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Toluca y la palabra del sendero

Sociedad País / Top News / 01/03/2016

SOMOSMASS99

 

Abraham Bosque / Másde131

Toluca, Edomex. / Lunes 29 de febrero de 2016

 

Una voz en lengua ancestral se escucha por el micrófono invocando a los rumbos: saludo al padre sol. Ri tsengüa rama, saludo al viento. Ri tsengüa re, saludo al agua. Ri tsengüa rufi, saludo al vientre de la mujer. Ri tsengüa jama, saludo a la madrecita tierra que nos da de comer y cuando trascendamos nos recibirá en su corazón con mucho cariño. Ahí nos va a tener por siempre, eternamente.

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«Saludo al padre sol. Ri tsengüa rama, saludo al viento. Ri tsengüa re, saludo al agua».

Es la maestra Estela, mazahua de la montaña de Jocotitlán, Estado de México, quien toma la palabra para saludar a las energías del lugar y a los participantes del primer aniversario del Consejo Supremo Indígena Otomí del norte de Toluca.

Los saludamos hermanos. Siempre y cuando sigamos manteniendo nuestra tradición, seguiremos conservando nuestra palabra, la palabra que vale, la palabra que no miente. Cuando en 1521 llegaron los europeos por el mar nos enseñaron a mentir, pero nosotros no aceptamos mentir, por eso estamos aquí, concluye.

Actualmente, muy poco se conoce de las comunidades y pueblos milenarios que cohabitan cercanos al valle de Toluca, en el valle Matlatzinca. Más allá del cosmovitral, de los portales o el Nevado de Toluca se ignora la magia y la espiritualidad que perdura en estas comunidades aledañas y olvidadas por la sociedades modernas industriales neoliberales.

Jñajtro/Mazahuas, Ñhatos/Otomíes, Ocuiltecos/Tlahuicas, Nahuas y Matlatzincas no existen en el imaginario del hombre y la mujer que yace cómodamente en la gran ciudad toluqueña. Por académicos investigadores intelectuales artistas, y taciturnamente por gran parte de la sociedad civil, hay un fuerte desconocimiento e invisibilización de los fundamentos políticos, cognitivos, religiosos, medicinales y orales que estas comunidades ejercen día a día en las periferias, y mas allá de la línea abismal, entre Toluca y los pueblos que tiempo atrás fundaron una de las ciudades más desarrolladas y voraces que actualmente existen en la república mexicana.

En enero de 2015, los pueblos originarios otomíes del norte de Toluca que comprenden principalmente las comunidades de San Andrés Cuexcontitlán, San Pablo Autopan y San Cristóbal Huichochitlán, cada una con sus distintos barrios y ejidos, se manifestaron en el zócalo capitalino de esta ciudad para entregar documentación de consulta popular a las distintas instancias gubernamentales del Estado de México.

En este documento las comunidades ratifican su derecho a la autonomía y a la libre determinación, después de que el ayuntamiento de Toluca impusiera, sin conceso comunitario, a autoridades políticas y espirituales indígenas de estas comunidades. Es decir, esta documentación desconoce y denuncia parcialmente toda imposición por parte del Estado Mexicano que violente y atente contra su forma de organización, contra su modo de pensar, de ser y de existir en el mundo.

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«Desafortunadamente el sistema o el gobierno trata de desaparecernos, pero eso va a ser imposible».

A este desconocimiento y denuncia, actualmente se suman pueblos hermanos de la región -como el Consejo Indígena del Trueque de Santiago Tianguistenco-, que manifiestan su inconformidad y total repudio a toda forma de manipulación. También se suman las comunidades del Bosque Otomí-Mexica que llevan un proceso de ocho años en defensa de su territorio contra un megaproyecto de muerte: la autopista privada Toluca-Naucalpan.

A un año de estos hechos, los pueblos otomíes del norte de Toluca, celebraron el 14 de febrero de 2016, en la comunidad indígena de San Cristóbal Huichochitlán, el primer año de trabajos comunitarios como autoridades y representantes indígenas legítimos, ya que como ellos mencionan, fueron elegidos en consulta por los habitantes de sus comunidades, elegidos por el propio pueblo.

