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Trump en la ONU

Diálogo Estado / Top News / 22/09/2017

SOMOSMASS99

 

Alfonso Díaz Rey*

Viernes 22 de septiembre de 2017

 

Hace unos días, a propósito de la extensión que firmó Donald Trump de la ley que es sustento «legal» del bloqueo a Cuba, decíamos que tal actitud no era de extrañar.

Pues bien, ahora con motivo del periodo anual de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, el señor Trump se estrenó en la ONU; de la intervención del actual presidente de Estados Unidos, con el conocimiento de lo que resulta cada vez que abre la boca, y no precisamente para comer, no podía esperarse menos en su discurso.

Fue un compendio de arrogancia, egoísmo, mentiras y amenazas, aderezado con la extraordinaria ignorancia que le caracteriza, además de su gran impericia política y diplomática.

El hecho de vanagloriarse porque en el desempeño de su país tengan especial relevancia la especulación financiera El mercado de valores se encuentra en los niveles más altos de todos los tiempos […]»), y el espíritu guerrerista y expansionista que caracterizan a Estados Unidos desde su fundación como país independiente Y acaba de anunciarse que gastaremos casi $700 mil millones [de dólares] en temas militares y de defensa»); es una muestra de los «valores» que cultiva y promueve esa sociedad.

Quienes no comparten los valores de la «democracia» norteamericana, «peligros crecientes que amenazan todo lo que apreciamos y valoramos», son regímenes «canallas»; por tanto, enemigos de Estados Unidos y candidatos a alguna forma de agresión por parte del imperio. Por ello ese país ha sido, en la historia moderna, el que en más conflictos bélicos ha participado y provocado.

En ese contexto, Estados Unidos tiene enemigos en casi todo el mundo, razón por la que mantiene alrededor de 800 bases militares desplegadas en más de 70 países, cuya función es velar por esos valores (y las altas ganancias que generan).

Las amenazas del imperio son contra países más pequeños y débiles económica y militarmente. Su arrogancia e ignorancia le llevan a olvidar fracasos de experiencias militares en las que enfrentó a pueblos concientes y decididos a defender su soberanía.

Una de esas experiencias fue la invasión a Cuba en abril de 1961, aventura que duró solamente 66 horas y devino rotundo fracaso.

Esa derrota, la primera del imperialismo en América, fortaleció a la Revolución Cubana y potenció el ejemplo que representa un pueblo que decide ser dueño de su presente y futuro. Por ello, en su alusión a Cuba: «Es por eso que en el Hemisferio Occidental los Estados Unidos se han opuesto al corrupto régimen desestabilizador en Cuba y ha abrazado el sueño perdurable del pueblo cubano de vivir en libertad. Mi Administración anunció recientemente que no levantaremos sanciones al gobierno cubano hasta tanto no haga reformas sustanciales», deja ver claramente que la estrategia del imperio es la imposición de todo aquello que aprecian y valoran.

Y como otros pueblos, con el ejemplo de Cuba, han decidido sacudirse el yugo imperial y ejercer su soberanía, ya forman parte de los regímenes canallas y, por ello, son objeto del acoso norteamericano.

Tal es el caso de Venezuela: «También hemos impuesto sanciones duras y calibradas al régimen socialista de Maduro en Venezuela, que ha llevado a la que fuera una nación próspera al borde del colapso total. […] Sus instituciones democráticas están siendo destruidas. Esta situación es completamente inaceptable, y no podemos permanecer pasivos y observar». El encono contra ese hermano país se debe al papel fundamental que ha tenido en la conformación de organismos multinacionales en los que en su relación se privilegia la colaboración y la solidaridad, valores contrarios a las bolsas de valores, al militarismo y al expansionismo.

Y si hubiera alguna duda respecto de los «valores» que Trump defiende, dice: «Nuestro vínculo económico constituye una base fundamental para hacer avanzar la paz y la prosperidad de todos nuestros pueblos y todos nuestros vecinos»; aseveración contradictoria pues la realidad muestra otra cosa.

Además, descalifica cualquier forma de pensar y de ver el mundo que no se apegue a sus valores: « Desde la Unión Soviética hasta Cuba y Venezuela, donde quiera que se ha adoptado el verdadero socialismo o comunismo, se ha generado angustia, devastación y fracaso. Aquellos que predican los principios de estas ideologías desacreditadas solo contribuyen al sufrimiento continuo de las personas que viven bajo estos crueles sistemas». Para desenmascararlo bastaría recordar a Simón Bolívar, y confrontarla con la realidad, cuando dijo: «Los Estados Unidos parecen destinados por la Providencia para plagar la América de miseria a nombre de la libertad».   

Además es cínico. Trump presenta a su país de manera totalmente opuesta a lo que es: «Los Estados Unidos de América han sido una de las mayores fuerzas del bien en la historia del mundo y los más grandes defensores de la soberanía, la seguridad y la prosperidad para todos»; y casi inmediatamente nos regresa a la realidad: «Tenemos que derrotar a los enemigos de la humanidad y liberar el potencial de la vida misma».

En fin, la sarta de mentiras y la demostración de ignorancia del presidente de Estados Unidos son de tal magnitud que es realmente difícil que alguien pueda superarlo.

La votación en los próximos días de la propuesta de Cuba para poner fin al bloqueo pondrá a Trump en su lugar.


* Alfonso Díaz Rey es miembro de la Constituyente Ciudadana Popular y del Frente Regional en Defensa de la Soberanía en Salamanca, Guanajuato.

Foto de portada: Sin Cortapisa.






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