SOMOSMASS99
José Antonio Bueno*
Miércoles 14 de febrero de 2018
La verdad es que se ha dicho mucho, para bien y para mal… desde diferentes perspectivas; muchos historiadores y escritores serios han rescatado valiosos datos que nos dan indicios válidos para definir su personalidad y su obra. Paco Ignacio Taibo 2, Elmar May y Michel Lowy, se han perfilado con sus letras como los mejores (al menos para mí); no sólo porque reconocen y argumentan su magnífica obra en pro de la Libertad y la Dignidad del ser humano, sino porque profundizan seriamente en su filosofía, su formación ideológica, su obra política económica y su lucha incansable como hombre de acción, como guerrillero y estratega en pro del desarrollo de “focos” de defensa contra el imperialismo a nivel mundial.

El deseaba un mundo alerta, un mundo libre dispuesto a defenderse siempre, un mundo poblado por “el hombre nuevo”, “su” hombre nuevo, de una moral en donde no cabrían los viejos preceptos capitalistas de la acumulación, ni el de robar el esfuerzo ajeno.
Muy temprano se da cuenta de que había “ellos”, el imperio, a los que identificaba desde muy temprana su vida; los que habían expandido su dominio como una mancha de ignominia a toda extensión de cuanto habían podido, a través de su historia. Que la sangre derramada durante la expansión de este imperio a lo largo y ancho del mundo ya formaba un océano; que habría que sumar brazos y cerebros por la defensa de la vida y la libertad.
Esta conciencia fue concebida y confirmada durante sus primeros viajes, pudo rozarse con la explotación en muchas partes de América Latina.
La literatura, de algún modo, liga estas circunstancias con las descripciones e interpretaciones filosóficas y económicas. Aparecen Marx, Engels y Lenin. Se sumerge con pasión en ellas en México, en el Fondo de Cultura Económica, de donde era velador y podía acceder en la Ciencia Social enfocada a la convivencia humana.
Se puede decir que en ese entonces ansiaba implicarse en otra causa de liberación, venía, en 1954, del derrocamiento de Jacobo Arbenz en Guatemala, su primera gran experiencia en la lucha social organizada; lo que vive siendo parte del triunfo y el golpe de Estado a Arbenz instrumentado por Estados Unidos es crudo, ya que el imperio no tuvo ningún recato en pisotear la dignidad de Guatemala, a través de la Agencia Central de Inteligencia usando como pretexto una “afectación” a la empresa United Fruit Company.
Así pues, en México, a instancias de Hilda Gadea, conoce al grupo primario de independentistas cubanos y a su líder Fidel Castro en la casa de María Antonia González (perseguida de la dictadura y a la cual le habían matado un hermano en Cuba), que vivía en la colonia Tabacalera; María Antonia arregla el encuentro de los dos personajes sin que ninguno de los dos lo supiera; tras una larga conversación, el Che acepta formar parte de la expedición para luchar en contra de la dictadura batistiana sustentada en la hegemonía norteamericana. Cuba en ese entonces era la “zona de tolerancia” del imperio.
Durante el período de entrenamientos que sostenían los futuros libertadores de Cuba en el Estado de México (Santa Rosa) son aprehendidos por la policía mexicana a instancias de la CIA, sólo fueron liberados con el aval del expresidente Lázaro Cárdenas del Río; Fidel decide adelantar la salida de la expedición del Granma.
Después de muchas vicisitudes en la navegación, pues hay norte, encallan en la playa de “Las Coloradas” a dos kilómetros de Sierra Maestra, enseguida son artillados por un acorazado y bombardeados por aviones, y de los ochenta y dos que salieron de Tuxpan, sólo quedó un grupo de quince, unos murieron y otros huyeron; después de reagruparse los vivos, comienzan a hacer contacto con sus bases sociales de la sierra y a conformar el ejército guerrillero con muchísimas dificultades, pero salen adelante poco a poco y muy pronto el ejército se hace grande, incluso llegan a faltar armas para los incorporados, de las que se van apropiando conforme van ganando batallas y desarmando al ejército de Batista.
Un rango humanista del Che que desmiente las detracciones que muchos le han adjudicado como sanguinario, es que él no ejecuta vencidos. Después de una campaña, en general exitosa, que comprende grandes hazañas y sacrificios, donde el valor del comandante Guevara queda patentado a ojos de todos, entra en diciembre de 1958 en Santa Clara, batalla que selló el triunfo de los revolucionarios. Batista huye, y el día dos de enero de 1959 entran triunfantes a la Habana, Camilo Cienfuegos, el Che y Fidel Castro.
