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NOPALES Y HORTENSIAS
Carla Martínez*
Francia / Viernes 28 de junio de 2019
En Europa ha estado haciendo mucho calor. Mi hijo que está pasando una temporada en Alemania, se está cocinando de calor desde hace dos semanas. Acá en Bretaña, que es una península en el extremo occidental de Francia, generalmente nunca hace tanto calor. Quienes vivimos acá somos la burla del resto del país porque el clima es tan húmedo que puede llover en cualquier momento del año. Y bueno, otoño-invierno-primavera constituyen la temporada de lluvia, con algunos aguaceros en verano.
Pero llegó el calor. Noches durmiendo a más de 25°, nada habitual por aquí y mucho menos sensaciones térmicas llegando a los 40°.
Pero en fin, que es verano, que es normal, que no es “tanto” calor comparado con otros sitios, que el calentamiento climático. Aguanta uno, se pone uno ropa ligera y disfruta del sol que en otros momentos del año se da tanto a desear.
Lo que ha perdido sentido para mí es decir que yo no estaba acostumbrada a este calor.
Es como si por el hecho de ser mexicana, no tuviera yo derecho a sentir el calor. Porque evidentemente en México hace más calor.
Entonces, yo repito “la cuestión es que yo vivía en una meseta a más de 2000 metros de altura, lejos de la costa, lejos de la selva, en una zona más bien seca, ventosa y fría, en que la temperatura más alta es en primavera y cuando sube más de 25° es tan excepcional como este calor de aquí”.
Pero ya no me lo creo.
Las cosas empiezan a perder sentido de tanto repetirlas.
Tantas veces dices lo mismo, como en modo automático, que las palabras suenan vacías, absurdas.
No, no en todo México es la selva tropical.
México es un país mucho más grande que Francia, con distintos climas.
México es esto, es aquello… ¿en serio?
Este es mi tercer año sin volver a México. Entonces empieza a darme miedo que mi imagen mental de México empiece a ser otro tipo de estereotipo. Otro tipo de cliché que me fabriqué yo solita para sobrevivir esta sensación de siempre estar fuera de lugar. De sonreírle a la gente y que no me sonrían de vuelta. De no haber aprendido (todavía), todos los matices de la muy bien cuadrada convivencia social “a la francesa”. Entonces mi happy place mental es México. Es mi pueblito hidalguense con sus cerros y sus magueyes. Pero me da miedo idealizarlo. Me da miedo construirme una imagen que no corresponde.
De tanto repetir “soy mexicana”, ya no sé qué digo cuando lo digo… ¿qué quiere decir ser mexicana? ¿Por qué tengo que repetirlo todo el tiempo?
No es una queja, es una pregunta honesta.
Yo ya estoy construyendo, así a trompicones, una vida acá en Francia.
Tengo mi proyecto familiar, tengo un bonito proyecto profesional, tengo mi jardín, mis libros, mi karate.
Pero todavía me equivoco tanto, todavía me siento taaaaan extranjera.
Y sigo repitiendo, no sé si como un mantra o más bien como un ancla para mantenerme en tierra y no dejar que mi mente se me escape entre tanta confusión bicultural, que soy mexicana, soy mexicana, soy mexicana…
* Carla Martínez, además de contar historias como migrante internacional desde la Bretaña francesa, ha sido ghost writer durante años y actualmente redactora de contenido para una empresa española.
Imagen de portada: David Law (@dvdlw) / Unsplash.
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