SOMOSMASS99
Lázaro Uc Mas*
Sábado 8 de octubre de 2016
El 14 de junio me publicaban un artículo donde hablaba, entre otras cosas, de los jóvenes fascistas que gobiernan este México nuestro. Al día siguiente, Raúl Muñiz comentaba que tal calificativo era erróneo y además innecesario, entre otras cosas. En ese tiempo aun no sucedía lo de Nochixtlán, ni la aplicación de exámenes a los docentes resguardados por el ejército y la gendarmería. Tal vez a este tiempo, esos sucesos sean suficientes para mostrar el carácter fascista del Estado, pero igual no, en todo caso, ante el asesinato de los jóvenes normalistas apenas el 3 de octubre pasado, este rostro se agudiza, por ello la necesidad de este texto.
El fascismo tiene ciertas características bastante definidas. Aquí una cuantas de ellas y las formas específicas que adopta en nuestro país en el régimen de Peña Nieto:
1. Nacionalismo exagerado. Los últimos gobiernos y en especial el presente aluden de diversas formas a la exageración de un nacionalismo que no va con los tiempos. En México hemos acuñado el término patriotero para señalar justamente esa exageración no acorde a las situaciones ni a los tiempos. Un ejemplo muy claro es la presencia mediática del presidente ante los triunfos de atletas mexicanos, muchos de ellos, sin apoyo gubernamental.
2. No reconocimiento de los derechos humanos. En México el gobierno usa el slogan de los derechos humanos como tela de humo para encubrir, distraer, consolar, apaciguar asesinatos de lesa humanidad y donde se presume fuertemente la participación del Estado y nunca son esclarecidos. Aquí el discurso sobre los derechos humanos llena mamparas completas, pero los hechos, acciones y resultados no. Aguas blancas, Tanhuato, Acteal, los feminicidios, ABC, 43, y muchos etcéteras lo atestiguan.
3. Crear chivos expiatorios de la crisis nacional. Coludido con los medios, el Estado fomenta por doquier el malestar hacia los maestros y los estudiantes normalistas rurales. Desde inicio de este régimen los convirtieron en los responsables de la debacle educativa, y casi en la crisis nacional.
4. Supremacía de lo militar. En México los militares son intocables, tiene su propia estructura jurídica independiente y que no dan cuenta de ello al pueblo. Crearon una gendarmería para incrementar la policía del Estado y desarrollaron un programa para que esas fuerzas adquieran más presencia ante los ciudadanos. No lo logran pero si se gastan los millones en ello. El caso de Sinaloa ilustra lo anterior.
5. Control de los medios. ¿En verdad alguien en su sano juicio puede negar que los principales medios de comunicación están al servicio de los gobiernos en turno?
6. El poder corporativo es protegido. La relación gobierno-empresarios lo exhibe, ni duda cabe. Peña mismo se dijo promotor de la Coca Cola, y en julio del 2016 los diputados aprobaron el veto a la ley 3 de 3, que buscaba transparentar la actividad de empresarios con recursos públicos.
7. Poder laboral suprimido. En México las principales centrales de trabajadores están corporativizadas al Estado, que es la forma moderna de suprimir. Y a los que no se dejan corporativizar se les reprime, que es la forma neoliberal de controlar. Caso específico, la aplicación de la reforma educativa.
8. Elecciones fraudulentas. El amiguismo, el compadrazgo, venta de favores, compra de lealtades, tráfico de influencias son el quehacer cotidiano de la clase política mexicana y es lo que soporta las elecciones en México. Nada transparentes y a ojos vistos, fraudulenta. Y como testigos, los mismos actores políticos. En 2007, el entonces ya ex presidente Vicente Fox aceptaba haberse inmiscuido en las elecciones de 2006.
Así que pensar que Aurelio Nuño, Miguel Ángel Osorio Chong, Luis Videgaray y Enrique Peña Nieto sólo son “cuatro incompetentes pertenecientes a una estirpe política corrupta e impune personificada en las filas del Partido Revolucionario Institucional.” es bastante magnánimo. Pero no, no son sólo cuatro incompetentes, sino que son cuatro representantes de las clases que gobiernan México y que hoy son dueños del aparato estatal. Y como dueños del Estado lo usan y ponen a su servicio. Y el servicio que necesita hoy de ese Estado es justamente la de un Estado fascista. Por ello, hacen todo lo que se ha descrito. Y por eso vivimos hoy bajo un régimen, no formado por cuatro incompetentes sino por cuatro personajes que administran de la mejor manera que entienden, la necesidad de un Estado fascista.
