SOMOSMASS99
Agustín Ramírez Agundis*
Miércoles 12 de octubre de 2022
Esta es la historia de una empresa dedicada al abarrote. Los dueños son varios socios. Tratando de conocer cuál de todos ellos es el más hábil para hacer crecer el negocio, el manejo de la compañía ha venido cambiando de uno a otro cada seis años.
El primero que se hizo cargo de dirigir el changarro fue Carlos, Charly para los cuates, muy bien formado, con estudios de doctorado en Harvard, en economía. No le fue tan mal, en total sus ganancias fueron de 78 mil 94 pesos. Sólo en el último año el dinero que ganó ascendió a 15 mil 839 pesos.
Después de Charly fue Ernesto, Neto para los brothers, quien tomó las riendas prácticamente en 1995 con grandes expectativas de que la organización crecería aceleradamente, ya que su currículum lucía impresionante, con estudios en Inglaterra y en Estados Unidos, país este último donde obtuvo su doctorado en economía, en la prestigiada Universidad de Yale. Sus resultados no fueron tan buenos como se esperaba. En los seis años las utilidades alcanzaron 80 mil 311 pesos, un magro crecimiento que escasamente llegó al 3%. En su último año las ganancias apenas llegaron a los 10 mil 737 pesos.
Luego, en el año 2001, vino Vicente «Chente le gusta que le llamen, como buen ranchero de lo cual se ufanaba». Su principal carta de presentación tenía que ver con un alto puesto de dirección que había ocupado en una industria refresquera que causa mucho daño a la salud de los mexicanos con su bebida de color serio. Pero no, ya en los hechos salió medio maje para los negocios. En los seis años durante los que le tocó regentear la empresa, los dividendos sólo llegaron a 60 mil 112 pesos. Malas cuentas entregó, una caída de casi el 25%. En el último año el negoció obtuvo 10 mil 452 pesos, casi lo mismo que Neto también en su último año.
Le tocó el turno en el 2007 a Jelipe «platicaba su madre que todos los nombres de sus hijos e hijas comenzaban con la letra efe, menos el de éste». Ése sí no defraudó a los accionistas. Hizo valer sus estudios que incluyen una licenciatura en derecho y dos maestrías, una de ella en los United, en Harvard, faltaba más. En el lapso de seis años en los que estuvo al frente de la empresa duplicó los beneficios, de modo que éstos alcanzaron la cantidad de 121 mil 64 pesos. Durante su último año, sus logros se cuantificaron en 25 mil 997 pesos, un crecimiento de casi el 150% respecto a los del mismo periodo de Chente. Ni modo, el Jelipe sí se la bañó, dejó muy alta la vara, como se dice.
Con el 2012 vino un nuevo relevo. Ahora le tocó al Quique, las esperanzas estaban cifradas en él, sobre todo por su arrastre debido a su atractivo físico, comenzando por el copetito y su habilidad para hablar; con el auxilio del teleprompter, desde luego, seguramente con facilidad convencería a la clientela. Y sí, aunque durante los primeros cuatro años las ganancias bajaron respecto a las del último año de Jelipe, en sus dos últimos años se repuso y las superó. Finalmente, las utilidades de sus seis años crecieron casi 30% y las del último año superaron a las del mismo periodo de Jelipe en más del 41%, para situarlas en 36 mil 685 pesos.
Durante esos casi 30 años en los que en el cargo estuvieron Charly, Neto, Chente, Jelipe y Quique el negocio estuvo en jauja, logrando un incremento en las ganancias del 153%, dejando, obviamente, una empresa bien consolidada, funcionando al 100% en todos sus departamentos, lo que se puso de manifiesto sobre todo en los 12 años más recientes, los que correspondieron a Jelipe y a Quique, periodo en el cual las ganancias se cuatriplicaron al pasar de 8 mil 867 pesos en el 2007 a 36 mil 685 en el año 2018.
Actualmente la dirección del negocio está a cargo de Andrés Manuel, ampliamente conocido como el Peje. A regañadientes el resto de los socios aceptaron que él tomara las riendas de la empresa. Poco tenía en su currículum para presumir. Sólo una licenciatura en ciencias políticas en la Universidad Nacional Autónoma de México. La verdad no le ha ido nada bien. En sus primeros dos años, un marcado estancamiento, nada que destacar en los dividendos de la empresa: solamente 36 mil 661 pesos en el 2019 y 36 mil 773 en el 2020. En lugar de mejorar empeora, ya en el 2021 el retroceso fue evidente, sólo 33 mil 316 pesos. El tiempo avanza y las perspectivas retroceden, de acuerdo a los resultados de los primeros ocho meses del 2022, se estima que en todo este año las ganancias de la compañía estarán por debajo de 27 mil pesos, es decir, una fuerte caída que rondará el 28% respecto a la halagüeña situación que le dejó el Quique.
