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Una educación nueva

Diálogo Estado / Gaudencio Rodríguez Juárez / Top News / 28/07/2016

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©Gaudencio Rodríguez Juárez*

Jueves 28 de julio de 2016

 

El machismo y el sexismo se cocinan a fuego lento a través de un proceso de educación que comienza en la edad más temprana en los grupos familiares y después se refuerzan socialmente, naturalizando o normalizando ciertas creencias, conductas y formas de relación entre mujeres y hombres y que tienen como sello la desigualdad, la discriminación y la violencia.

Las y los especialistas en el tema nos apuran a cambiar estas formas de educación temprana y nos dejan en claro dónde hay qué poner el énfasis. Belén Nogueiras es una de ellas. Comparto sus líneas a enfatizar en dicho proceso educativo en este siglo 21 si es que queremos que las próximas generaciones de mujeres y hombres sean diferentes: mejores, íntegros, plenamente humanos.

Con los niños varones y los adolescentes:

– Educar para la paternidad certera y tierna y para la participación en el trabajo doméstico.

– Estimular el acercamiento y la valoración de la cultura femenina.

– Promover formas de identidad masculina no basadas en el ejercicio de poder y la violencia.

– Romper la idea de que un varón sensible no es hombre.

– Educar en la empatía, la relación, la comunicación, la valoración, el interés y el respeto por las personas y el entorno.

– Ayudar a que expresen toda su gama de sentimientos: llorar, reír, ser dulces, tiernos o rebelarse.

– Enseñar a resolver los conflictos sin violencia, a expresar desacuerdos, a pactar. Los jóvenes violentos, los hombres maltratadores, no tienen habilidades de comunicación, no han desarrollado la empatía, el cuidado de las relaciones.

– No minimizar o justificar su violencia (“Déjalo, es niño”). Y enseñarles a asumir las consecuencias de sus actos.

Con las niñas y las adolescentes:

– Educar en el derecho a decir: no; a protegerse, a que nadie las mire o las toque como no les guste (abusos sexuales).

– A quererse y valorarse, apoyar sus iniciativas.

– A no copiar formas masculinas de estar en el mundo sino a encontrar su propia identidad.

– Dar autoridad también a ellas, no sólo a los varones y desarrollar la autoafirmación, enseñar a poner límites, a hacer que se respeten sus deseos y derechos.

– Enseñar a nombrar y reconocer la violencia, a no silenciarla o soportarla y a reconocer las señales de los jóvenes violentos para prevenir que establezcan relaciones de maltrato.

Con los niños y las niñas:

– Ofrecer todo tipo de juguetes, actividades y deportes a niñas y niños, invitando a que investiguen nuevos papeles y nuevas situaciones.

– Romper los estereotipos sobre las mujeres y los hombres.

– Enseñar a niñas y niños las habilidades domésticas necesarias para una autonomía personal, incluye el reparto del trabajo doméstico.

– Valorar el cuerpo no por la belleza o la apariencia física.

– No promover la obediencia incondicional como fin último, sino la conciencia crítica.

– Valorar y resaltar las actitudes y comportamientos contrarios a la violencia: la colaboración, el respeto, el diálogo…

Eduquemos en un espíritu de tolerancia, dignidad, libertad, igualdad y solidaridad y paz. Es su derecho. Es nuestra obligación.

* Psicólogo / [email protected]






Luis López




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