Raúl Muñiz comenta que los maestros se pierden en motivaciones y argumentos previsibles y que no son capaces de esgrimir argumentos que defiendan su causa mediante la lógica. Por lo que a su servidor respecta, existen definiciones del fascismo aquí expuestas presentes en el actuar del Estado mexicano y personificados por esos cuatro, que señalan porqué vivimos en un Estado nada democrático y sí con rasgos fuertemente fascistas que deberían alarmar en lugar de añorar la existencia de un Estado democrático que no existe.
La construcción de un Estado con fuertes rasgos fascistas que simula ser un Estado democrático no se construye en pocos días, lleva décadas, y en esas décadas deja una estela muy nítida de insatisfacción, pobreza, miseria, desencanto, injusticias, políticas erróneas, reformas ocurrentes. Mucho de esto se traduce en la vida cotidiana de miles de ciudadanos en hambre, cárcel, despojo de bienes, y en la última década en un aumento impresionante de desapariciones forzadas, secuestros, levantamientos y asesinatos. Tal vez por ello las demandas son las mismas, y estimado Muñiz, tal vez no cambie en muchos años por venir. Las demandas seguramente serán siempre las mismas, porque no se construyen de un día para otro ni responden a voluntades individuales, antes es necesario comprender que se inscriben en una larga historia de construcción sin precedentes de un Estado autoritario.
Tal vez por eso las motivaciones sean previsibles. No son muchas, la mayoría nace de la indignación ante la injusticia, del dolor ante el escarnio, de la rabia ante la impotencia, de la vergüenza de un país como este, de la tristeza ante análisis estrechos y de la necesidad de pensar un futuro distinto. Los argumentos nacen de esas motivaciones y, acostumbrados a hablar claro, sin la retórica innecesaria de académicos y políticos redundantes, los argumentos sólo recrean discursivamente las mismas realidades que nacen de las mismas necesidades. Sí, tal vez sean argumentos previsibles, porque tal vez se refieran a una misma realidad que lleva décadas simulando lo que no es.
Calificar de populista el discurso y la acción que nace de la necesidad de hacerse escuchar en este país, no sólo es desproporcionado y claramente inapropiado, sino alude a calificativos y discursos añejos de la clase política mexicana. Algo así como ‘¿quieres desacreditar a tu rival político?, llámale populista’. Y sin embargo, Obama le responde muy populistamente a Peña Nieto. Utilizar el populismo de cualquier modo para analizar una posición, es una acción claramente populista y sólo ofrece falsas disyuntivas, y argumentos falaces.
El problema de México y de los maestros, y de todos, poco tiene que ver con populismos de diversas índoles y mucho más con la incomprensión de la formación de clases, estamentos, aparatos burocráticos y estatales que en décadas permite la construcción silenciosa de los rasgos cada vez más evidentes de un Estado fascista que hoy camina lenta, pero inexorablemente en nuestro país. Tiene que ver con la construcción de desigualdades sociales económicas y políticas que muchos se niegan o no alcanzan a ver, y sitúan la condición económica de México en “misterios” como la que acaba de mencionar el Banco Mundial. No hay nada misterioso en la pobreza estructural mexicana y, por oposición, a la riqueza estructural de la clase empresarial oligarca de este país. Ni tampoco son nada misteriosos los discursos y calificativos con que se empeñan en empañar las enormes contradicciones.
Tal vez ya es tiempo de analizar los asuntos de este país sin la referencia a falsas disyuntivas y acusaciones falaces que nada tiene que ver con ningún color populista, a frases en ningún sentido amenazantes o asignar los males a sólo la incompetencia de cuatros jóvenes fascistas. Remitirse analíticamente a las acciones individuales, a estereotipos sociales como objetos conceptuales, o a perfiles personales en vez de representaciones sociales, estamentales y de clase, tal vez no ayuda mucho a comprender la lenta formación de un Estado que simula perfectamente la democracia mientras actúa como fascista.
* Lázaro Uc Mas es profesor, pertenece al Movimiento Democrático de Trabajadores de la Educación de Guanajuato (MDTEG).
** Foto de portada: Arturo Pérez Alfonso / Cuartoscuro.
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