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Refugiados sirios: placer de compartir

Diálogo Global / Top News / 11/12/2015

SOMOSMASS99

 

Raúl González García* / Centro de Colaboraciones Solidarias

 

Doce millones de personas han huido de sus casas desde el comienzo de la guerra civil siria. Han huido de sus hogares y dejado todo atrás. Aún en la pobreza se sienten felices por estar vivos. Han aprendido a dejar de lado lo material y a apreciar su felicidad espiritual y la de quienes están a su alrededor.

El campo de refugiados de Azraq se abrió el año pasado para acoger a las personas que llegaban desde Siria en busca de refugio. A pesar de las duras circunstancias del campo, algunos refugiados dedican su tiempo a mejorar la condición de vida de los demás.

Kareem, de 65 años, vive junto a su mujer y sus 14 hijos en un campo de refugiados. Tuvieron que huir de su aldea de Homs en Siria cuando unos hombres llegaron a su casa, le amenazaron y tuvo que entregarles todo lo que tenía.

“Me fui de Siria porque temíamos que iban a volver a matarnos a todos”, explica Kareem. Ya en el campo de refugiados y sin trabajo, la vida se le hacía muy pesada. Él quería colaborar, ser útil para los demás, así que se dedicó a ello.

Kareem no terminó la secundaria, pero se le daba bien la construcción y se ganaba la vida con ello. Trabajaba en una empresa dedicada al sector y ahora, en el campo de refugiados, se dedica a construir juguetes. Construyó un avión de juguete con materiales que encontró por ahí y esto ayuda a hacer más llevadera y alegre la vida de los niños pequeños en el campo. “Los aviones me encantan. Esto me ayuda a aliviar el estrés”.

Como Kareem, Hassna llegó al campo en busca de refugio y ahora intenta ayudar a los demás. Tiene 60 años y llegó desde Deera, al sur de Siria. Con su profundo conocimiento en botánica ayuda a los refugiados con sus remedios naturales creados por medio de las propiedades medicinales de las plantas. Antes dedicaba su vida a vida a dar conferencias científicas por todo el mundo y a cuidar bancos de semillas y viveros de plantas desconocidas, aunque útiles por sus propiedades.

“Me fui de mi casa sin nada, solo cogí 15 libros sobre el estudio de plantas medicinales, y también he traído mis semillas más preciadas”, explica Hassna.

Ofrecen lo que tienen a los demás sin esperar nada a cambio, por el placer de compartir.

*Periodista






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