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Alfonso Díaz Rey*
Viernes 31 de enero de 2025
Ante las bravatas y amenazas que Donald Trump lanzaba antes de asumir su primer mandato presidencial, el 1 de diciembre de 2016 el presidente de nuestro país en ese tiempo, Enrique Peña Nieto, hizo un llamado a la unidad en el que planteó: «Los dos años que siguen implicarán retos considerables. Uno de ellos será establecer una relación constructiva con el nuevo gobierno de Estados Unidos de América, nuestro vecino geográfico y principal socio comercial. La respuesta fundamental a ese y todos nuestros retos es y será la unidad» (La Jornada, 2 de diciembre de 2016, p. 4).
En refuerzo a ese llamado, su secretario de Trabajo y Previsión Social, Alfonso Navarrete Prida, lo secundó diciendo que «[…] se requiere que los sectores obrero y empresarial, así como el gobierno, cierren filas para defender el empleo, las inversiones y la economía; además, que dichos sectores tendrán que planear el futuro inmediato para tener capacidad de respuesta frente a lo que ocurra a partir del año próximo en el país vecino» (La Jornada 6 de diciembre de 2016, p. 10).
Hace poco más de ocho años a los empresarios, sobre todo a los grandes, les preocupaba, como ahora, la disminución de sus ganancias, por lo que como clase dominante y con el control del gobierno apelaban a la unidad nacional, como vía para defender sus intereses.
Ocho años después, frente al mismo desquiciado personaje y otras condiciones políticas en nuestro país ─continúan como clase dominante, pero ya no controlan totalmente el gobierno─, ante el llamado a la unidad nacional que hizo la Comisión Permanente del Congreso de la Unión para enfrentar las amenazas y acciones contra México que pudiera llevar a cabo el nuevo gobierno de Estados Unidos, organizaciones empresariales han manifestado disposición para contribuir a paliar algunos de sus efectos.
Aun cuando en esta ocasión no son los grandes empresarios quienes están detrás del llamado a la unidad, les conviene sumarse. Lo harán en defensa de sus intereses y en busca de salir beneficiados. Porque su objetivo sigue siendo el mismo.
Aunque existe un propósito definido y viable para intentar una posición unitaria, por las características de los sectores sociales que la conformen convendría establecer, entre otras cosas y con la mayor claridad, los principios éticos y estratégicos que regirán en tal unidad.
Conviene prestar atención a las propuestas y demandas que presente el sector empresarial para que su realización o concesión no signifique retroceso alguno en materia de derechos ni de las condiciones de vida y trabajo de los trabajadores. Y, sobre todo, evitar confundir los intereses de la nación con los de la clase dominante.
Si consideramos que los pueblos y gobiernos que defienden su soberanía e independencia son un obstáculo para el dominio imperialista, no es aventurado pensar que el gobierno de Estados Unidos ─y de manera general, el gran capital─ redoblará sus esfuerzos por echar abajo el proceso de transformación que se da en nuestro país, para retornar a los gobiernos sumisos a los intereses imperiales.
En estos momentos es imprescindible unir esfuerzos y crear una agenda común, a nivel interno e internacional, que enfrente al proyecto de dominio mundial que ha manifestado el nuevo ocupante de la Casa Blanca.
Una forma de contribuir a la defensa de nuestra soberanía e independencia sería trabajar en torno a la organización y unidad de pueblo para apoyar decididamente la transformación del país y, en lo posible, acelerar y llevar a sus últimas consecuencias tal proceso, para construir un México más justo, libre y soberano.
* Miembro del Frente Regional Ciudadano en Defensa de la Soberanía, en Salamanca, Guanajuato.
Foto de portada: David Gracia (@david-gracia) / Pexels.
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