Comienza la etapa de la construcción revolucionaria; la reconstrucción de Cuba. El Che se implica apasionadamente en este proceso, su mística de trabajo, su práctica humanitaria, su igualitarismo a ultranza y su conciencia revolucionaria sustentada en ese entonces, ya, en sus cuestionamientos al marxismo stalinista, el Che se determina antidogmático y comienza a redondear su teoría del “foquismo” y de la construcción del “hombre nuevo”.
Desempeña diferentes cargos para la Revolución Cubana, encargos de Fidel; desde presidente del Banco Nacional de Cuba, hasta Ministro de Industria, pasando por Auditor de guerra y Director del Centro penitenciario de La Cabaña e instructor militar.
Pero el espíritu de movilidad libertaria no se esfuma, aprovecha sus visitas a muchos países de Europa oriental y Asia, como Ministro de Industria, para amarrar convenios comerciales y de intercambio científico y cultural, pero sobre todo: observa, investiga y enlaza contactos para futuras incursiones de lucha.
De esta manera conoce: la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, China, Malí, El Congo, Guinea, Ghana, Dahomey, Tanzania, Egipto, Argelia.
En marzo de 1965 presenta el informe de sus visitas al Consejo de Ministros de Cuba y un mes después marcha al Congo a contribuir con sus “modestos esfuerzos”, según él, a la lucha libertaria de ese país, pues había dejado abierta esa posibilidad con insurrectos congoleses durante su visita, para ir a fortalecer su lucha.
El espíritu del Che está ahí, ése es él, el imparable; Fidel no puede convencerlo de quedarse; el Che comunista heterodoxo, el lector incansable, el escribiente, el organizador, el que no es capaz de pedir a alguien que haga lo que él no esté dispuesto a hacer, el que va primero a las balas, el que vive sobreponiéndose al asma toda su vida, el que no se raja nunca.
La operación en el Congo fracasa; los contactos habían prefabricado las condiciones favorables para la guerrilla, y en condiciones terribles tiene que abandonar el continente africano.
Aun así llega después a Bolivia, convertido en Adolfo Mena, el 3 de marzo de 1966, la CIA no le ha quitado los ojos de encima, ha sido su sombra; al gobierno norteamericano no se le olvida abril de 1961, Playa Girón… A nosotros tampoco.
Ernesto ha escogido ahora a Bolivia para “foco” guerrillero por su envidiable situación geográfica; sus múltiples fronteras y selvas la hacen óptima. Se ha organizado un precario ejército internacional de 44 hombres entre bolivianos, argentinos, cubanos y peruanos.
En marzo de 1967, Regis Debray y el periodista Ciro Bustos son hechos presos y torturados confiesan la ubicación del campamento guerrillero el 11 de abril y la CIA desata a sus perros de presa, incluido el ejército boliviano; como el campesinado boliviano no es como el cubano, el Partido Comunista de Bolivia no le brinda ningún apoyo, la guerrilla queda aislada, se divide huyendo y se pierde la mitad de hombres, son delatados por Honorato Rojas, un guía campesino y son emboscados, el Che es capturado y herido. Encerrado en la pequeña escuela del poblado de La Higuera es asesinado a las doce del día del 9 de octubre de 1967 por Mario Terán, suboficial boliviano, en presencia de los boinas verdes del ejército norteamericano.
Así murió, luchando; como siempre quiso; el hombre que concibió al “hombre nuevo”, ante todo con su ejemplo, con su congruencia de vida, con sus investigaciones y escritos…
“El hombre que defendió sus ideas con las armas y sus teorías con la acción”… Eduardo del Río.
“Considero que ese hombre fue no sólo un intelectual, sino el hombre más completo de nuestra época”… Jean Paul Sartre.
¿Alguna vez llegaremos a comprender “nosotros”, que existen “ellos”, que la igualdad para con ellos es una entelequia, y que no son nuestros hermanos mayores que nos protegen y nos hacen favores poniendo sus fábricas aquí y ofreciendo trabajos mal pagados?
Que tenemos que conquistar nuestra libertad primero, para comenzar a regenerarnos…
Ojalá el ejemplo patrimonial de Ernesto Guevara nos sirva de algo.
* Esta es una colaboración del Colectivo Miguel Hidalgo de Celaya, Guanajuato, al que pertenece el autor.
Fotos de portada e interiores: Pixabay.
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