Los socios de la compañía están que no se la acaban de coraje. Les es imposible admitir que después de haber logrado que la empresa creciera y creciera y creciera, de manera bien acelerada cuando fueron Quique y Jelipe los directores, principalmente en los seis años en que este último estuvo al frente, Andrés Manuel la esté dejando caer. Les es casi imposible entender cómo después de haber posicionado el negocio tan alto y tan sólido mediante un crecimiento sostenido, el Peje en menos de cuatro años tire todo por la borda y las utilidades estén descendiendo, sobre todo en este 2022, en el que la tendencia es notoriamente hacia abajo. En la siguiente gráfica se puede observar el comportamiento de las ganancias a nivel nacional, entre 1990 y 2022. Es palpable el incremento entre 2008 y 2011 y también entre 2016 y 2018; luego, a partir del 2019, el estancamiento y la caída.

Hace unos días se presentó un defensor espontáneo del Peje queriendo justificar su mal desempeño. El hombre se llama George, vive en los United y dice ser mexicano, aunque de inmediato se nota que está muy confundido respecto a lo que en realidad sucede en México. Mañosamente, tan vivillo como pretende ser, con tal de respaldar a toda costa al Peje, George argumentaba que aunque los dividendos sigan bajando al ritmo que lo están haciendo, finalmente las ganancias acumuladas en sus seis años como director superarán las alcanzadas por sus dos predecesores en el cargo. Esto no parece ser cierto, y aunque lo fuera, no es ningún motivo de alivio para los inversionistas, ya que para ellos no es aceptable que el excelente ritmo de crecimiento en sus dividendos primero se haya frenado, luego se hubiera detenido y finalmente se esté revirtiendo sensiblemente.
El enojo es insoportable para el grupo de inversionistas cuando diariamente aparece en su computadora la imagen que se observa a continuación. No les falta motivo para la ira que los invade al contemplarla; con la finalidad de evitar la intensa rabia que los embarga, la mayoría de ellos han optado por dirigir la mirada durante ese desagradable momento hacia el otro extremo de la pantalla. La gráfica muestra los dividendos producidos entre 2015 y 2022 por su sucursal más productiva, la que ellos bautizaron como GTO.

Los socios analizan todas las circunstancias y por más que se quiebran la cabeza no logran encontrar qué fue lo que hizo el Peje para vencer la inercia que debió haberse generado como consecuencia de ese tremendo salto que ocurrió en la sucursal GTO de 2017 a 2018, el cual elevó las ganancias de mil 84 pesos hasta 2 mil 609 en un solo año. Todo un desperdicio, el vuelo sólo le alcanzó para crecer durante dos años y en los dos siguientes ya va de bajada, muy a pesar de los esfuerzos del Zama, asesor principal de la susodicha sucursal.
Con cierta frecuencia el presidente López Obrador nos recuerda en la mañanera: la mentira es reaccionaria, la verdad revolucionaria. Así es que más vale darle en esta historia su verdadero sentido a todo lo que hasta aquí se ha expresado.
Seguramente que de inmediato te diste cuenta que Charly, Neto, Chente, Jelipe y Quique son en realidad referencias a los presidentes de México entre el 1 de diciembre de 1988 y el 30 de noviembre de 2018, o sea los mandatarios durante la etapa más boyante del neoliberalismo para sus beneficiarios, pero la de mayor decadencia para los intereses de la gente. Los datos que se señalan no se refieren a ganancia, utilidad o dividendo de empresa alguna, en verdad corresponden a la cantidad de homicidios dolosos ocurridos a nivel nacional anualmente y por periodo sexenal, tomada de los reportes publicados por el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública.[1] Las cifras referentes a la sucursal GTO corresponden, desde luego, a la situación del estado de Guanajuato en el mismo rubro, es decir, cantidad de homicidios dolosos.
El Peje, obviamente, es el actual presidente de México. No es el responsable de haber quebrado a empresa alguna; todo lo contrario, es quien encabeza a todo un equipo que ha diseñado y puesto en práctica la estrategia de la 4T para lograr la paz, misma que en los hechos desde el primer momento mostró su eficacia al contener ese desenfrenado proceso de agravamiento del problema de la inseguridad en México.
El tal George en realidad es el periodista Jorge Ramos, quien a manera de presentación presume ser colaborador de la cadena Univisión de Estados Unidos y del diario Reforma en México. Este hombre se hizo presente en la conferencia mañanera del presidente Andrés Manuel López Obrador del pasado 22 de septiembre. Por cierto, la presencia de este sujeto en la mañanera y su reclamo al presidente por el asunto de la inseguridad fue el motivo que me llevó a escribir este texto.
