SOMOSMASS99
Agustín Ramírez Agundis*
Miércoles 15 de mayo de 2019
Así andan los economistas que llenos de prejuicios apostaron y siguen apostando al fracaso del gobierno federal actual y que en todo momento han manifestado síntomas evidentes de indigestión ante cualquier tema relacionado con la Cuarta Transformación.
En verdad no tienen forma alguna de meter las manos, de modo que no les queda otro recurso que el de fingir que los golpes no les hacen mella. No tienen manera de defenderse porque la realidad es muy terca y va poniendo las cosas muy evidentes día con día.
Durante casi quince años se dedicaron a presumir los grandes beneficios de la reforma energética, y no se cansaron de aplaudir cuando finalmente la administración anterior logró su aprobación en diciembre de 2013, augurando un montón de bondades y beneficios que hoy está claro sólo existieron en su imaginación:
“Modernizar y fortalecer, sin privatizar, a Petróleos Mexicanos y a la Comisión Federal de Electricidad como Empresas Productivas del Estado, 100% públicas y 100% mexicanas”
“Atraer mayor inversión al sector energético mexicano para impulsar el desarrollo del país”
“Combatir de manera efectiva la corrupción en el sector energético”
“Fortalecer la administración de los ingresos petroleros e impulsar el ahorro de largo plazo en beneficio de las futuras generaciones”
“Lograr tasas de restitución de reservas probadas de petróleo y gas natural superiores a 100%”
“Aumentar la producción de petróleo de 2.5 millones de barriles diarios que se producen actualmente, a 3 millones de barriles en 2018”
Los anteriores son sólo algunos de los enunciados publicados hasta formar una sarta de mentiras contenidas en un documento que puso en circulación el gobierno federal en 2013 y que de inmediato fue cobijado y ensalzado por esos economistas que hoy se rasgan las vestiduras ante cualquier acción del actual gobierno.
¿Fortalecer a Pemex? La deuda de Pemex pasó de 841 mil millones de pesos al cierre de 2013 a más de 2 billones en diciembre de 2018. Es decir, en promedio Pemex adquirió nueva deuda por 242 mil millones de pesos año tras año desde el 2014 hasta el 2018.
¿Aumentar la producción de petróleo? La producción cayó de 2.5 millones de barriles diarios en diciembre de 2013 a 1.71 millones de barriles diarios en diciembre de 2018.
¿Combatir de manera efectiva la corrupción? Sin comentarios, hoy es bien sabido que el huachicoleo estaba bien metido en las entrañas de la empresa, por mencionar sólo un tema conocido.
¿Atraer mayor inversión al sector energético? Hasta diciembre de 2018 la inversión extranjera como consecuencia de la reforma energética fue sólo de 760 millones de dólares, ni siquiera el 1% de la cantidad que se prometió en el 2013 como elemento propagandístico para vender la reforma.
A pesar de múltiples señales de fracaso de la reforma y de las consecuencias negativas para Pemex y CFE, los economistas se la pasaron agitando a todo lo que dan las matracas con el fin de alabar esa política encaminada en los hechos a terminar con Pemex.
Sin el más elemental recato, hoy esos agoreros de una concepción de la modernidad en las finanzas, la tecnología y el comercio, según la cual sólo la gran empresa privada es capaz de llevar adelante la marcha del país, se escandalizan por el deplorable estado financiero, productivo y tecnológico en que se encuentra Pemex y dedican buena parte de sus colaboraciones en prensa, radio y televisión a exponer los más nefastos presagios para la economía nacional, amenazando siempre con el petate del muerto consistente en la reducción que habrán de hacer las empresas calificadores del nivel crediticio de la deuda, tanto de propia de Pemex como la del gobierno mismo (la deuda soberana, le llaman, lo cual a mi me suena como a burla).
El lunes de la semana que transcurre, el presidente Andrés Manuel López Obrador, en su cotidiana conferencia de prensa mañanera, que tanto les disgusta pero que día con día se ven obligados a escuchar esos economistas, anunció junto con funcionarios de tres bancos internacionales que habían llegado a un acuerdo para firmar un crédito al que le llaman revolvente.
Quién sabe que significará eso, sin embargo, lo esencial es que con esa firma desaparece la guillotina que, en su imaginación y a través de sus sesudos análisis, los economistas habían colocado sobre el cuello del gobierno federal, presagiando que no sería capaz de hacer frente a los compromisos de la deuda de Pemex y que en caso de que lo hiciera tendría un costo bien elevado, argumentando con esto la situación de desastre de Pemex, misma que nunca expusieron y, muncho menos, criticaron en el sexenio anterior.
Una tras otra, el presidente de la República, en los hechos y sin aspavientos, siguiendo una estrategia bien definida y una política de comunicación social muy eficaz, está demostrando que existen caminos muy distintos a los recorridos de manera fallida por los gobiernos anteriores.
En el tema energético, el rumbo definido por López Obrador es claro. Pemex seguirá siendo una empresa esencial para el desarrollo de México. Pero no será más esa empresa en ruina a la que condujeron Fox, Calderón y Peña, quienes, ellos sí, saquearon, además de despilfarrar enormes montos del ingreso proveniente del petróleo.
En su lugar, Pemex será en el mediano plazo una empresa sana, fuerte, productiva, eficiente y, lo más importante, libre de corrupción. Hoy nos toca apoyar las medidas de austeridad que liberarán recursos para apoyar a Pemex.
Por lo pronto, está en curso otro gancho al hígado para los economistas que apuestan en contra del interés nacional. La construcción de la refinería en Dos Bocas va y su construcción estará a cargo de científicos, técnicos y obreros mexicanos. Claro que podremos. No será la primera ni la última vez que demostraremos de lo que estamos hechos: inteligencia, fortaleza, destreza, ingenio y, sobre todo, mucho amor por la patria y compromiso con ella.
* Esta es una colaboración del Colectivo Miguel Hidalgo de Celaya, Guanajuato, al que pertenece el autor.
Foto de portada: Cuartoscuro / Archivo.
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