SOMOSMASS99
PERSIGUIENDO SOMBRAS
Raúl Muñiz Torres
El gobernador de Veracruz, Javier Duarte de Ochoa, bien podría estar en estos días lanzándole a la prensa una cierta mirada con tintes irónicos, sarcásticos.
A finales de junio le dijo a periodistas de su estado que “no hay que confundir libertad de expresión con representar la expresión de los delincuentes a través de los medios” y que su gobierno “pensaba sacudir el árbol de donde caerían muchas manzanas podridas”.
Las declaraciones de Duarte se interpretaron como una clara amenaza a los trabajadores de la información y ante el asesinato del fotoreportero, Rubén Espinosa, en la Ciudad de México, los dedos acusadores señalaron al gobernante como presunto culpable.
Pero la vida suele ser a veces cruel y paradójica, no fue Duarte de Ochoa quien sacudió el árbol, el movimiento telúrico vino de la voz del propio gremio: Luis Domínguez, director del periódico El Buen Tono de Veracruz, le dijo a Ciro Gómez Leyva en entrevista, que había tenido que despedir en un año a 27 reporteros que se dedicaban a “recibir dinero de funcionarios corruptos”.
Textual y sin matices, Domínguez fue muy claro:
“No sólo hay reporteros que reciben dinero, sino que hay quienes solicitan y extorsionan a funcionarios tontos y funcionarios corruptos y en el caso de El Buen Tono, yo en un año he tenido que correr a 27 reporteros y tenemos una plantilla de más de 60”.
Más aún, el director de El Buen Tono señala directamente a las empresas de medios de pagar miserias a sus periodistas lo que los obliga a llevar a cabo estas prácticas que si nos atenemos a las palabras de Domínguez, representan una acción delincuencial que debe ser castigada por la ley.
Y siempre que un director de un medio se refiera así a la prensa, es noticia: por eso extraña que luego de las palabras de Domínguez, los medios y periodistas agoreros de la libertad de expresión, no hayan analizado, reflexionado y registrado con mayor vehemencia las palabras del directivo.
Pareciera que hacerlo los pondría en una posición de incorrección política y no debiera ser así. A los medios, a la prensa, le hace falta un ejercicio de mayor autocrítica y reflexión para admitir que a veces, en la casa, no andamos tan bien.
Es más fácil suscribir cartas “abajofirmadas” sin antes visualizar el contexto de los hechos, dimensionar en su justa magnitud cuándo realmente se ataca la libertad de expresión y cuándo debemos recordar que antes que periodistas, somos seres humanos expuestos a las debilidades que la vida cotidiana nos endilga.
Que nadie se confunda: la exigencia a las autoridades para que se respete el libre ejercicio periodístico no está a discusión, la garantía de una voz libre no es negociable pero no debemos perder de vista que no es sólo labor del Estado la defensa de este derecho, desde los medios, no parece hacerse mucho por la integridad de sus reporteros.
En septiembre del año pasado, en este mismo espacio, preguntaba: ¿Quiénes marchan por la libertad de expresión? Y ahí escribía lo siguiente sobre la manera en que debemos proteger nuestro oficio:
“Cuidar quién escribe o no en nuestras páginas, escuchar más otras voces y ciertos hechos que en otros medios van a breves o no aparecen. Cuidar también el no suscribir manifiestos “abajofirmados” por personajes cuestionables.
“Alzar la voz, sí, cuando ocurren casos como el de Karla Silva. Acudir a la memoria. Bajarnos de la soberbia que da ver el mundo desde la primera fila, ser más autocríticos cuando nos equivocamos y críticos cuando otros medios no son consecuentes con el oficio. Y sí, estar dispuestos a decir adiós cuando el canto de las sirenas está por alcanzarnos; preferible decir adiós que el juicio de la memoria de alguien que en el futuro nos puede señalar como ‘cómplices’”.
Así se expresaba quien esto escribe hace casi un año y lo seguirá haciendo mientras perciba que no se puede hablar de victimismo si no miramos antes la paja en nuestros propios ojos.
Risueño el gobernador Duarte y le hacemos cosquillas. ¡No, bueno!
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