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Sonido 13

Diálogo Estado / Para Ver, Oír y Comer / Top News / 07/12/2017

SOMOSMASS99

 

Roberto Gómez Palacios

Jueves 7 de diciembre de 2017

 


El «indio, hijo de campesinos de Ahualulco», ocupa un lugar especial en el microtonalismo


 

Foto: Papel de Periódico.

El 28 de enero de 1875 un fuerte temblor sacudió a México afectando seriamente el pueblo de Ahualulco en el estado de San Luis Potosí. La sacudida fue considerable. Ese día nació, en ese lugar, Julián Carrillo Trujillo, hijo de Nabor Carrillo Gutiérrez y de Antonia Trujillo de Carrillo, y descubridor del sonido 13. Como era costumbre, desde días antes de la Candelaria la gente del pueblo se preparaba para la fiesta del 2 de febrero. Cerca de las diez de la mañana se detuvieron los festejos, lo del temblor fue algo totalmente inquietante para los habitantes de Ahalulco de San Luis Potosí. Se tenía previsto que naciera en el mes de marzo, pero el temblor adelantó su llegada. Sus primeros días fueron difíciles, se temía que su vida sería corta.

Se sobrepuso y años después, al definir su identidad, afirmaba que era «indio, hijo de campesinos de Ahualulco». Muy posiblemente en esto podemos ver su vida, y entender su originalidad y su descubrimiento. Ahora podemos afirmar que no hay en el árbol genealógico-artístico de Julian Carrillo un antes, sólo un después con su hija Dolores Carrillo Flores y algunos de sus alumnos. Antes de él en su familia no hubo músicos y después de él su hija Dolores con una preparación sólida se dedicó de tiempo completo a dar a conocer su música apoyada por algunos músicos. Su madre fue una influencia vital para que se dedicara a la música: sin ninguna duda y cargando con la pobreza se lo llevó a San Luis Potosí para que estudiara música a los diez años de edad. Diez años después, empezando el año de 1895 llegó a la ciudad de México todavía con el impulso de su mamá y con una pobreza diferente.

En Internet podemos encontrar información y definiciones del sonido trece. En el libro Julián Carrillo. Testimonio de una Vida, Carrillo nos cuenta la historia de su descubrimiento: «Para el primer año en el Conservatorio se me mandó a la clase de acústica. Al ignorar lo que era la acústica, es natural que no tuviera ni la más remota idea de lo que iba estudiar. Estaba casi dispuesto a dejar la clase, cuando el profesor de acústica, el doctor Francisco Ortega y Fonseca empezó a explicarnos las divisiones longitudinales en las cuerdas, y los sonidos que en ellas se producían, fue para mí una revelación».

A los veinte años Carrillo era un buen violinista, entendió de inmediato de lo que hablaba su maestro. Él lo define como un «deslumbramiento», como una «chispa eléctrica» que incendiara su cerebro. Corrió a su casa y comenzó a experimentar con su violín, dividió la longitud de la cuerda por la mitad y escuchó un intervalo de octava. Luego dividió en tres y una quinta, en cuatro y oyó la cuarta, en cinco escuchó la tercera. Sólo pudo dividir hasta ocho, sus dedos no le permitieron más. Pidió ayuda de uno de sus compañeros, y mientras Eucario González llevaba el arco, él con una navaja de rasurar, usando el lado contrario del filo, en su parte roma, buscó intervalos más pequeños. De esa manera llegó a oír dieciséis sonidos diferentes, dieciseisavos de tono. Hasta ese momento los compositores sólo trabajaban con doce sonidos, costumbre desde el siglo XVI. La propuesta del maestro Julián Carrillo era que la música podía enriquecerse hasta con 96 sonidos en la octava, o sea 84 sonidos más entre un Do y otro. Ya no sólo con doce. El descubrimiento del maestro Carrillo no es de un sonido extra aparte de los doce conocidos o con los que se trabajan las compocisiones musicales, sino 84 sonidos más.

