SOMOSMASS99
Marco Samario Queirolo*
Lunes 23 de septiembre de 2024
La reforma al Poder Judicial expuso a sus detractores. Todos tienen miedo.
La reforma al Poder Judicial (PJ) lleva siendo tema en la agenda política desde hace varios meses. Sin embargo, hace dos meses explotó mediáticamente y hoy tanto jóvenes como mayores han mostrado interés en lo que ha sido denominado como “Plan C”.
Con el paso de los días la reforma fue tomando fuerza y se volvió el tema de conversación en círculos que nunca hablan de política. Con los días el revuelo mediático se transformó en posturas e incluso en posicionamientos públicos. Personalmente, el asunto me llevó a poner atención en la postura de quienes estaban en contra.
Ahí es donde un pequeño duende sembró la duda en mí: ¿Qué podría llevar a alguien a posicionarse en contra de una reforma al Poder Judicial? Digo, los errores en la dictaminación de sentencias y la impartición de justicia se han acercado mucho al universalismo Hegeliano. Es decir, en algo común para la mayoría de los individuos.
Ejemplo de ello es que al final del día se volvió común escuchar o leer sobre casos aberrantes en donde los infractores salían libres de cualquier responsabilidad, ya fueran violadores, asesinos, acosadores, deudores multimillonarios con un sin fin de intereses de por medio. Sin embargo, el Poder Judicial no sólo omitía estas faltas, sino que, apoyados por el modelo actual, permitió que se fabricaran historias mal intencionadas que pusieron a inocentes tras las rejas, como pasó con Israel Vallarta -del caso “Cassez- Vallarta”-, o con Karina Reyes, maestra de un jardín de niños en Ecatepec, Estado de México, que pasó dos años en reclusión acusada falsamente de violar a una alumna de cuatro años.
El revuelo en contra de la reforma en días recientes responde a la posibilidad de tres factores base: el miedo racionalizado, una lucha ideológica o la defensa de los privilegios.
El primer escenario nos traslada a una descripción nacional en la que existe un partido hegemónico que domina dos de los órganos del Estado, el ejecutivo y el legislativo. Este proceso se vio fortalecido en las pasadas elecciones, otorgando una mayoría calificada a MORENA, lo que se traslada a una aprobación cuasi tramitaría de leyes en un acuerdo directo con el Poder Ejecutivo. Sabemos bien que el poder soberano se divide en tres poderes por los procesos de balance y de una estructuración en la aplicación del poder. El miedo racionalizado se vuelve sensato al separarlo de sesgos ideológicos, siendo que la reforma al Poder Judicial tomaría fuerza política positiva para la corriente hegemónica, ya que siendo MORENA quien domina los otros dos poderes, puede elegir en sus evaluaciones a aquellos individuos que se alineen mejor con sus intereses (como ha sucedido con el modelo actual). Esto sin mencionar que una posible campaña mostrando simpatía al proyecto de nación actual aseguraría un gran apoyo social para el candidato, como se vio reflejado el 2 de junio.
¿Es lógico pensar que la finalidad del gobierno actual es perpetuar a su líder político? Como buscan los representantes de poder, el ideal es conservar su posición por lo que esto conlleva, independientemente de si es dirigido por la misma persona o no; específicamente su injerencia en la toma de decisiones, el manejo de estructuras financieras y la dominancia en los ejes fácticos que se ven sustentados en ideologías, convicciones o principios.
Las otras dos bases del desacuerdo con la reforma se ven divididas en dos ejes fundamentales: El repudio ideológico y el sentido de supervivencia. Andrés Manuel López Obrador, máximo representante de MORENA, llegó al poder con el eslogan “Por el bien de todos, primero los pobres”, presentándose como un representante de la izquierda, al menos teóricamente.
Haciendo caso omiso de la mitificada figura del presidente, es común escuchar o leer en el mundo occidental que la izquierda sólo es un símbolo de atraso, gente floja y un estado que odia la propiedad privada, esto independientemente de la realidad reflejada. No importa si es AMLO o Lula da Silva, para la derecha occidental ellos son la reencarnación de Marx, incluso para la derecha “oficializada” en Chile, no importa si Gabriel Boric actúa como lo haría Pinochet, ellos consideran que llegar a la presidencia por un partido de “izquierda” es prueba irrefutable de que el comunismo come niños llegó a “apoderarse del país” y a empobrecer a todos.
