SOMOSMASS99
José Antonio Bueno Saucillo*
Miércoles 13 de febrero de 2019
Las guerras se libran en diferentes frentes; librarlas en todos, suele ser la preocupación de los estrategas que pretendan ganarlas. Pero el asunto no es cubrir todos los frentes, sino hacerlo exitosamente; si no se hace así, los frentes definidos desaparecerán de por sí, y habrá menos posibilidades de triunfar.
Los mexicanos estamos iniciando una guerra, ante la alternativa planteada por Andrés Manuel López Obrador y el Partido Morena y aceptada por la sociedad; su esencia: la Regeneración Nacional, mediante el modelo diseñado para lograr una Cuarta Transformación de la vida nacional después del Movimiento de Independencia, la Reforma, y la Revolución Mexicana.
Debemos estar conscientes de las causas que desencadenan tal confrontación y cómo enfrentarla desde la posición de una persona como muchas…
No es nuevo, pero sí constantemente olvidado, el factor de auto considerarse merecedor de más o todo, por encima de los demás.
Ese es el motivo primario de todas las guerras.
Casi se pierde de vista esta reflexión en el marasmo y la confusión que provoca, la multitud de imágenes y mensajes que bombardean por internet al hombre común, de ahora, del neoliberalismo; pues ese bombardeo arbitrario por parte ya de uno de los frentes de guerra es ya un ejercicio de guerra; una guerra desigual, que se descalifica de entrada quitándole su identidad como práctica bélica; es disfrazada de libre competencia y superación personal necesaria “para progresar”, pretendiendo borrar totalmente la posibilidad de que se trate de un estado de guerra, cuando eso mismo es ya, un ejercicio de ella.
¿Qué podría evitar que estemos casi ciegos ante esta embestida mimetizada del enemigo?
Sin más ni más: El conocimiento y el cuestionamiento que trae consigo.
La capacidad de cuestionar y desde luego, la capacidad de respuesta.
De inicio, ni siquiera necesariamente el conocimiento docto; o el conocimiento de especialistas, el sistematizado, el registrado en textos canónicos; pero sí el producto de un cuestionamiento que pudiera considerarse lógico, fruto de una variante del hombre objeto, una reacción del hombre común y cansado, harto; del hombre inerme, desesperado.
Aunque de principio fuera, sólo el pensamiento del inconforme.
Si se comienza a alimentar ese pensamiento con información que le brinde bases para defenderlo y llegar a lo incuestionable, será un paso verdaderamente importante en lo que implicaría a futuro una trinchera válida y fuerte para enfrentar la guerra citada.
Estas batallas deben ganarse de la mano de los libros, de la información comprobada, de la discusión, del debate sin la pasión malsana de la necedad, de fuentes fidedignas, en contraposición a caer rápidamente en manos de la desinformación expresamente diseñada para causar daño; estas acciones fundamentadas en la lectura serán parte ya de las respuestas a los cuestionamientos iniciales; si es así, se nos presentará de inmediato un problema… ¿cómo distinguir la basura tóxica, de lo que no lo es?
Desgraciadamente muchas ocasiones esa información categórica y dudosamente consignada para “educar” comienza a proporcionarse en las escuelas sean públicas o privadas.
Tóxico y no tóxico: La información que no tenga intrínseco un cuestionamiento y proporcione elementos categóricos sólo para seguirlos a ciegas será lo que no nos sirva, desde luego retirando del planteamiento las ciencias exactas, que representan el concreto y la varilla esencial del conocimiento.
Diría que si somos capaces de distinguir lo que cuestionamos y si tomamos ese hilo como proyecto de investigación para adquirir información en lugar de tomar de inmediato lo ya digerido, lo consignado, lo escrito y “prestigiado”, estamos en camino; es decir todo es cuestionable y hacerlo sirve.
Principalmente, cuando los que han gobernado el país en los últimos cuarenta años han masacrado al pueblo con todo y su ignorancia.
Precisamente lo que han querido, lo que han logrado, es que el ciudadano no cuestione, que sólo consuma, se trague todo lo que se le tire de información y desde luego que siga contribuyendo con su fuerza de trabajo a precio de limosna, para que la empresa siga teniendo grandes ganancias.
He aquí la importancia de dar pasos firmes en pos de adquirir esta capacidad de cuestionar.
“Cuestionas… luego existes”
También es muy importante abandonar la tendencia de definir de bote pronto, adoptar como verdad cada quien “su” verdad. Habríamos que alimentar “nuestra” verdad con argumentos.
En contra de la individualidad está la colectividad; hagámosla, desenvolvamos su poder, la denominación es lo de menos, sea en círculos de estudios, talleres, seminarios, foros, escuelas, colectivos, comités, comisiones, lo que fuere… no les demos el gusto de seguir siendo ignorantes callados y receptivos.
Cuidemos diariamente el ir desechando la desidia, la pereza del comodino, el cinismo del ladrón, el mimetismo del hipócrita, y todo cuanto esquema contenga la cultura de la explotación del neoliberalismo.
Enfrentemos este presente, hagamos acopio de las armas del razonamiento y tengamos el valor de la reacción organizada. Conversemos con nuestros conciudadanos, discutamos, tratemos de encontrar soluciones compartidas a los problemas que nos tienen sujetos a un futuro de inermidad.
Construyamos la autoridad moral para hacer propuestas, incluso exigencias; en muchas circunstancias no la tenemos porque nos hemos concretado a obedecer consumiendo y a exigir sin reconocer, a maldecir y descalificar.
No sólo tenemos derechos que exigir, también tenemos obligaciones que cumplir.
A lo mejor, por primera vez en nuestra vida, todos, comencemos a ser sinceros, en toda la magnitud de la palabra.
* Esta es una colaboración del Colectivo Miguel Hidalgo de Celaya, Guanajuato, al que pertenece el autor.
Foto de portada: Benny Jackson (@themightymerlin) / Unsplash.
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