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Liliana Pedroza*
Viernes 4 de febrero de 2022
Para Ricardo Piglia, la estrategia narrativa de la nouvelle consiste en crear una conexión entre varios personajes y tramas distintas a través de un secreto. Mientras que en el cuento clásico el secreto emerge en la historia para crear una epifanía,1 en la nouvelle los personajes y sus tramas “conviven en un espacio atados por ese nudo que no se explica”. 2 Porque para explicar ese vacío o punto ciego por el que transita una red de pequeñas historias sería necesaria la extensión de una novela. Entonces la esencia de la nouvelle radica en una simulada concisión cuando en realidad la historia y sus significaciones tienen una condición arbórea,3 y por tanto aloja en ella una sensación de ambigüedad que el lector debe resolver.
Allá te espera la vida, pieza breve de Carolina Castro Padilla (Aguascalientes, 1938), es un relato histórico, de corte costumbrista, que transcurre al interior de una familia de clase alta de principios del siglo XX. Es el año de 1933 en Aguascalientes, y aunque pareciera a primera vista que es la ciudad el escenario principal de la narración filtrándose en el barrio de Triana –uno de los más antiguos del lugar–, la historia se desarrolla dentro del mundo del servicio doméstico. Rafaila, encargada durante décadas de la limpieza y la organización de la casa de la familia Macías López, espera inquieta la llegada de una nueva y joven trabajadora.

Castro Padilla conocedora de la época en que transcurre la narración detalla con una prosa sugerente espacios y ambientes por donde circulan personajes de estratos sociales opuestos. Con una descripción minuciosa, de su oficio como pintora, en cada capítulo dibuja un cuadro de costumbres donde ambos mundos se encuentran sin tocarse. Uno de ellos es invisible para el otro. El tiempo de la narración se desarrolla en medio de las celebraciones locales como las Fiestas de Primavera, la coronación de la reina y los Juegos Florales; pero Aguascalientes solo puede mirarse a través de las conversaciones que llegan de la calle. Con un narrador en tercera persona con focalización interna, la ciudad se vislumbra dentro de las charlas de café de las señoras o las reuniones familiares de domingo, fragmentos de diálogos que la servidumbre atrapa al vuelo al servir las fuentes de comida o retirar un plato. La algarabía de la fiesta, los vestidos, los nombres de las muchachas que ansían la corona, los poemas del concurso pasan por los espacios de la casa entre risas y asombros, y logran recrear el mundo de afuera. La única manera en que Rafaila puede acceder a ello.
Pero adentro de casa también se produce un festín cuando cada año, coincidiendo con las Fiestas de Primavera, Chanita visita el domicilio de los Macías López y dedica un día para la hechura de chocolate. Esta es la fiesta de la servidumbre, la faena que les permite romper con la monotonía entre el crujir de las cáscaras de cacao, el olor de las almendras tostadas y las descripciones que la cocinera hace de los juegos mecánicos y del puesto de comida que levanta en la plaza durante esos días.
Si la forma de la nouvelle, como considera Piglia, “recurre al secreto para poder concentrar historias múltiples, [entonces] es un cuento contado muchas veces” (Secreto p.201), el secreto de Allá te espera la vida se construye en el personaje de Rafaila, de la vida anterior a su llegada a la casa en la que sirve, que no se cuenta, pero que se va revelando en la relación de ella y la recién llegada Lupe, pero también entre Rafaila y las señoras de la casa. Su vida se va revelando en tanto las emociones se dibujan sutilmente en la rutina establecida de barrer, coser y servir la mesa numerosas veces al día, en los mundos que se contraponen: el de servir y el ser servido, el mundo de adentro y el mundo de afuera.

Carolina Castro Padilla. | Foto: Liliana Pedroza / SENALC.
La arborescencia de esta nouvelle se establece en las relaciones familiares de los Macías López, subtramas que crecen alrededor de la servidumbre y que se vinculan, a su manera, al secreto de Rafaila. Pero en este caso, el secreto no permanecerá intocado, sino que –en un final más hacia la estrategia del cuento– emergerá parcialmente –es decir, sin una explicación excesiva– para dar paso a una epifanía como una absolución para el personaje a toda una vida de servidumbre sin recompensa, a un anhelo antiguo. Esta epifanía suplirá el vacío de todo lo que implica el secreto del relato.
Allá te espera la vida conjuga hábilmente un trabajo de documentación histórico, de recreación de lugares y lenguaje de la época, con una prosa cuidada y un relato finamente tallado –usando la metáfora de Chéjov sobre el cuento como una pieza de mármol que el escritor tiene que esculpir– para lograr una pieza breve e intensa sobre lo que no suele contarse en la trama principal de la literatura, los trabajos domésticos que día a día sostienen al mundo.
* Liliana Pedroza. Doctora en Literatura Hispanoamericana por la Universidad Complutense de Madrid, es especialista en cuento mexicano contemporáneo. Sus líneas de investigación se centran en la narrativa escrita por mujeres desde comienzos del siglo xx. Es también escritora, gestora cultural y editora. Es autora del libro de ensayos Andamos huyendo, Elena, de los libros de cuentos Vida en otra parte y Aquello que nos resta, del estudio crítico Historia secreta del cuento mexicano 1910-2017. Ha reunido y prologado la antología en tres volúmenes A golpe de linterna. Más de 100 años de cuento mexicano.
Carolina Castro Padilla. Allá te espera la vida. Aguascalientes: Instituto Cultural de Aguascalientes, 2012, 61 pp.
Imagen de portada: Detalle de la carátula de Allá te espera la vida.
Fuente: SENALC.
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