SOMOSMASS99
Víctor Corona*
Ropa tendida

Me gusta ver ropa tendida
siempre me gustó
musho antes de que leyera a Neruda
esa frase donde
calzoncillos y camisas lloran
lágrimas sucias.
Me gusta ver ropa tendida
más la sábanas
de morro
me escondía en medio
respiraba profundo
el olor a jabones
pensaba
la vida tiene cosas shilas
veía a mi madre
de lejos
estirar y fregar
-fuerte-
con los brazos
salpicando agua
burbujas de jabón
renegando por el sol
cómo ensuciábamos ropa
por andar en esa pinshi bicicleta
pinshi shamaco cabrón.
Me dicen que miro demasiado hacia dentro
ensimismado
-más bien egoísta-
no soy diferente a los demás
estoy alerta a cada sonido
a cada signo que me acerque
a la catástrofe
al drama
las paredes son altas
desde arriba vigilan las gaviotas
me siento en el suelo
recojo las piernas y dejo que el sol me bañe
pero yo
miro demasiado para adentro
mientras la ropa tendida
bailotea estos vientos de desierto.
Tuve una cita con el atardecer
-pero la bruma se interpuso-
pasé al Calimax por unas sheves
pensé
quizá así pueda dejar de mirar
para dentro
compré un sixto
también una botella de tinto.
El Nenorro abrió la puerta
tuve miedo a una perra
-solo un segundo-
de una perra maravillosa.
Me presentó al Koña
Yuritzi salió
vimos el atardecer
lo que quedaba de sol
los barcos sardineros
deambulaban.
Llegó la noshe
abrimos las sheves
hablamos de amor
hablamos de tetas
hablamos de culos
de vatos culeros
de morras culeras
de amores torpes
de amores coshis
de braveos
de elecciones en la vida
de amores aparcados
de qué culeros son los pinshis gringos.
Hablamos de Bahía Tortugas
de Isla Natividad
nos las curamos
hablamos de ser zarras
pinshi hambre
me dio vergüenza ir por unos tacos del Flamazo
el Nenorro abrió una lata de almejas
-El Progreso-
les puso shile
limón
clamato
No teníamos galletas.
Yuri se acopló
-ensimismado-
la tristeza se me empezó a meter
como humedad
entonces
empecé
a hacer eso que hago para no llorar
reírme de mi mismo
hacer que los demás se rieran
de mis desgracias
de mis cejas
de mi panza
de mi próstata
de mi manera de querer
de mi edad
de mi poca tolerancia al alcohol.
Me levanté
-contento para todos-
triste para mi
me fui tambaleando un poco al coche
los tráileres pasaban
frenando fuerte
encendí la ranfla
-no había nadie-
Tuve un shingo de ganas de enfierrarme hasta el sur
pasar por Cataviña
y ver si me encontraba conmigo mismo
-el de hace un año-
quise enfierrarme a Tortugas y cruzar a Natividad
hacerle el paro al Koña con esa cura
zarra
de ayudar a esa morra a tomar una lancha
para ir a ver al otro vatillo
porque el tiempo pasa
pero aún pude ver
detrás de sus lentes gruesos
y de su cara dulce
esas muecas de dolor
de dolor zarra.
Atravesé envergado el Sauzal
-abriendo la noshe-
con el emputamiento rompiendo
como las olas en Punta Morro
pinshi ciudad zarra
pinshi vato zarra
pinshi vato zarra
pensaba
mientras los culeros de la radio ponían
el himno nacional
-no mames-
una sheve
y dos copas de vino
Llegué a mi casa
-sin saber cómo-
me metí a la cama
sin cerrar las cortinas
vi ropa tendida
sábanas también
y pensé
la vida debe tener cosas shilas
pero un estruendo me levantó
una granizada caía encima
y entonces vi
en la oscuridad encendida por la luna
como aquellos versos de Neruda
en el patio de mi casa
a las cuatro de la madrugada
decenas de fantasmas lloraban
lentas y tristes
lágrimas sucias.
* Víctor Corona estudió Literatura Hispanoamericana en la Universidad de Guanajuato, México, y el doctorado en la Universitat Autònoma de Barcelona, España. Actualmente se dedica a la investigación.
Foto de interiores: Roman Synkevych (@synkevich) / Unsplash.
Foto de portada: Wendolyn Anderson (@gwendynmackenzie) / Unsplash.
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