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¿Todas somos Isabel?

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SOMOSMASS99

 

LA COLUMNA ROTA

Frida Guerrera*

Jueves 17 de junio de 2021

 

«El menor de los males de nuestra civilización es la indiferencia y el de mayor, la violencia, y ahora nos movemos inevitablemente entre ambos polos negativos».

– José Saramago (1996).

 

Don Juan y doña Juanita son una pareja sencilla y trabajadora, casados desde hace 53 años,  padres de cuatro hijos -dos mujeres y dos hombres-, que han hecho que su familia crezca y mucho. Eso a los abuelos les alegra el corazón, tienen 20 nietos y 11 bisnietos, y falta uno que está por llegar. Todos sus hijos nacieron en Tlalnepantla, Estado de México. Fue Cuatitlán Izcalli el lugar donde instalaron su hogar; son queridos por sus vecinos. Juan trabajó muchos años  en fábricas como obrero y ahora es pensionado. Juana y Juan, hasta antes de la pandemia, se encargaban de mantener limpia una escuela muy cercana de su casa donde trabajaban. Los maestros cada 24 de junio les daban despensas, les hacían de comer arroz y mole y les festejaban  «Los Juanes» (el día de San Juan). Se llevan muy bien, pero ahora no saben cómo es que su vida va a continuar sin sus dos hijas.

Teresa, la mayor de ellas, enfermó durante esta lamentable pandemia. Dieciocho días estuvo muy enferma. El 15 de enero de 2021 murió por posible Covid.

Teresa e Isabel eran muy unidas. Ambas, cariñosas, alegres, dedicadas a sus familias, a sus hijos. Teresa bailaba mucho, disfrutaba el rock’n’roll. Isabel, junto con Teresa, amaban cantar. Eran devotas del «Divino niño Jesús», al que cada 20 de julio Isabel  lo adornaba con un arco de globos, lo vestía y junto con Tere lo llevaban en procesión al catecismo; compraban dulces y los regalaban a los niños.

La muerte de Teresa lastimó a esta extensa y unida familia, que se vio sumida en la misma desesperación que muchas familias vivieron y siguen viviendo por la pandemia. A Isabel le afectó sobremanera la muerte de su hermana. Si de por sí ya no sonreía, ahora le hacía falta su otra mitad. Eran muy apegadas, y la tristeza se apoderó de Isabel. La familia completa extraña a la mayor de los hijos de don Juan y doña Juana. Sin embargo, el 18 de marzo de 2021, prácticamente dos meses después, un hombre decidió sumir más en el dolor a la familia Chávez Perales.

Isabel conoció a Heriberto hace ya varios años. La joven, de aquel entonces 21 años, ya era madre de una pequeña de nueve meses cuando lo conoció. Tuvo tres hijos más con Heriberto. La relación no era buena, por lo que Isabel se alejó de Heriberto en el 2001 cuando nació el más pequeño de sus hijos.

En  2015 volvieron a tener comunicación, ya que uno de sus hijos se iba a casar. Algo pasó en ese reencuentro, algo que aún los padres y los hijos de Isabel no comprenden: Isabel regresó, reiniciaron una relación que nada tenía de estable. La familia no lo entendía. Isa ya tenía una relación con un buen hombre que la amó hasta el último momento. Menos lo comprendían porque Heriberto ya tenía otra familia, y la relación de Isabel y Heriberto siempre fue violenta. Por ello no comprendían el regreso. 

Isabel se definía por vestir siempre bien, no le gustaba verse desaliñada. Sin embargo, a raíz de que el sujeto regresó con ella dejó de arreglarse, dejó de verse alegre. De repente su rostro lleno de alegría, de calma, se veía opacado por la tristeza.

Isabel era madre de cuatro hijos, a quienes formó exactamente igual que sus padres la formaron a ella. Les enseñó a luchar, a trabajar por lo que querían.

Mary vivía en el mismo edificio que su mamá, en el poblado El Rosario, en Cuatitlán Izcalli. Ese 18 de marzo, después de una pelea que tuvo Heriberto con uno de sus hijos que defendía todo el tiempo a Isabel, él se fue y regresó más tarde cuando sabía que Isabel estaría sola. Y comenzó a golpearla. Los vecinos alarmados le avisaron a Mary para que subiera a ver qué sucedía con su mamá y Heriberto. Lamentablemente la puerta estaba cerrada, no podían entrar y escuchaban los gritos de auxilio de su madre, que se encontraba en su recámara. Uno de los hijos de Isabel finalmente logró brincarse y entrar al departamento, sólo para encontrar a su madre ensangrentada en su cama, Heriberto, cobarde, se arrojó por una ventana del tercer piso del edificio donde vivían y escapó.

Eunice, Mary, Guillermo y Francisco, los hijos de Isabel, así como sus nietos, todos los días la extrañan. Cada mañana y tarde voltean sus ojos a la ventana de la recámara de Isabel. Esa recámara donde todavía Mary la vio con vida y que muchas veces, llena de culpa, recuerda el momento en que al entrar al departamento la vio respirar. Rememora ese terrible instante en que se escapó frente a ella la vida de su madre. Sebastián, su nieto, todo el tiempo le llora y recuerda y expresa: «Se murió mi Chabe, se fue al cielo».