No es la primera vez que Ramos aduce ante AMLO que su estrategia para enfrentar el problema de la inseguridad es un fracaso. En las dos ocasiones en las que se ha hecho presente, lo primero que se advierte y causa molestia es el tonillo imperial con el que habla, como si el hecho de laborar en una cadena de televisión estadunidense fuera suficiente para poseer cierta autoridad periodística.
Eso en cuanto a la forma, lo cual podría consentirse en aras de la tolerancia. Lo que es inaceptable es el uso amañado y tendencioso que hace de las cifras[2] «que también expone de manera maquillada» para probar lo que él considera es un fracaso del gobierno de López Obrador en el combate a la inseguridad.
En las dos intervenciones que ha tenido Ramos en la mañanera ha exhibido que adolece de severas deficiencias en varios campos:
Primero, en el terreno de la aritmética, las operaciones elementales le fallan, desde la suma; bueno, en cuanto a ello, seguro que puede contratar a una persona que le revise y le corrija sus cálculos.
Segundo, quizás sea demasiado pedirle que en esto pudiera mejorar, no tiene ni idea de lo que es la dinámica de los procesos sociales y, mucho menos, de los procesos físicos. Seguramente él piensa que un ferrocarril que avanza a una velocidad de 100 kilómetros por hora y arrastrando una carga de cinco mil toneladas se detendrá instantáneamente en cuanto se aplique el freno. También, es muy probable que Ramos tenga la idea de que una persona que adolezca de una grave enfermedad que no se ha atendido durante mucho tiempo sanará en el mismo momento en que tome la primera píldora del medicamento que finalmente se le haya recetado.
Tercero, que es lo más grave, indudablemente para él la historia sólo sirve para memorizar una serie de fechas y nombres de personas y de sucesos; su dichos dan cuenta de que para este hombre, que presume de ser periodista, el fenómeno de la inseguridad en México comenzó el uno de diciembre de 2018, con una situación dada que surgió de la nada, como acto de magia ¡Haberse visto!
La intención de realizar un recuento cuantitativo de la manera cómo ha evolucionado el problema de la inseguridad en México es la de ilustrar que la transición desde el estado de la incidencia delictiva al momento en que el gobierno de la 4T tomó posesión hasta llegar a la situación actual ha significado un reto muy grande que, en contra de los muchos pronósticos de sus detractores, se está superando notoriamente.
Niveles tan altos de violencia como los cuantificados hacia finales del 2018 no podrían concebirse sin tomar conciencia de situaciones tales como: a) Grupos delincuenciales bien organizados, con base social, suficientemente armados y muy fuertes financieramente; b) Instituciones policíacas en los tres niveles de gobierno sumamente débiles, desorganizadas y en no pocos casos cooptadas; c) Corrupción galopante en casi todos los ámbitos gubernamentales; d) Abandono total por parte del gobierno de amplios sectores de la población; e) Un sistema de valores en el que se privilegia el dinero y los lujos como medio para alcanzar la felicidad.
Hoy es cada vez más notoria la eficacia de la estrategia definida por el gobierno federal desde el primer día. Su fundamento es muy sencillo, pero a la vez muy profundo: La paz es fruto de la justicia. Ese fue el punto de partida desde el cual las acciones se encaminaron en tres frentes: a) Creación de la Guardia Nacional y el trabajo coordinado de todas las instituciones de seguridad pública, incluyendo a la Secretaría de la Defensa Nacional y a la Secretaría de Marina e involucrando a los tres niveles de gobierno; b) Diseño y puesta en marcha de los programas del bienestar, y c) Acciones para barrer la corrupción de arriba abajo.
Los resultados están a la vista. Primero fue la contención en el acelerado crecimiento del número de delitos, en general; luego la estabilización en cuanto a la incidencia en los homicidios dolosos que han sido los de mayor impacto sobre la percepción de la gente y, a la vez, la reducción de los restantes; y, finalmente, a lo largo del presente año, una ya notoria reducción incluso en los homicidios dolosos.
Vergüenza les debería dar a quienes durante tanto tiempo promovieron a través de la corrupción el crecimiento de la inseguridad en lugar de mandar a personeros como Jorge Ramos a increpar al presidente sin fundamento alguno. No por nada este sujeto fue repudiado a su regreso a Los Ángeles al grito de “Te conozco bacalao aunque vengas disfrazao”[3].
Notas:
[1] Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, Reportes de delitos por año, fecha de actualización 20 de septiembre de 2022; www.gob.mx/sesnsp/acciones-y-programas/incidencia-delictiva-del-fuero-comun-nueva-metodologia?state=published El dato del 2022 es estimado con base en el resultado registrado hasta agosto.
[2] Idem
* Esta es una colaboración del Colectivo Miguel Hidalgo de Celaya, Guanajuato, al que pertenece el autor.
Imagen de portada: Jorge Ramos. | Foto: Wikimedia Commons.
Comparte en Facebook
Twittéalo








