SOMOSMASS99
Narrativa Profesora Norma / Adan Morgan*
Chiapas, México. / Martes 8 de marzo de 2016
– ¡Resistimos! Muchas y muchos profesores indígenas que venimos a las Cañadas, la Selva, o la Sierra, ¡Resistimos! En silencio, con la firme convicción de que acá los niños creen en nosotros, creen en un mejor mundo… ¡Tengo conciencia de mi deber! Y no porque lo dicte un papel, o un título que diga que soy profesora lo soy, no, eso nunca, soy profesora porque tengo conciencia de que acá nuestra gente necesita de un maestro, un maestro que siembre con los “otros”, y no sólo la milpa, o los frijoles, sino que siembre con los “otros” la conciencia…
Con su guitarra en la mano y unos marcadores en una bolsa de plástico que amarra con cuidado, como quien guarda su tesoro más preciado, me dice:
– ¡Son los únicos! Acá se cuida y se guarda todo, y aunque el marcador se esté terminando, aún sirve, puedo seguirlo utilizando, si no le hago así pasarán muchos días para que la Secretaría nos proporcione más materiales. El trámite burocrático dura mucho, hay muchos cuestionamientos, hay que llenar papeles y más papeles para que puedan darte una caja de gises, así que mejor no arriesgar, a guardar y reciclar todo…
Cada vez que hacía hincapié en las consecuencias de las malas condiciones de la escuela, en las escasas posibilidades que se tienen para tener una escuela digna, llegaban a mí dos miradas, veía sus ojos cristalinos, unos como puesta del mar en calma, y el otro par, como mar a punto de estallar. Ella resiste, no por necesidad, resiste por su deber, porque se debe a sus alumnos, porque son ellos quienes la impulsan a resistir, es una guerrera incansable, una luchadora silenciosa. Al unísono de sus ojos, mi mente voló y recordé haber leído en algún momento, sobre las formas de resistencias visibles o invisibles que siempre se acompañan de una intención. En ese instante sus ojos, mi mente y aquel libro que había tenido en mis manos re-escribieron y le dieron vida, a las letras de “Los dominados y el arte de la resistencia” de Scott.
Hay quienes gritan a los cuatro vientos la injusticia, lo hacen con mucha razón, pero hay otros, como la profe Norma que resiste desde abajo, de forma no visible, íntimas, simbólica.
Durante su narración la escuché en silencio, ella, abrazaba su guitarra de manera constante, hacía notas en su cuaderno, contaba con llana melancolía:

- Nuestras sillas de trabajo son todas diferentes, unas están rotas, pero eso no impide que juntos hagamos ¡Escuela!
-Llegué un día cualquiera a San Agustín, Municipio de Ocosingo, a una hora cualquiera, como aquel que llega a algún sitio sin hallarse en el mundo. No fue fácil encontrar transporte, la carretera con derrumbes y baches constantes se convirtió en un pretexto ideal para imaginar un mundo de posibilidades, ¡sí!, ése era mi primer trabajo como maestra, una mezcla de emociones se gestaban en mi pecho, sentía emoción, miedo, expectativa, pero nada importaba; la juventud, el deseo, la gana de ejercer mi profesión eran un aliciente para continuar a pesar de las complicaciones que el propio viaje significaron.
San Agustín, es un pueblo de casas sencillas, rústicas, pueblo enclavado en la Selva. Casitas de madera, algunas de concreto y láminas, decoran el horizonte, la gente. Las mujeres llevan puestos sus trajes multicolores, hombres de rostros duros, cansados, niños tímidos, juguetones, hablantes de la lengua tzeltal, es gente sencilla, regida en todos los sentidos por sus propios usos y costumbres. La educación impartida en la escuela también se rige bajo sus propios usos y costumbres. Cuando llegué, sabía poco del pueblo y su gente, pero conocía lo indispensable para tener un buen comienzo como maestra o eso pensé.
San Agustín es un pueblo con 4 escuelas diferentes; cada una con objetivos y perspectivas educativas distintas, todas conviviendo dentro de esta comunidad. Cada una de las escuelas tiene como horizonte de partida el movimiento social gestado en 1994. San Agustín es una comunidad “en resistencia”, en resistencia social, política. Una comunidad resistente también, resistente al hambre, resistente a la pobreza, pues existen condiciones mínimas de subsistencia.
Es una comunidad de gente campesina, de niños y niñas campesinas, hijos e hijas de la tierra. La primera escuela es la escuela Zapatista; la segunda escuela es la escuela de Cultura Maya, conformada por gente en resistencia pero que busca preservar ante todo los usos y costumbres de la comunidad; la tercera escuela es la de la ARIC, escuela comunal- ejidal surgida también a partir de 1994; la cuarta escuela es la Dr. Alfonso Caso (mi escuelita). Escuela oficial, de gobierno, se reabrió hace algunos años, después de que el gobierno les “abre el candado” por haber sido una comunidad “en resistencia” contra el gobierno.
La escuela Dr. Alfonso Caso es de organización multigrado, sólo habemos 2 profesores trabajando para la escuela, nuestro trabajo, no solamente se limita a ser “profe”, también somos peluqueros, doctores, administrativos, gestores, todólogos.
