SOMOSMASS99
Alfonso Díaz Rey*
Viernes 7 de febrero de 2025
El nuevo ocupante de la Casa Blanca, Donald Trump, ha comenzado su mandato al más puro estilo fascista con amenazas y acciones que, con el eslogan Make America Great Again (hacer grande a Estados Unidos otra vez), pretende subordinar a sus adversarios y aliados ─internos y externos─ a los intereses de la plutocracia estadounidense.
Como fiel representante del mayor Estado terrorista que ha existido en la historia, además de sus anhelos de gran dictador ─en su versión como farsa─, mediante el empleo del miedo y el terror y apoyándose en un vulgar mesianismo y en la creencia de que su país ha sido elegido por la providencia ─el Destino Manifiesto─ para dirigir y controlar al mundo, intenta someter al resto del planeta a los designios del gran capital, que es quien realmente dirige la política en Estados Unidos.
La «grandeza» a la que aspiran Trump y sus seguidores nada tiene que ver con virtudes ni principios éticos que hagan de su país un ejemplo a seguir, sino con la acumulación de riqueza y poder que les permita, mediante la fuerza y el terror, dominar al mundo y vivir del saqueo de la riqueza y la explotación del trabajo de otros pueblos.
En ese sentido, la pretensión e ilusión de anexar a Canadá, como la estrella 51 de su bandera; de la «compra» de Groenlandia; de tomar el control del Canal de Panamá; y de apoderarse de la Franja de Gaza ─previa «limpieza étnica»─, entre otros casos, son muestra del espíritu y apetito expansionista de la clase en el poder en Estados Unidos. Para ello necesita incrementar el número y poderío de sus bases militares en el extranjero, por lo cual es previsible el empleo de más amenazas y terror para conseguir ese objetivo.
Tal política de terror se da en un contexto en el que el neoliberalismo y la globalización no fueron suficientes para resolver las contradicciones de la crisis estructural del sistema capitalista ni la pérdida de hegemonía de Estados Unidos, por lo que ahora este país busca soluciones en las que su «salvación» y «grandeza» estarán en función de lo que pueda despojar a su propio pueblo y a países y gobiernos sometidos a sus designios.
Muestra de ello, hacia el exterior, es el resultado de la visita de su secretario de Estado, Marco Rubio, a Panamá, con la cancelación de acuerdos con China y trato privilegiado a buques de guerra norteamericanos en la utilización del Canal, concesiones derivadas de las amenazas del anaranjado presidente, con la apariencia de negociaciones diplomáticas. A nivel interno, ello se refleja en la reducción de impuestos al capital y de gastos sociales.
El mismo abominable personaje, Rubio, haciendo a un lado el historial guerrerista, expansionista e imperialista de su país, en una ridícula y absurda declaración y con la mayor desfachatez calificó a Cuba, Nicaragua y Venezuela como «enemigos de la humanidad», tres países que en defensa de su soberanía e independencia rechazan someterse a los dictados del imperialismo yanqui y los considera un peligro para la seguridad nacional de Estados Unidos. Como si esos países lo tuvieran rodeado de bases militares y lo bloquearan y amenazaran, o estuvieran provocando guerras para obtener ventajas económicas de ellas.
Las amenazas y acciones que emprende Trump contra otros países para resolver problemas y contradicciones internas, cuyo origen está en el sistema político-económico dominante que ellos defienden, se sustentan en mentiras y falsos argumentos con los que culpan a otros de su incapacidad e imposibilidad de resolverlos; ello, aunado a la ignorancia y en no pocos casos la estupidez de este personaje, provocará que, con el desconocimiento de su propia realidad, en vez de hallarle solución a esos problemas y contradicciones, genere problemas mayores ─tal vez catastróficos─ a nivel mundial.
Con tal comportamiento es previsible que se incremente el injerencismo del vecino del norte revuelto y brutal en países y pueblos que defienden su soberanía e independencia, y el nuestro, sin duda, está en la mira del imperio, quien intentará de múltiples maneras truncar el proceso de transformación que vive nuestro país, pues para él es prácticamente inaceptable que en 2030 el pueblo mexicano elija un gobierno que dé continuidad a tal proceso.
Ante tal escenario conviene estar unidos, alertas y preparados para enfrentar las amenazas e intentos por vulnerar nuestra soberanía e independencia.
Y como cereza del pastel y colmo de su desquiciamiento, se siente merecedor al premio Nobel de la Paz. Y no faltará un lamebotas que lo proponga.
* Miembro del Frente Regional Ciudadano en Defensa de la Soberanía, en Salamanca, Guanajuato.
Ilustración de portada: Donald Trump. | Caricatura: Donkey Hotey / Flickr.
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