Isabel tenía un puesto de dulces donde toda la familia se reunía, donde Sebastián abrazaba a su abuela y le decía: «Ya vine, Chabe». Hoy Sebastián voltea sus ojos a la ventana para decir: «Hola, mi Chabe, ya vine».

Los padres, hermanos, hijos, nietos, sobrinos, vecinos y amigos que conocieron a Isabel siguen esperando a que un día la justicia llegue, a que un día una llamada les haga saber que Heriberto ya fue detenido. Lamentablemente el tiempo pasa y hasta el momento las autoridades no han hecho mucho por lograr su ubicación. Ni nosotros hemos logrado ubicarlo. La complicidad de la familia del presunto asesino ha puesto todas las trabas para poder saber dónde está. Pero no hay crimen perfecto, ni mezquino asesino que pueda esconderse eternamente.

Hoy la familia de apoco pierde la esperanza, y sólo desea que la justicia divina llegue a Heriberto, que el recuerdo del crimen que cometió lo acompañé cada segundo de su vida, que Isabel no lo dejé dormir, que no lo deje descansar y que la vida se encargue de él.

Porque ellos son las voz de Isabel. Las siguientes líneas fueron escritas por Eunice, una de las hijas de Isabel. Esta es su voz:

El próximo 18 de junio de 2021 se cumplen tres meses de tu partida, aquel día en el que te arrebataron de mi vida, desde ese día se fue la mitad de mí contigo, y hasta hoy no sabes la falta que nos haces a mí y a tus hijos María, Francisco y Guillermo.

Cuando tuvimos el problema de Memo quería correr a tu casa para avisarte, para que me dijeras qué hacer, mi abuelita se puso muy mal, y desde entonces entre más y más se acuerda de ti, de la forma que te asesinaron está enferma y el doctor le dijo que puede ser depresión. Todos en casa no sabes cuánto anhelamos que tu asesino pague por lo que hizo, todos los domingos sacábamos tu puesto de dulces, ese puesto que nos reunía a todos, y no sabes mamita qué difícil es llegar y que tu puesto no este, que Santiago tu nieto corría al puesto a darte un beso y decirte «mi Chabe ya vine; ahora llegamos y voltea a tu ventana y triste dice «ya vine mi Chabe». 

Pero ¿sabes? lo que sí, estoy segura es de que siempre vivirás en mi mente y mi corazón, cuídanos y bendice nuestro camino donde quiera que estén tú y mi tía Tere tu hermana que siempre decidieron estar juntas y mira hasta hoy.

Un beso y un abrazo hasta el cielo con todo el corazón, te aman y te extrañan tus padres, tus hermanos, tus sobrinos, tus nietos, y especialmente tus cuatro hijos. Isabel Chávez Perales, siempre en nuestros corazones.

Te amamos.

Cuándo es el padre el que arranca a una madre de sus hijos el dolor es doble. Pensamos mucho en los pequeñitos (invisibles), que se quedan huérfanos sin sus madres para que los vean crecer. Si esos pequeños son invisibles para los ojos de muchos, los hijos huérfanos adultos lo son aún más, se quedan igual de desesperanzados que los pequeños. Los cuatro hijos de Isabel y Heriberto todos los días la extrañan, a diario esperan que esto haya sido una pesadilla. Esperan un milagro, un sueño anhelado, creen que va a volver, que la volverán a ver, que se sonreirá con ellos y les hará saber que todo fue una broma, un chiste de mal gusto y que ella sigue a su lado. Como ya es costumbre, los medios locales «informaron» escuetamente del feminicidio de Isabel, exhibiendo la foto filtrada, una vez más, de cómo la dejó su asesino. Nadie hizo más.

Hoy toda la familia de Isabel forma parte también de la gran familia del dolor, de la vergüenza de las instituciones de todo el país, de la gran familia de las Voces de la Ausencia.

Y nosotros no pararemos hasta que Heriberto pague por lo que le hizo, por cada golpe, por cada herida, por cada lágrima que provocó en Isabel, así como todo el infierno en el que ha sumergido a la familia completa.

Ayúdanos a que el rostro en vida de Isabel se vea más que ese trágico momento que revictimiza a diario a su familia. Dale dignidad, voz y rostro; ella no se lo buscó. A ella, un perverso sujeto la asesinó ¿Por qué? Porque pudo, porque cree que nadie lo encontrará.

Isabel.


¿Eres madre, padre, hermana, hermano, hija, hijo de una mujer víctima de feminicidio o desaparición? ¿Eres sobreviviente de una relación violenta o intento de feminicidio? Búscanos, ayúdanos a visibilizarlas y a contar sus historias: Voces de la Ausencia.

* Comunicadora libre, bloguera mexicana.

@FridaGuerrera

Facebook: FridaGuerrera Guerrera

[email protected]

Voces de la Ausencia @VocesDLAusencia

La imagen de interiores se publica con autorización de la familia.

Foto de portada (ilustrativa): Guillermo Vuljevas (@vuljevas) / Unsplash.






Luis López




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