La derecha mexicana no escapa del ejemplo: el “comunista” de AMLO puede traer a Tesla a México, invitar al ahora ex enviado especial para el clima de EE.UU., John Kerry, a hablar en el estado de Oaxaca sobre los “beneficios” del tren interoceánico, invertir y concesionar territorio a múltiples trasnacionales estadounidenses o incluso tutearse con su “amigo” Joe Biden, pero nada de eso evitará que para ellos sea el comunista más descarado de la historia. Esto solamente ejemplifica que la confrontación ideológica lleva a conflictos ajenos a la realidad, así como a la tan sonada hipótesis de que la marea rosa “se haría presente en las urnas” y terminaría con “la dictadura Obradorista”.
Para muchos opositores, al perder las elecciones, Norma Piña se convirtió en el último bastión. Hablamos de que era vista como si estuviera cargando un estandarte con la imagen de la Virgen de Guadalupe para “sostener” y/o “defender” al país. En otras palabras, se oponen por ser Obrador, o por ser estructuras “de izquierda” y no por un razonamiento lógico.
Si bien parte de las protestas han surgido de esta confrontación ideológica, recordemos que la derecha mexicana viene de la opulencia política sostenida durante muchos años, específicamente desde el desmantelamiento del Estado de Bienestar a finales de 1982 e inicios de 1983. En todos lados existen grupos politizados que actúan a la orden de intereses particulares, no por nada los estudiantes que se manifestaron en contra de la reforma resultaron exhibidos por sus propios compañeros al especificar que parte de las movilizaciones eran pagadas, otras en donde los asistentes no eran estudiantes, e incluso que profesores les pidieron participar a cambio de cualquier cantidad de facilidades académicas.
Dentro de los grupos de interés más relevantes están a los que me he referido como “defensores de sus privilegios”. Estos como su nombre implica, participan mayormente de forma activa en las protestas pues su estabilidad laboral, económica y hasta social, dependen de su puesto dentro del Poder Judicial. En los últimos debates sostenidos por los senadores se describió un panorama sombrío en el Poder Judicial, donde las convocatorias eran ocultadas y liberadas para familiares de ministros, jueces, magistrados y otros representantes de la institución con cargos importantes, destacando la presencia de familias enteras en la institución. Por otro lado, las denuncias hacia personas con los cargos anteriormente mencionados casi nunca se vieron reflejados en acciones en procesos como los utilizados con el grueso poblacional. Esto sin mencionar la cantidad de dinero poco racionalizado que es otorgado para cada posición, resaltando las pensiones vitalicias de individuos que estuvieron en cargos importantes por una ínfima cantidad de tiempo. A día de hoy, ya aprobada la reforma, y de forma descarada bajaron la edad de jubilación.
Este panorama sombrío, pero sumamente beneficioso para sus miembros es lo que llevó a una lógica defensa de sus privilegios, o lo que ellos podrían definir como “una lucha por sobrevivir”. Esto generó un pequeño movimiento pseudo organizado pero fundamentado en dos ejes distintos, con un supuesto mismo fin: detener la reforma, ya sea por un miedo racional a la concentración de poder a manos de alguien contrario ideológica o grupalmente; o por miedo a perder una posición envidiable y exageradamente beneficiosa para unos cuántos a costa de la justicia en el país.
Como conclusión, los cambios en el Poder Judicial son necesarios y pueden tener un verdadero impacto en la forma en que se imparte la justicia día a día. Lo realmente importante, es que de funcionar puede validar o justificar cualquier tipo de reestructuración a futuro. Cuestionarse el motivo de la reforma en este preciso momento, ya es otra cuestión.
Quizá este es solo el prólogo de un sexenio plagado de sorpresas. Ya sean buenas o malas, pero sorpresas…
* Egresado de la licenciatura en políticas públicas por la Universidad Autónoma Metropolitana. Autor de la ponencia «Economía circular y sustentabilidad, una simbiosis«, para la Red de Investigadores Parlamentarios en Línea (REDIPAL). Profesor universitario y de nivel medio superior.
Imagen de portada: Suprema Corte de Justicia de la Nación. | Foto: SCJN.
Comparte en Facebook
Twittéalo








