SOMOSMASS99
Emma Aguado
Martes 13 de octubre de 2015
Indignante el cierre del Ayuntamiento acambarense 2012-2015 que culminó sus funciones el pasado fin de semana con una no tan solemne sesión de Cabildo entre chacoteo, selfies y falsos arrepentimientos por las cosas que dejaron de hacer.
El viernes 9 de octubre no sólo aprobaron reglamentos a la fast track que se venían quedando rezagados por meses, sino que además, repito, en su último día, se quitaron privilegios que a estas alturas sólo la realeza se da el lujo de tener: dijeron adiós a gastos médicos, a contratos con compañías de teléfonos celulares y a los vales de gasolina; prebendas de las que gozaron por tres años y de las que en el último momento decidieron desprenderse por considerar que era necesario un plan de austeridad en la administración municipal, vaya ironía. Hoy esa aprobación queda como herencia para la recién iniciada administración que promete bajarse los sueldos.
Pero eso no es todo, al término de la semana pasada en tribuna del Congreso Local el diputado perredista Gerardo Silva exhibió una decisión polémica del entonces ayuntamiento. Se trata de una despensa que los flamantes ex regidores se auto asignaron el pasado siete de septiembre: una despensa retroactiva a enero de este año que consiste en recibir cinco mil pesos multiplicados por diez meses para cada uno que en total suma más de medio millón de pesos. Como paréntesis habría que recordar que Silva también permitió una alza considerabilísima en los sueldos de los ayuntales durante su gestión como alcalde. Sin embargo, y a pesar de que aseguren que todas esas percepciones son legales, de nueva cuenta habríamos de apelar a su espíritu ético, se trata de medir su calidad humana y sus verdaderos intereses.
Tomemos en cuenta que el Ayuntamiento de Acámbaro ha sido señalado desde el Congreso Local desde hace varios años como uno de los más costosos de la entidad, con los salarios no acordes al tamaño y realidad del municipio cobrando poco más de 50 mil pesos mensuales para cada regidor, 70 mil para cada síndico (y son dos), y más de 90 mil para el alcalde, además de sus privilegios de salud, despensas, vales de gasolina y pago de telefonía celular. Sumemos a la larga lista los finiquitos (o su caja de ahorro como ellos le llaman) que recibieron al finalizar el trienio por casi un millón de pesos.
En contraposición y haciendo un balance final, diríamos que en general el actuar de los regidores que tanto cuestan al erario público, fue en gran medida ineficiente para subsanar los problemas urgentes de Acámbaro: alejados de la comunidad, apenas organizando uno que otro evento sin real incidencia social; a veces alzando la voz en cabildo, otras inconformándose, la mayoría sin decir palabra, levantando la mano, aprobando y desaprobando obras, haciendo caso omiso de trinquetes y desvíos de recursos que estarían por comprobarse, cobrando sueldos que comparados con la mayoría, son altos, muy altos para los magros resultados que han dejado.
En palabras del recién nombrado presidente municipal Gerardo Alcántar Saucedo del PRD, quien también fue regidor, Acámbaro tendría una deuda de 60 millones de pesos y se esperaría una corroboración de la cifra esta misma semana, pero sobre todo esperaríamos el resultado de una auditoría del Órgano de Fiscalización Superior que ya ha sido encargada por el nuevo ayuntamiento, a raíz de que extraoficialmente se sabe que hubo desvíos de recursos de programas federales y obras cuyos montos no coinciden con la realidad en este ayuntamiento que terminó cuya figura principal fue el ahora diputado federal René Mandujano.
Por cierto el nuevo presidente ya empezó a nombrar a sus nuevos directores a quienes promete evaluar cada tres meses y removerlos en caso de no dar los resultados esperados, el asunto no tan nimio aquí es que no ha dicho cómo los evaluará y quién se encargará de ello. Algunos son ya conocidos y su trayectoria no promete mucho, sin embargo dicen, hay que darles por lo pronto el privilegio de la duda, con que no se extienda mucho ese privilegio.
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Por último. En esta misma transición de poderes que se dio el fin de semana en los 46 municipios del estado según lo que mandata la ley orgánica municipal, Jerécuaro merece un renglón aparte. A raíz del asesinato de Rogelio Sánchez Galán, el jaloneo por el poder lo protagonizaron su viuda y una hermana contra un aferrado militante del verde, antes priista, de nombre Jorge Vega a quien a final de cuentas dejaron tomar el poder, a pesar de la poca simpatía que tiene entre los jerecuarenses. La última palabra la tuvo el partido que ganó, esa, dijeron, es la forma de hacer las cosas de acuerdo a la ley, pero, ¿y la voluntad ciudadana? ¿y la democracia? El PVEM, el partido más cuestionado en las últimas elecciones, decidió el futuro de Jerécuaro, vaya pues con las leyes. Extra oficialmente se supo que el día de la toma de posesión en las primeras horas del 10 de octubre el alcohol ya corría por las venas de varios de los nuevos funcionarios incluido el nuevo alcalde, quienes se encontraban muy contentos con el triunfo; pero para quienes solemos ejercer la suspicacia como profesión, ese sería más que un signo de festejo, un mal augurio.
Triste fue la lucha de intereses que se vivió en las últimas semanas en ese municipio, pareciera que la mayoría de la gente que se dijo inconforme con Jorge Vega olvidó que Rogelio Sánchez fue asesinado, que poco se sabe de lo acontecido y que un minuto de silencio en la primer sesión de Ayuntamiento no es suficiente; cierto que el hoy occiso tiene ya hasta un corrido que narra un poco de su historia, pero eso no borra la inacción de las autoridades municipales y estatales que han permitido la impunidad hasta hoy. En suma los jerecuarenses tienen un presidente por el que no votaron y un asesinato que nadie reclama… lo que sucede allá, para quien lo quiera ver, es materia para cuento surrealista.
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