Número cero de Umberto Eco, esencial para quienes estudian comunicación, para reporteros, editores, dueños de medios y lectores de prensa diaria. Que cada quien se ponga el saco si le acomoda.
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