Ahora sé que la “universidad” te forma, es cierto que uno asiste a la escuela para aprender a ser maestro, pero “la formación, la verdadera formación” se da en el aula, en el campo, en la comunidad, “haciendo comunidad”. La realidad nos rebasa, como maestros, como seres humanos, sobre todo en estos pueblos donde las autoridades se niegan a atender.
Eso de hacer comunidad, fue algo que me dejó completamente pensativo, “hacer comunidad”. ¿Cuántos profesores realmente hacemos comunidad?, ¿De qué forma las autoridades educativas hacen comunidad?, ¿Qué posibilidades tendríamos haciendo comunidad con los “otros”? Estas preguntas considero son distantes en estas geografías, acá donde se hacen visibles dos Méxicos distintos y paralelos, el México de las autoridades, y el México de la gente que vive en condiciones de pobreza. Y no quiero con esto hacer una imagen romántica de la pobreza, y decir “pobrecitos”, “no tienen nada”, “hay que darles todo”, etc. No yo no me refiero a eso, hablo de la distancia que existe entre un discurso institucional que habla de “calidad” de vida, económica, social, educativa, pero que en realidad está tan distante de hacerlo posible, porque en estos lugares las autoridades aparecen únicamente cuando se trata de votaciones y no cuando hay que resolver necesidades.
La escuela Alfonso Caso es la escuela oficial, la reconocida por la SEP y que recibe presupuesto del Gobierno, pero esta dichosa “escuela” (hablando de infraestructura) no es más que 2 salones enormes de madera y lámina, 2 salones por los que se cuela el aire, el agua, el polvo, el piso es de tierra, las sillas paletas son de todos colores, formas y tamaños, algunas están rotas pues son sillas de reúso, por lo tanto la mayoría son viejas.
Hay un pizarrón clavado con dos palos al piso y unas tablas empotradas en la pared sirven como repisas y son el adorno central del aula. Por eso la maestra Norma afirma:
– ¡Hacemos escuela, existe escuela es cierto! Pero nada tiene que ver con la infraestructura, la escuela la hacemos “todos”: los niños, las niñas, y nosotros como maestros.
La realidad de las escuelas rurales es terrible, parece que al gobierno solo le importan los índices, las estadísticas. Los niños y niñas se convierten solamente en un sumario económico, social. Uno va entendiendo con el paso del tiempo el significado de la “resistencia”, uno va aprendiendo la razón de ser de estas comunidades “resistentes” porque es cierto, es mejor vivir así que ignorados o sometidos por el mal gobierno. Ser maestro aquí en San Agustín también implica volverse resistente, crítico, eso se convierte en una obligación moral porque no se puede vivir obviando la realidad, no se puede vivir con ese dolor político que te aprieta el pecho, es imposible no hacer nada.
Para ser maestro uno debe aprender a interactuar con los niños en su propia lengua, aprender a compartir ideas, saberes; adaptar los planes y programas a su propio contexto, tomando en cuenta sus propias formas de vida y tradiciones culturales con el fin de no provocar conflictos de identidad se convierte en una necesidad vital y sustentable.
Ahora sé que poseemos un “sistema educativo demagógico, fallido”, un sistema educativo que no conoce la realidad de las comunidades, que no toma en cuenta las particularidades de los contextos, que no sabe de sus regiones, ni territorios. Un sistema educativo, que se avienta discursos sobre “calidad educativa”, sobre alfabetización, entre otras cosas, pero que no considera la necesidad de elaborar programas de estudio que contribuyan a la formación de la conciencia social o el valor de las culturas indígenas en las propias comunidades. Los planes de estudio, están estructurados para una educación urbanizada, su didáctica enfatiza el uso de la tecnología; pero en las comunidades no se cuenta con el recurso tecnológico, ni sirve para nada, ni con infraestructura escolar, ni con mobiliario adecuado, ni con libros de texto escritos en lenguas originarias, ni materiales didácticos…Ni con suficiente comida o agua, ni con las condiciones mínimas de salud.
Ya llevo tiempo viviendo en San Agustín, mi labor como maestra se ha convertido en mi labor de vida, no por el sueldo que percibo, se ha convertido en una labor que recibe y da en una relación dialéctica, constante y fluida. Yo he aprendido a colaborar con mis niños, he aprendido a vivir a través de cada una de las experiencias dentro y fuera del aula. Ver la expresión de sorpresa de los alumnos al experimentar cosas nuevas, escucharlos cantar en su propia lengua, acompañados de mi guitarra que sirve de fondo, eso llena mi corazón, llena mi vida de instantes.
Soy maestra y estoy en resistencia, porque la resistencia me acerca a los niños, porque la resistencia no me permite caer en el conformismo, en la mediocridad. Soy maestra porque en la risa de un niño, puedo ver: sorpresa, alegría, amor, encanto, ganas de vivir y disfrutar el momento de nuevos aprendizajes, la alegría de un niño es lo que impulsa a ser mejor. El aula convierte entonces en el pretexto ideal para inventar otros significados de la vida cada nuevo día.
Coordinación del Colectivo 43 x 43
Serie 1. De las Condiciones de nuestras escuelas.





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