SOMOSMASS99
Marco Samario Queirolo* / SomosMass99
Lunes 12 de agosto de 2024
Con el paso del tiempo, la vida de las personas se convierte en un rompecabezas de experiencias, emociones e ideas que tienden a transformarse en directrices conductuales o incluso, ya en la profundidad, en convicciones. Ahora bien, cada parte o pieza del rompecabezas se sustenta en ese empirismo transformado en un principio ideológico-emocional.
La confianza vertida en un representante político en las recientes elecciones nos lleva a recordar la importancia de conocer los ideales, objetivos y convicciones de aquella persona que teóricamente actuará en beneficio de los mexicanos. Es conocido que la doctora Claudia Sheinbaum Pardo viene de la academia, un entorno de reflexión agudo en donde el pensamiento crítico transforma ideales en convicciones.
Es innegable que la participación de Claudia Sheinbaum como líder estudiantil en el movimiento de 1986 en la UNAM formó parte de ese rompecabezas a gran escala que abriría una puerta hacia el camino político. Su acompañamiento al presidente Andrés Manuel López Obrador lleva más de veinte años, desde que AMLO le encargó la Secretaría de Medio Ambiente del Distrito Federal durante su administración como jefe de Gobierno. A partir de ese momento la carrera política de Sheinbaum Pardo estaría ligada a Obrador. Hoy se espera que logre consolidar y continuar con el proyecto de nación que ha planteado el actual presidente.
¿Subordinación o convicción? Ese es el cuestionamiento principal. No hay forma de asegurar que el actuar gubernamental de la primera presidente de México responda a su lucha como líder estudiantil y académica de renombre, en contraposición a un acuerdo dentro de la “arena de la negociación” política en que AMLO le haya asegurado la presidencia a cambio de una subordinación fáctica. Sí, toda la política requiere de acuerdos. No obstante, es notoria la diferencia dentro de un proyecto de nación entre alguien convencido de lo que hace y otro que actúa priorizando la obtención de poder.
La línea es estrecha y las consecuencias demasiado grandes. No hay remedio ante la enfermedad de un “gobierno fallido” que busca consolidarse como la esperanzadora respuesta a un país necesitado de bienestar.
La consolidación de MORENA como entidad política autónoma del presidente y como vértice merecedor de la confianza de la gente estará en juego el siguiente sexenio. Actualmente, la mitificada figura del presidente permite contrarrestar ciertas malas prácticas y errores de la administración. Sin embargo, ese salvavidas se terminará en octubre. Sheinbaum tendrá que cumplir con las expectativas sin posibilidad de fallar, puesto que no cuenta con un reconocimiento social y tampoco es un ente carismático.
En seis años sabremos si el actual partido hegemónico puede sobrevivir solo, si el país puede consolidar su presencia dentro de un panorama internacional cambiante y, sobre todo, si la gente tiene algún representante político “digno” de confianza para alcanzar un mayor bienestar social, que para eso están.
* Egresado de la licenciatura en políticas públicas por la Universidad Autónoma Metropolitana. Autor de la ponencia «Economía circular y sustentabilidad, una simbiosis«, para la Red de Investigadores Parlamentarios en Línea (REDIPAL). Dedicado a la docencia en nivel medio superior.
Imagen de portada: Claudia Sheinbaum y Andrés Manuel López Obrador. | Foto: Sitio oficial de Claudia Sheinbaum.
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