SOMOSMASS99
Israel Espinosa Ramírez / Másde131
Ciudad de México / Domingo 13 de marzo de 2016
A quienes vivimos nuestra infancia durante la década de los 90 hubo eventos y cosas que nos marcaron: la Guerra del Golfo y el Dream Team, Michael Jordan y el mundial de Italia 90, la caída del muro del Berlín y el levantamiento zapatista, los tenis perestroika…
Por esos años, el rock mexicano resurgía desde los hoyos funkis y las periferias para convertirse en el centro de atención de disqueras, televisoras y revistas; surgieron infinidad de ritmos, propuestas escénicas y sonidos, pero además, lugares donde podían desarrollarse: La Diabla, El Fixion, El Lucc, Rockotitlán, Rockstock y El Alicia.
Todo ello no hubiera sido posible sin la exigencia constante de las bandas y sus escuchas, quienes nunca cejaron en la demanda de que el gobierno abriera espacios durante la década anterior; la libertad para reunirse se sumó a los acontecimientos posteriores del sismo de 1985, cuando los habitantes de la ciudad se dieron cuenta que juntos eran más fuertes que el Estado.
El impulso arrastrado desde el final de los años setenta hasta los años noventa se debió en muchos sentidos a las bandas alternativas que crearon nuevos espacios y públicos. Al mismo tiempo, las grandes corporaciones como BMG, Televisa y Sony vieron la posibilidad de encauzar toda esa energía hacia sus propósitos comerciales a través de estrategias como el seudo movimiento Rock en tu Idioma, el cual intentó mostrar tanto la propuesta más ligera como la más “avanzada” del rock en Iberoamérica. A la par, pretendió decir que antes de eso no había rock en español, omitiendo la gran tradición de rock en México, Argentina y demás países de habla hispana. Sin embargo, no todo fue malo dentro de esta estrategia comercial. Rock en tu Idioma acercó a mucha gente a este tipo de música y a otros sonidos, además expandió el público, el cual abarrotaba los nuevos lugares para escuchar a bandas en vivo. Sin duda los años noventa y toda su explosión fueron producto del caldo de cultivo que fue la década anterior.
Entre toda la diversidad que surgió, hubo bandas que destacaron por su calidad y su propuesta, pero de entre todas ellas hubo una que marcará un hito en la escena nacional, Santa Sabina; no solo por su increíble calidad musical, compuesto de algunos de los mejores músicos de su generación, Alfonso Figueroa en el bajo, Pablo Valero en la guitarra, Patricio Iglesias en la batería, Jacobo Liberman en los teclados y por supuesto Rita Guerrero en la voz (además de los que se incorporaron después, como Alejandro Otaola y Leonel Pérez ).
Todas las personas pueden reconocer a Santa Sabina por dos cosas: porque ninguna banda mexicana ha sonado igual a ellos y por la voz de Rita. Con su origen en el jazz, Santa Sabina siempre sonó a destiempo de sus contemporáneos, con influencias del synth, new wave, gótico, pero también con una base de bajo que recordaba mucho a las grandes bandas de funk; con una experimentación libre y profunda construyeron un sonido único y al mismo tiempo una fuerza escénica sin igual, que Rita aportaba por su preparación en arte dramático. Yo los recuerdo en los conciertos que se hacían en Ciudad Universitaria, siempre en apoyo a alguna causa social, donde alternaban con las bandas más representativas como Café Tacvba, Maldita Vecinadad, Tex Tex, Los Lagartos, La Cuca, entre otras.
Después de 1994 y el levantamiento armado del EZLN, Santa Sabina se avocó a apoyarlos y muchos conciertos, prácticamente gratuitos, fueron en solidaridad con las bases; se pedía un kilo de grano y una cooperación mínima en dinero. Estos conciertos masivos fueron el antecedente del Vive Latino. El último de ellos, el “Vibra Votan”, ayudó a financiar la Marcha del Color de la Tierra en el año 2000. Estos eventos demostraron el potencial de la música para generar el poder y la organización de la juventud; y a su vez, los colocaron como un botín político para que durante la segunda mitad de la década de los noventa, el gobierno del PRD encauzara todo esto hacia fines políticos, trayendo de manera gratuita a infinidad de bandas durante el gobierno de Cuauhtémoc Cárdenas.
En este sentido, Santa Sabina demostró que no por tener un compromiso político se debía sacrificar lo estético, le cantó al movimiento zapatista fuera del lugar común. Los peces del viento y Olvido son canciones que públicamente les dedicaron. De la misma manera, los contenidos políticos de sus letras no siempre estuvieron a cargo de Rita. También colaboraron en muchas ocasiones los escritores Adriana Díaz Enciso y Jordi Soler, que fueron evidentes en cada uno de sus discos.
Sus letras estaban atravesadas, sí por lo político, pero al mismo tiempo por lo emocional, por la condición del ser humano en un mundo contradictorio y efímero, como las canciones El Ángel, La Garra, Babel, La Risa de Dios o Ecos de tu Piel. Santa Sabina le cantó al amor, no al romántico, sino a un amor trascendental y metafísico, que estaba encarnado en una persona pero que en realidad podía estar en cualquiera ser. También le cantó a la soledad, al temor a la muerte, al olvido y en general a las vicisitudes de la existencia humana.
La voz de Rita, junto con la puesta escénica y la excelente ejecución musical de la banda, nos trasportaban a un mundo distante, etéreo, lleno de seres celestiales y demoniacos, un mundo material pero místico en donde el ser humano se encuentra extraviado entre lo que siente y lo que vive, perdido en la ciudad y en la modernidad. En cada presentación Rita nos hacía sentir, ver y oír ese otro mundo, nos trasportaba con su voz a ese lugar onírico. Si bien todos juntos eran geniales en el escenario, Rita era un plus, podría decir que es una de las voces más importantes del rock nacional. No ha habido nadie como ella.
Rita fue congruente entre lo que cantó y lo que vivió. Se comprometió de manera activa con el EZLN, usó su voz como una bandera, su carisma y potencia en el escenario, su batalla, le cantó a la vida, a esa que podemos vivir juntos, a esa que se comparte desde el escenario al público, esa que surge cuando compartimos una canción de ella y nos conecta con lo más profundo de nuestro ser. Escuchar a Santa Sabina no es fácil, pero Rita nos enseñó un camino por el cual podíamos transitar de nuestros sentires individuales a nuestros sentires colectivos. En los tiempos más difíciles nos mostró que había un camino para la solidaridad y el amor, que a pesar de que todo puede estar cayendo a un abismo hay una esperanza en el otro, en el que está a mi lado.
Rita murió un 11 de marzo pero de 2011
A 5 años de su muerte se le sigue extrañando en los escenarios, la escuela en la que enseñaba, los teatros, en la televisión cultural. Se extraña su voz y su increíble presencia, su solidaridad y su fuerza creativa. Rita fue víctima del cáncer pero también de la increíble desigualdad del país que sigue sin tener un sistema de salud universal que sea eficiente. Como muchos artistas, Rita no tenía un seguro médico que la protegiera. El día de hoy no te recordamos con tristeza, sino con la fuerza que nos trasmitiste para vivir.
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