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LA COLUMNA ROTA
Frida Guerrera*
Jueves 28 de noviembre de 2019
Brenda Cruz García abordó un taxi y jamás regresó con vida.
«A mi hermanita la olvidaron todos».
La brecha que te lleva a casa de Brenda es una vereda llena de pinos, rodeada de vegetación, de vida, encañada en el barrio El Capulín.
La casa de dos pisos es color rosa, sencilla; alberga el dolor que hoy abraza a esta familia. Al centro de la habitación se encuentra el eterno altar con la imagen de Brenda, el patio rodeado de milpas que hace de este lugar un espacio donde se respira paradójicamente una calma que entrelaza el ahogo con el dolor que aprisiona, porque hoy dejó de ser el lugar seguro que la familia de Brenda había construido con trabajo y amor.
Ese domingo 14 de julio de 2019 desayunaron juntos les hizo saber que se iría temprano, a las 14 horas, porque vería a su novio para dar un paseo en el centro de Toluca. “Yo tenía que salir a comprar la comida de toda la semana. Fue que pregunté: ¿Ya no te voy alcanzar? Ella respondió que no”, pero que más tarde se verían. Todavía vio a su hermana Johana, bromearon, jugaron un rato y se despidieron. Se verían más tarde en Toluca, donde ambas residían.
Brenda vivía ahí ya que trabajaba en una empresa ubicada en ese punto. Ambas hermanas trabajaban para ayudar en los gastos familiares. Su familia, de origen humilde, tiene la desgracia de tener a ambos abuelos enfermos. Entre las hijas y el padre de familia repartían los gastos de la casa. Joha la recuerda con mucha nostalgia, era su cómplice. Brenda no sabía enojarse.

Su nombre fue elegido por su madre, luego de que escuchó a una mujer llamar a una pequeña que llamó su atención: Brenda. Fue entonces cuando decidió que en lugar de Beatriz se llamaría Brenda. Una niña especial como todos sus hijos, una mujer noble, sonriente y feliz, la describe su familia. No era una persona que acostumbraba salir sin avisar tanto tiempo, una mujer joven independiente y que desde hace casi un año era empleada en una empresa ubicada en el corredor industrial de Santa Ana Tlapaltitlán, en Toluca. Viajaba los fines de semana a visitar a sus a papás recorriendo unos 60 kilómetros de distancia.
Tenía 21 años, era amante de la música grupera y banda; Bronco era uno de sus grupos favoritos. Siempre estuvo pendiente de los demás, incluso con sus chistes hacía reír a todos. Desde ese 14 de julio después de las 14: 20 horas nada se supo de Brenda.
Su novio intentó llamarla varias veces, pero sólo lo mandaba a buzón. Más tarde recibió un mensaje del celular de Brenda, pero escrito con abreviaturas y faltas de ortografía. Ella no escribía así. Su familia trató de denunciar estás sospechas, sin embargo, una vez más las autoridades se mostraron incrédulas para investigarlo, nos relatan Johana hermana de Brenda y su mamá María de Jesús.
El 19 de julio de 2019 fue encontrado su cuerpo sin vida junto a un río, envuelto en una cobija. Ahí, como si ella no fuera nada, como si fuera una basura. “Hoy pido y exijo justicia. Todos los medios hablaron de ella. La Fiscalía se presentó hasta acá para hacerme saber que habría justicia, la prensa para cubrir la nota. Hoy se han olvidado de ella todos. Qué más da, ya es una menos, ya no está. Las que siguen apareciendo hoy son la nota, pocos siguen hablando para saber qué pasó con sus asesinos que hasta el momento siguen sin ser identificados”.
Brenda era amante de los gatos. Dos semanas atrás suplicaba a María de Jesús por tener un gatito, y la madre enfática respondía que no. “El día que la estábamos velando llegó una pequeña gatita de la nada, que no se despegaba de su ataúd”. Hasta la fecha la gatita no se despega de casa de Brenda, ya es parte de la familia. “Porque tal vez ella está aquí representada por esa gatita que demandante nos pide atención y cariño”.
Brenda ya no está, sólo existe en los medios digitales una cara sonriente. La última foto que se tomó ese mismo 14 de julio, enviada a una de sus amigas, inundó los medios de comunicación, redes sociales por unas horas. Después, a cubrir la que seguía.
Brenda, al igual que su familia, hoy forma parte de las Voces de la Ausencia, aquellas que siguen gritando por justicia. Aquellas que aún en medio del dolor y con el corazón roto, siguen de pie. Hasta que #NIUNAMÁSSEAUNAREALIDAD. Hasta que se dejen de criminalizar las luchas, hasta que deje de importar más un monumento que su grito por justicia.
Ya viene el cierre de año de este cruento 2019. A partir del 1 de diciembre publicaremos las cartas de estas familias rotas, porque se acercan Navidad, Año Nuevo y ellas nos hacen falta para gritar. Para que sea Bienvenido 2020 que exista justicia, que esté próximo año sea menos cruento para nosotras que los pasados 1994, 2010, 2011, 2012, 2014, 2015, 2016, 2017, 2018 y muchos años atrás más, y que logren hacernos justicia. Porque no buscamos ser ASESINADAS.
Eres madre, padre, hermana, hermano, hija, hijo. De una mujer víctima de feminicidio, desaparición, o intento de feminicidio búscame, ayúdame a visualizarlas y contar su historia. Voces de la Ausencia.
* Comunicadora libre, bloguera mexicana.
Facebook: FridaGuerrera Guerrera
Voces de la Ausencia, FridaGuerrera Villalvazo
Las fotos de portada e interiores se publican con autorización de los familiares.
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