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Tupamaros

Diálogo País / Top News / 04/12/2019

SOMOSMASS99

 

José Antonio Bueno Saucillo*

Miércoles 4 de diciembre de 2019

 

¿Quiénes fueron, qué querían, cuándo, por qué?

Los tupamaros fueron una agrupación política con filiación de izquierda de Uruguay, que surgió aproximadamente durante los años sesenta; incidió políticamente en su país de manera muy significativa, prácticamente hasta la actualidad; esta actualidad en donde se debate el neoliberalismo en América Latina por medio de una reacción popular con altas y bajas, de contiendas territoriales y patrimoniales, en donde unos matan y otros se defienden.

En tal debate Estados Unidos no ha quitado el dedo desde siempre, porque no ha quitado, ni lo hará, los ojos y su ambición de los recursos de los países latinoamericanos, ni de la fuerza de trabajo y capacidad de consumo de sus habitantes.

Resultaría ocioso ya el hacer una relación de invasiones y golpes de Estado instrumentados por el Imperio norteamericano en nuestros territorios.

Nuestra gran Patria, América Latina.

Los Tupamaros tomaron su denominación del nombre del gran caudillo mestizo de la Gran rebelión de 1780, Túpac Amaru II (serpiente resplandeciente en lengua quechua), denominación que hicieron patente desde 1965; ocasión en que el MLN (Movimiento de Liberación Nacional) efectuó un ataque a los laboratorios Bayer porque surtían gases tóxicos que eran usados contra el pueblo vietnamita.

Fue la primera vez que usaron ese nombre: Tupamaros, dejando una nota reivindicando el asalto a los laboratorios.

Determinando un punto de partida cronológico veamos un poco del panorama sociopolítico de Uruguay a partir de finales de los años cuarenta, cuando la finalización de la segunda guerra mundial marcó el inicio de nuevos senderos.

En esos años Uruguay ostentaba una imagen hacia el exterior de estabilidad política y económica, y algunos analistas le llegaron a llamar la Suiza de América por su imagen de prosperidad.

En ese entonces el Partido Colorado dominaba el ambiente político; de manera consecutiva había aportado cuatro presidentes: Juan José de Amézaga, Tomás Berreta, Luis Batlle Berres y Andrés Martínez Trueba. Este período (el nuevo Batllismo) descolló políticamente porque en 1952 se instauró el Consejo Nacional de Gobierno, ni más ni menos que un Poder Ejecutivo colegiado de nueve miembros, que era el proyecto por el cual había luchado José Batlle y Ordóñez desde 1913.

El poder ejecutivo era colegiado.

El auge económico se debía fundamentalmente a los altos precios de las exportaciones debido a la economía de guerra que debían pagar los países en contienda.

Poco a poco esta época dorada de la política uruguaya se fue derrumbando de la mano, desde luego, del renglón económico, ya que las altas exportaciones requirieron más equipo burocrático y este sector se hizo crecer inconscientemente, con ambiciones corporativas, entre 1945 y 1955 las filas de la burocracia aumentó el 195 %.

Se comienza a operar la fuga de capitales.

Se tuvieron grandes egresos por la compra de servicios públicos a empresas privadas, principalmente de Inglaterra a cambio de parte del pago por deudas de 17.5 millones de libras esterlinas contraídas durante la guerra, usados en la producción de exportaciones y la burocracia.

El Batllismo se derrumba y se hace más visible la lucha de los diferentes grupos de oposición, varios de índole socialista.

Esto pudiera servirnos ahora como antecedente.

Establecido que los Tupamaros surgieron a finales de los sesenta, precisamente como parte del impulso expansivo de la Revolución Cubana, como en varias partes del mundo, ocurre que lo que se denominaba el MLN se convierte en MLN-T; habremos que decir que adoptaron la guerrilla urbana como estrategia de lucha, ya que la mayoría de la población estaba en las ciudades, casi el 80%; trescientos kilómetros cuadrados de concreto fueron entonces su ámbito de combate, había que llevar la Revolución al pueblo… crearon el concepto del foquismo urbano, inspirados en la propuesta de lucha del Che Guevara, que en esos tiempos se elevó a teoría revolucionaria.

Los Tupamaros y los demás grupos de izquierda lograron sobrevivir porque sus diferencias no eran ideológicas, sino estratégicas, de procedimiento; mientras los socialistas y comunistas fincaban su práctica en la teoría, el parlamentarismo y la lucha electoral, ellos afirmaban que las armas eran la única vía factible, dadas sus condiciones; para ellos era más importante la lucha que la teoría revolucionaria, «la teoría surge de la práctica».

Su estrategia no obedecía al acartonado determinismo de la teoría marxista pura, ellos creían que se podía, sobre la marcha, ir construyendo la Revolución con prácticas que se autoalimentasen; reivindicaron a la guerrilla como el mayor exponente, como un afán ultra voluntarista con prácticas humanistas e inmediatas de compensación a la sociedad que románticamente nos recuerdan a las realizadas por Chucho el roto o Robin Hood.