En su libro, Julián Carrillo nos habla un poco acerca de la historia de los sonidos musicales. Cuenta que el emperador chino Hoang-Ti, llamado también Yeou-Hioung, ordenó que se estudiara la definición y la relación de los cinco sonidos conocidos hasta entonces. El emperador vivió alrededor del año 2698 a de C., y tuvieron que pasar dos mi años para que los griegos agregaran dos sonidos más. El sabio que los agregó fue el griego Terpandro. Tenemos 7 sonidos ahora, sin embargo fue hasta el siglo XI de nuestra era que los monjes romanos decidieron repetir el primer sonido, con lo que a partir de ese momento se contaron 8 sonidos al repetir el primero a una altura siete sonidos arriba. Para el siglo XVI, por medio de la matemática, se dividió la escala en 12 partes musicalmente iguales. Y así ha sido hasta nuestros días.

Hay muchas cosas que decir o tal vez que requieran de una explicación mas detallada, más amplía. Por ejemplo la escala de cinco sonidos del emperador chino, o cómo es que se encontraron los sonidos y el papel que juegan los armónicos en la generación del sonido; el temperamento en la música, etcétera. No obstante la ambición se limita sólo a tratar de explicar el sonido 13, que como dijimos son en realidad 84 sonidos más. Empecemos por los doce sonidos de los matemáticos del siglo XVI, que llegaron a su máximo desarrollo artístico y musical con el gran Juan Sebastian Bach en el siglo XVIII.

Tratemos de explicar los doce sonidos. Al principio fueron cinco, miles de años después fueron siete. ¿Cuales siete? Tomemos los siete siguientes: DO,RE, MI, FA, SOL, LA, SI y repetimos el DO una octava arriba con el fin de «ver» la distancia que existe entre los sonidos. Ya que conocemos las siguientes medidas: de DO a RE un tono, de RE a MI un tono, de MI a FA medio tono, de FA a SOL un tono, de SOL a LA un tono, de LA a SI un tono, y de SI a DO medio tono. O sea: 1.- DO 1 tono. 2.- RE 1 tono. 3.- MI 1/2 tono. 4.- FA 1 tono. 5.- SOL 1 tono. 6.- LA 1 tono. 7.- SI 1/2 tono. 8.- DO.

Ahora para los doce sonidos agreguemos los sostenidos (#): 1.-DO1/2tono a 2.-DO#1/2tono a 3.-RE1/2 tono a 4.-RE# 1/2 tono a 5.-MI 1/2 tono a 6.-FA 1/2 tono a 7.-FA# 1/2 tono a 8.-SOL 1/2 tono a 9.-SOL# 1/2tono a 10.-LA 1/2 tono a 11.-LA# 1/2 tono a 12.-SI 1/2 tono a DO.

Tal vez nos sirva pensarlos de regreso y en lugar de ayudarnos de los sostenidos veamos los bemoles (b): 1.- DO 1/2 tono a 2.-SI 1/2 tono a 3.- SI b 1/2 tono a 4.- LA 1/2 tono a 5.-LA b 1/2 tona a 6.- SOL 1/2 tono a 7.- SOL b 1/2 tono a 8.- FA 1/2 tono a 9.- MI 1/2 tono a 10.- MI b 1/2 tono a 11.- RE 1/2 tono a 12.- RE b 1/2 tono a DO.

Lo que sigue son los 96 sonidos. El experimento de Julián Carrillo consiste en que al usar la navaja por el lado roma pudo dividir cada uno de los medios tonos que hemos tratado de explicar y que son los sonidos que usaba Bach en sus obras, en 8 cada uno, por lo que si los multiplicamos por 12 nos dan 96 sonidos. La admiración que nos causa actualmente el descubrimiento no es sólo que se haya llegado a tan minúscula división, sino que el maestro Carrillo haya compuesto música tomando en consideración la división de la octava en 96 sonidos. Afirmaba que desde su niñez oía «soniditos».

Dentro de la Historia de la Música el maestro Julian Carrillo Trujillo ocupa un lugar en el microtonalismo. Ese lugar lo comparte con mucho honor al lado del checo Aloys Haba, que junto con otros se atreven en el terreno de los intervalos inferiores al medio tono o semitono. Tiene obra de sumo interés en cuartos, octavos y dieciseisavos de tono para diversos instrumentos: Preludio a Colón, Misa al papa Juan XXIII. Fabricó instrumentos para que se pudiera tocar su obra: pianos, arpas, guitarras.

Es el compositor experimental por excelencia de América Latina. Es caso único y raro en América. Es, en sus propias palabras, «indio, hijo de campesinos de Ahualulco».

 


Foto de portada: Secretaría de Cultura.






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