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Salvar a la humanidad

Diálogo País / Top News / 15/12/2017

SOMOSMASS99

 

Alfonso Díaz Rey*

Viernes 15 de diciembre de 2017

 

«Mañana será demasiado tarde para hacer lo que debimos haber hecho hace mucho tiempo».

Fidel (12-06-1992)

 

El mundo entero está preocupado por el cambio climático, consecuencia en buena medida del calentamiento global causado por la utilización irracional de combustibles fósiles para le generación de energía.

Una parte importante de la comunidad internacional considera que los esfuerzos que se realizan para enfrentar este grave problema son insuficientes y además su aplicación es lenta y desigual; lo que hace prevalecer la sensación que como humanidad estamos perdiendo la batalla ante esa amenaza. Las declaraciones y comentarios de los asistentes a la cumbre «One Planet», celebrada esta semana en París, dejan ver esa peligrosa tendencia.

Cada vez son más los miembros de la comunidad científica internacional que se suman al llamado a todos los países y gobiernos del mundo para enfrentar con seriedad este problema, con la advertencia de que pudiéramos llegar a un punto de «no retorno» que significaría el principio del fin de la raza humana y otras formas de vida en este planeta.

El cambio climático es un proceso en el que ocurre una variación significativa y perdurable de la distribución estadística de los patrones climáticos que pueden durar desde décadas hasta millones de años, cuyas causas pueden obedecer a factores externos (variación de la actividad solar, cambios orbitales de nuestro planeta, impacto de meteoritos), o a factores internos (movimiento de los continentes, composición de la atmósfera, modificación de las corrientes oceánicas, variaciones del campo magnético de la Tierra); es un fenómeno que se ha presentado anteriormente en la vida de nuestro planeta. La diferencia con los anteriores es que en el actual tiene mucho que ver la actividad humana, lo que ha dado en llamarse «efectos antropogénicos».

La actividad humana, sobre todo la manera en que lleva a cabo la producción de sus medios de subsistencia y los satisfactores de las necesidades reales e inducidas es la causante de que un proceso que a la naturaleza le tomo miles y en algunos casos millones de años en desarrollarse, actualmente nuestras acciones lo han precipitado. El detonante fue la Revolución Industrial (1760-1840), que provocó la expansión acelerada de un sistema, el capitalismo, que pronto se convertiría en una amenaza para la humanidad.

Como ejemplo de esa amenaza: en la historia de la humanidad, hasta nuestros días, han existido conflictos que desembocaron en guerras; sin embargo, las guerras más cruentas corresponden a la etapa de predominio a nivel mundial del capitalismo como sistema económico y político.

En esta etapa se han dado, además de los conflictos bélicos más brutales, la explotación más despiadada del ser humano por otros «humanos» y, algo aún más grave, la desequilibrada relación con la naturaleza y su irracional explotación; todo ello en busca de ganancias cada vez mayores, sin importar las graves consecuencias de ese modo de producción.

Y como el cambio climático amenaza a la humanidad, como tal debemos enfrentarlo, lo cual no quiere decir que la responsabilidad de lo que ocurre en el medioambiente sea la misma para todos los seres humanos. Quienes se han enriquecido, individuos y países, con la explotación del trabajo humano y de la naturaleza, tienen en este problema una responsabilidad y una deuda histórica enormes; lo que no nos exime de emprender las acciones necesarias a nivel individual, familiar o comunitario, para contribuir a su solución.

Es incuestionable que si esta grave amenaza contra la humanidad es consecuencia de una forma de hacer las cosas, queda claro que quien la causa, el capitalismo, es incapaz de solucionarla.

Por ello, hasta ahora, los intentos de enfrentar el cambio climático han resultado poco menos que un engaño. Las medidas adoptadas, en las que la participación de grandes empresarios y grupos financieros ha tenido un gran peso, también contienen elementos en favor de los intereses de esas personas y grupos, lo cual inhibe los efectos que de ellas se esperaban.

Si seguimos como hasta ahora, sin llevar acabo medidas efectivas y de acuerdo al grado de responsabilidad individual o a nivel de países, el riesgo será para la humanidad, no tanto para el planeta. Sin humanos, la Tierra entraría en un proceso de depuración y autorregeneración que en unos cuantos cientos o quizá miles de años volvería a ser un paraíso.

Si conocemos las causas del problema, ¿por qué no actuamos decidida y conscientemente sobre ellas para resolverlo?

Recuperemos el paraíso y aprendamos a vivir con él.


* Alfonso Díaz Rey es miembro de la Constituyente Ciudadana Popular y del Frente Regional en Defensa de la Soberanía en Salamanca, Guanajuato.

Foto de portada: Pixabay.






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