Carlos Real de Azúa, académico uruguayo, afirma que los Tupamaros no fueron una guerrilla sino «un movimiento con armas». También maneja que los Tupamaros no organizaron una guerrilla efectiva, ni cumplieron en marcar un camino hacia la insurrección popular, pero fueron muy eficientes haciendo una propaganda armada ejemplar, mediante acciones arriesgadas e ingeniosas; varios habían hecho política sin armas, como Raúl Sendic (el líder más visible de los Tupamaros que provenía del Partido Socialista de Uruguay) y José Mujica del Partido Nacional, los dos ya habían sido defraudados por el sistema electoral.

Hay un acontecimiento político en 1973 que marca, sin duda, una nueva senda, desafortunada para Uruguay, la implantación de la llamada dictadura cívica-militar por Juan María Bordaberri, esgrimiendo que «la acción delictiva de la conspiración contra la Patria, dialogada con la complacencia, de grupos políticos sin sentido nacional, se halla inserta en las propias instituciones, para así presentarse encubierta como una actividad formalmente legal»; en cuarenta y ocho horas disolvieron el congreso y las fuerzas armadas tomaron el poder; y prácticamente fue masiva la campaña de exterminio de las fuerzas subversivas que se habían reagrupado en el Frente Amplio (1971) que aglutinaba a los socialistas, comunistas, demócratas cristianos, ultraizquierdistas, escindidos del Partido Colorado y del Nacional.

Muertes, tortura, desapariciones, encarcelamientos.

De los sobrevivientes, muchos fueron encarcelados, hasta 1985, año en que se restauró la democracia, se amnistió a todos los presos políticos.

En 1989 los Tupamaros crearon el Movimiento de Participación Popular (MPP), habían decidido participar electoralmente, y decidieron moderar su discurso.

Ganaron diputaciones en 1994, senadurías en 1999, fueron uno de los factores de triunfo de Tabaré Vázquez en 2004; en 2009 uno de los principales fundadores de los Tupamaros, José Mujica, fue postulado a la Presidencia de la República y triunfa en las elecciones, se desempeña en ese cargo de 2010 a 2015; indudablemente el período más notable para la opinión pública mundial por las reformas e iniciativas constitucionales que implementó en favor de los sectores más desprotegidos de su país, así como por su peculiar personalidad colmada de desprendimiento personal y austeridad en su forma de vida, llegando a ser llamado el Presidente más pobre del mundo y respondiendo a esa aseveración que “pobre no es el que tiene poco, sino que verdaderamente pobre es el que tiene infinitamente mucho y desea más y más”.

La actualidad indica que la gran capacidad del MLN-T, a lo largo cuarenta años, ha sido la convicción de transformación y maleabilidad para no desintegrarse sin perder las premisas fundamentales de su convicción política de izquierda, que ha ido desde una franca raíz de búsqueda del socialismo, enriquecido por el guevarismo, y haber comprendido darwinistamente que la sobrevivencia de una nación depende del saber transformarse sin perder su esencia.

José Mujica, en su época de funcionario del gobierno, repitió en diferentes ocasiones que ellos partieron del sueño socialista y la realidad fue marcando el paso, permitiéndoles cierta holgura para ponerse a la cabeza de la vanguardia democrática en una convivencia digna con el sistema empresarial, marcando claramente distancias ideológicas para dicha convivencia; y de obligaciones fiscales justas para el pueblo y el capital.

Desde luego que, considerando esto, podemos apreciar cómo es que los Tupamaros llegan al contexto actual con alternativas políticas de vanguardia con antecedentes en 2013, sacan adelante propuestas como la regulación del uso de la marihuana, el matrimonio homosexual, la legalización de la prostitución, la aprobación del aborto si se practica antes de las doce semanas de embarazo y catorce en caso de violación, etcétera. Estos rasgos emblemáticos se dan en el campo social, con incidencia, sin duda, en lo económico, político y cultural.

Tenemos que considerar que suena y aparece en el panorama continental como espectacular y de vanguardia en política social.

Los cambios operados en Uruguay y en cualquier país no necesariamente son siempre hacia el frente, menos cuando hay en todo momento quién jala hacia atrás.

Mujica también es reiterativo en señalar que debemos tener la capacidad de levantarnos una y otra vez, pero nunca sentirnos derrotados.

La llamada reacción no ceja, ni lo hará, en sus intentos de reversión, en busca de recuperar espacios perdidos y en el afán de reimplantar regímenes que le aseguren la persistencia de la modalidad más rapaz y salvaje del capitalismo, conocida como neoliberalismo, pues ahora no van sólo tras la fuerza de trabajo del pueblo, sino a adueñarse también del Estado y territorio sin importar que el precio sea la vida.


* Esta es una colaboración del Colectivo Miguel Hidalgo de Celaya, Guanajuato, al que pertenece el autor.

Imagen de portada: José Mujica. | Foto: El Salto.






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