SOMOSMASS99
Alfonso Díaz Rey*
Viernes 2 de agosto de 2024
«Creen en la necesidad, en el derecho bárbaro, como único derecho: “esto será nuestro porque lo necesitamos” […]».
– José Martí.
Cualquier pueblo en el mundo que se atreva a ejercer plenamente su soberanía será objeto de políticas y acciones de los países imperialistas y sus lacayos para someterlos a las condiciones que faciliten su explotación y el despojo de sus riquezas. Ejemplos hay muchos, sobre todo desde la segunda mitad del pasado siglo.
Estados Unidos, como potencia imperialista hegemónica se siente con el derecho de imponer un modelo económico y político a los demás, derecho derivado de doctrinas elaboradas en el siglo XIX a raíz de su obsesión expansionista.
Tales doctrinas ─Monroe (1823) y del Destino Manifiesto (1845)─ arraigadas en la clase dominante de ese país e inculcadas a los sectores más conservadores de su población forman parte del sustento ideológico de la política y el comportamiento internacional de Estados Unidos. Casi todos los pueblos de Nuestra América han sido víctimas de ello.
Desde hace 25 años, cuando Hugo Chávez ganó la elección y asumió la presidencia, Estados Unidos está empeñado en recuperar el control que antes tenía sobre Venezuela y sus grandes riquezas naturales. Ha recurrido a toda clase de acciones contra el pueblo venezolano (terrorismo, sabotaje, golpes de Estado, sanciones económicas y diplomáticas, robo descarado de riquezas de esa nación, intentos de magnicidio, invasiones mercenarias, la nominación de un «presidente» espurio, etc.) y en todas ha fracasado, aunque ha provocado graves daños y problemas al pueblo de Bolívar.
La reciente jornada electoral en Venezuela, en la que resultó reelecto Nicolás Maduro, mostró que la mayoría del pueblo desea continuar con un proyecto independiente y soberano, intolerable para el imperio yanqui y la oligarquía local.
Previendo el resultado, la oligarquía, la ultraderecha, el imperio y sus lacayos desplegaron una ofensiva mediática en la que, desde antes de realizarse, calificaron la elección como fraudulenta y se negaron a reconocer los resultados si estos les fueran adversos, no obstante las otras fuerzas opositoras habían signado un acuerdo en reconocimiento a la confiabilidad del sistema electoral.
La oligarquía y la ultraderecha venezolanas, manipuladas por sectores del gobierno de Estados Unidos y por grandes intereses económicos de ese país, están fraguando un golpe de Estado. Cuentan con el apoyo de una serie de países cuyos gobiernos son incondicionales y subordinados a Washington, con los medios monopólicos de información, la derecha internacional y la OEA (no podía faltar). Han generado disturbios en los que, desafortunadamente, ya hubo víctimas mortales y, al parecer, han escogido el camino violento como vía para obtener lo que les ha sido imposible en las urnas y en su auxilio llaman a la insurrección militar y a la intervención directa de las fuerzas armadas de Estados Unidos para «salvar la democracia», sin importarles la soberanía del pueblo venezolano.
Sabido es que el arma favorita del imperio y sus lacayos de la derecha es la mentira. Apoyados por los grandes medios de información deforman la realidad para acomodarla a sus objetivos. Lo confirmamos durante el pasado proceso electoral en nuestro país.
La propaganda imperialista y la derecha desvinculan la democracia de la soberanía, considerando a esta como un concepto obsoleto. La democracia no existe en un país cuyo pueblo no es soberano, ya que las decisiones se imponen por un sector minúsculo de la población, en función siempre de sus intereses y no de los del pueblo.
Aunque ha quedado claro que el pueblo venezolano desea vivir en paz y construir su propio destino, en este momento son importantes la denuncia de las intenciones y acciones del imperialismo y la oligarquía y, sobre todo, la solidaridad de los pueblos de Nuestra América con el hermano pueblo venezolano.
* Miembro del Frente Regional Ciudadano en Defensa de la Soberanía, en Salamanca, Guanajuato.
Foto de portada: teleSUR / @luchaalmada
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