SOMOSMASS99
PERSIGUIENDO SOMBRAS
Raúl Muñiz Torres
Pensar al escritor mexicano José Emilio Pacheco a dos años de su muerte es tener la posibilidad de pensarlo y recordarlo no únicamente como especialista de su obra, sí con ese amplio espectro que da la calidad de lector y es en esta segunda pista en que yo lo rememoro porque es así como me ubico, un lector asiduo y frecuente revisitador de su narrativa y poesía.
Cuando pienso a Pacheco y sus letras, lo pienso en dos de las características que cruzaban sus relatos: la memoria y el paso del tiempo. Los escritores tienen sus obsesiones, sus temas recurrentes y los lectores, a través de ellos, encontramos también nuestras propias fijaciones existenciales y nuestras inquietudes de vida latentes.
Y es la memoria y el paso del tiempo, elementos centrales de dos de los cuentos que hoy quiero atraer para pensar en José Emilio Pacheco: La zarpa y Langerhaus, relatos incluidos en el libro El principio del placer.
En el primero, se cuenta la historia de dos amigas que representan, cada una de ellas, la fealdad y la belleza física, características que para ambas terminan por ser una desgracia porque para la mujer de aspecto deprimente, resulta un motivo de envidia la suerte de su amiga y para la segunda, el escenario de sentir que su vida se convierte en una mera cosificación gracias a sus innegables atributos físicos.
Relatado en primera persona por la amiga fea quien le confiesa a un sacerdote el pecado de la envidia, La zarpa navega por un profundo mar del desamor y la repugnancia que la vida propia le puede generar al ser humano.
Pero el paso del tiempo parece ser, una vez más, el remedio a todo mal, la cura inefable de todo sinsabor existencial, el tiempo traducido en la vejez, esa etapa dolorosa que todo arrasa, que todo engulle y uniforma al ser humano. Es la vejez la que le dará a la vieja amiga fea la posibilidad de equilibrar su miseria con la de su vieja y antigua amiga llena de vida y belleza. Bendita, maldita vejez.
En Langerhaus, por su parte, José Emilio Pacheco narra el aparente juego del olvido, la desaparición de la memoria y la atroz sensación de recordar en el desierto. Langerhaus es un niño prodigio de origen alemán que toca el clavecín, es compañero de Gerardo en la escuela, pero pasado el tiempo Langerhaus pierde el genio, fracasa y la vida lo lleva por otros derroteros alejado de la música, así, hasta el fin de sus días en un accidente automovilístico.
Sin embargo, pasados los años y ya en la vida adulta, Gerardo es el único que recuerda a su antiguo amigo prodigio de la música, sus ex compañeros parece que lo han borrado de su memoria, le aseguran que nunca existió. Langerhaus no apareció ni siquiera en los diarios en donde se informara de un accidente de auto. Langerhaus parecía ser sólo un fantasma en las obsesiones de Gerardo.
Vuelvo de vez en vez a la relectura de estos dos cuentos de José Emilio Pacheco y constato la presencia de la vejez cada día que salgo a la calle, cada vez que los años van encaneciendo la figura de alguien cercano o lejano a mí, cada vez que los rastros de belleza de alguien empiezan a desaparecer de su rostro, cada vez que la lentitud los hace presa a base de una fuerte cadena de años.
Sé que esa estación de la vida, como lo cuenta Pacheco, volverá para hacernos iguales a todos, para decirnos que si osamos vernos al espejo lozanos y fuertes, quizá llegue un día que caigamos rendidos a sus pies, objeto de la felicidad de otros que nos verán derrotados por la edad.
Y pienso en Langerhaus y sé que lo he vivido, sé que cuando me he topado con el pasado alguno de mis ex compañeros no recuerdan a mi propio Langerhaus, sólo mi memoria lo mantiene vivo, sólo mis recuerdos me dicen que existió. He visto el olvido en el rostro de mis amigos, y sin embargo sé que mi propio Langerhaus existió a pesar de que mi recuerdo se encuentra en medio del desierto.
Regreso siempre a José Emilio Pacheco y hoy, a dos años de su muerte, volveré a leer La zarpa y Langerhaus. No se me vaya a ocurrir olvidar que el olvido, la vejez, la muerte, existen… Existen.
Comparte en Facebook
Twittéalo