Juan Izquierdo, jefe supremo otomí, toma el micrófono y menciona:

«En estos días de lucha para realizar este consejo otomí de Toluca, los compañeros tuvieron que batallar un poco para llevarlo a cabo. Les decía hace ratito que desafortunadamente el sistema o el gobierno trata de desaparecernos pero eso va a ser imposible. Según el INEGI, es un instituto que hace evaluaciones de nuestras comunidades, que ya no existen, pero eso es mentira señores, aquí estamos por lo tanto vamos a seguir en la lucha de preservar nuestras tradiciones y costumbres».

Juan es otomí de San Cristóbal Huichochitlán y es una de las personas que fue nombrada como autoridad, con uno de los cargos que demanda mayor compromiso espiritual, responsabilidad y congruencia ética: el de ser jefe supremo otomí. Él, junto a los demás representantes y el consejo, por ahora es comisionado de velar por las causas justas y nobles de sus comunidades, de darle continuidad a la vida antigua de los otomíes a partir de sus usos y costumbres, de estar siempre presente en las problemáticas que puedan atentar contra la paz de su pueblo, así como de solventar colectivamente las necesidades de este mismo. Juan sigue platicando a la comunidad:

«Esto es el primer aniversario de lo que se estructuró hace un año. Es una forma de conducta colectiva donde se conjuga la sagrada tradición de nuestros antepasados, en las circunstancias actuales, haciendo uso de nuestra autonomía y la libre determinación emanadas en el convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Ya es nuestro derecho autogobernarnos, tener nuestra propia identidad como pueblo y decidir sobre nuestra vida presente y sobre nuestras vidas futuras».

Durante las actividades del primer aniversario del consejo Supremo Otomí del norte de Toluca hicieron presencia distintas organizaciones y colectivos de esta zona. Uno de ellos fue la Biblioteca Autónoma El Kantón Libertario que está próxima a cumplir 15 años de trabajo y de dar servicio a la comunidad otomí de San Andrés Cuexcontitlán, perteneciente a esta región.

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«Nos comprometemos a estar unidos en la lucha, por el respeto a nuestra identidad».

Participaron con una ceremonia y danza mexica, la cual fue dedicada al compañero Kauyumari, habitante del Chanti Ollin, la casa en movimiento de la Ciudad de México, por su pronta recuperación después de que fuera internado y sometido a distintas cirugías.

También dentro de las actividades hubo gastronomía, música y danza tradicional otomí. El Consejo Supremo compartió la noticia de la futura construcción de esculturas con símbolos y personajes mitológicos, que versen sobre la filosofía y la teología otomí, a la entrada de cada comunidad. Esto como símbolo y refuerzo de la identidad comunitaria. También se nombraron a coordinadores comunitarios en áreas de deporte, salud, tierra y territorio, educación, derechos humanos y desarrollo social y cultura.

Con estas actividades los cinco pueblos indígenas que conforman el Estado de México dan continuidad a los pactos que en la década de los 70’s se proclamaron con digno fuego, tinta y pensamiento; por su reconocimiento, respeto y reivindicación: la declaración de Temoaya y el Pacto del Valle Matlatzinca. En este último, uno de los documentos más importante que se han emitido en el valle de Toluca por parte de los pueblos dignos y rebeldes que construyen un mundo más ameno, los pueblos mencionan:

«Nosotros: Matlatzincas, otomíes, mazahuas, y tlahuicas, habitantes milenarios de esta tierra que ahora forma parte del Estado de México, nos comprometemos a estar unidos en la lucha, por el respeto a nuestra identidad.

«Por mas de 400 años, la mayoría de los que han dirigido este país, han querido acabar con nuestra cultura, han querido negar nuestra existencia, nuestros valores, imponiéndonos otros, que para nosotros son ajenos; creemos que negar nuestra existencia, nuestro derecho a participar como grupo étnico es negar a México.

«No somos curiosidades antropológicas, ni objetos de museos, somos seres humanos que pensamos y sentimos, que poseemos una identidad cultural que reclama respeto bajo una realidad socio-económica que debe ser abolida».






Luis López




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